Rosas a la Virgen por el mes de María (día 22)

VIGÉSIMO SEGUNDO DÍA

Antes de la segunda entrega sobre el “Evento Guadalupano”, hemos querido hacer un breve paréntesis para reflexionar un poco sobre el significado del “Sí” de María, y sobre la trascendencia de ese “fíat” (hágase) que le respondió al Ángel.

Por el sí de María tuvo lugar de inmediato, la Encarnación de nuestro Salvador.

Jesús vino por medio de María al mundo hace dos mil años, a América, a través de la Guadalupana en 1531 y también quiere venir, de una manera nueva, a tu corazón y al mío…

A través de su Madre, quiere reinar en nuestros corazones, más o menos amorosos, más o menos analíticos… Por eso estamos haciendo la preparación de 33 días para la Consagración a Jesús por María, propuesta por San Luis María Grignion de Montfort, y por eso quisimos compartir contigo hoy este mensaje que Jesús le dictó a Catalina, ínfima pero sustancial porción de nuestra rica y hermosísima espiritualidad, que, como decía “el padre Lalo” (un doctor en Teología, profesor de una prestigiosa Universidad en Japón) “algún día maravillará a la Iglesia, cuando le ponga los ojos encima…”

En este mensaje, que reproduciremos casi en su totalidad ahora, Dios nos habla de Su Madre. Nos narra el Amor que El Padre siente por Ella y por el Fiat que salió de sus labios, sin entender siquiera lo que pasaría.

Ella, dice Jesús, sólo calla y espera. Meditemos cada palabra que leeremos en este mensaje, que el Señor en Su infinita Misericordia nos hace llegar, para amar y hacer amar más a su Madre, y ayudarla en su misión de llevarle almas a Dios.

A través de estas palabras, dictadas por Jesús para ti y para mí, cuando volvamos sobre el milagro Guadalupano, entenderemos mejor la gozosa noticia que la Santísima Madre viene a traernos del Cielo: que Dios nos Ama, y que Ella es esa GRAN señal: la Mujer Vestida de sol, con la luna a Sus Pies, y una corona de doce estrellas (Ap. 12,1), que trae consigo en Su Vientre, a la Salvación de los hombres: el Hombre-Dios.

CM-26: DIOS ES INTRODUCIDO EN LA HUMANIDAD A TRAVÉS DE MARÍA

25 de marzo de 1997 (En el día de la Anunciación) Jesús

Quiero volver a hablarles de Mi Madre… Bajo la guía materna, todo hijo puede llegar a crecer fuerte, vigoroso, si ha tenido vitalidad sana la madre, en el momento de la concepción.

Nací de una Virgen Purísima y bajo todo aspecto sana y Santa. Tomé Su vigor físico y una vitalidad que debía representar a todos los hombres.

Todo lo debo a Mi Madre, que lo fue sólo por virtud divina. Quien niega la Virginidad de María, Mi Madre, está equivocado, puesto que considera imposible una creación sin concurso paterno. Sin embargo, aquel que niega la Virginidad de Mi Madre, intente añadir un puñado de tierra al globo terrestre, intente añadir una lengua de fuego al sol que lo ilumina. ¿Qué habrá logrado? Tomar un poco de tierra de un lado y ponerlo en otro; dar al sol una llama que anteriormente donó el sol… ¿Entonces?

Sucede que el hombre no haría nada de nuevo, porque se serviría de las cosas que a él le dieron. Por tanto, no crearía nada, porque tomaría de aquí y de allá y únicamente cambiaría de puesto las cosas, pero nada añadiría, nada crearía.

Y Yo, que Soy el Creador, ¿podría suprimir por una vez la ley que He dado y que mantengo? Quise, pude y lo hice porque así convenía. He dado eficacia divina y He puesto cambio en las leyes humanas para formar la humanidad especialísima que no habría tenido nada que no estuviera relacionado directamente con la Divinidad. ¿A quién ha fastidiado la Virginidad de Mi Madre?

He querido anteponer esta afirmación de la Virginidad de María a pasajes de Mi vida, porque todo hijo digno defiende a su madre de los ataques que le hacen los que no la comprenden, y todo hijo bueno siente que debe mucho de sí a su madre. Defiendo a Mi Madre con el poder que He tenido en el Cielo y en la tierra y no tardo en abatir a quienes la ofenden. Abatir con la gracia o con la justicia.  Mi Madre… ¡Qué bella era, en Su esplendor virginal, cuando Me llevaba en su seno, nutriéndome con Su sangre! ¡Cuán delicada, cuando ocultamente adoraba y se humillaba sabiendo que tenía en Sí misma a Su Creador!

Hablaba Conmigo íntimamente, Me sujetaba a Sí, mientras Yo dependía de Ella; Me nutría mientras Yo nutría Su alma. Ella Me gobernaba a Mí, que gobierno el Universo y desde entonces, todas las cosas que le He dado han pasado a Sus manos como Su propiedad.

Ustedes saben, hijos Míos, que entre todos fue colocada a Mi diestra. Sin embargo, ¿quién creería que cuando Yo crecía en Ella le fueron reservadas ásperas críticas y amargas perversidades?

El mundo es lo que es y la Madre de Dios era incomprendida. Yo no callaba si alguno se permitía ofenderla; a cada palabra irrespetuosa, Mi alabanza prorrumpía cálida, afectuosa, clara, de Mi pequeño Corazón, entonces en formación.

Comenzó Mi vida oculta en la relación filial que mediaba entre ambos; porque si vine por todos ustedes, oh hombres, más todavía vine por María, a quien amo por encima de toda criatura. Debía ocuparme de ustedes, pero antes de Mi Madre. Ciertamente por diferentes motivos, pero siempre con la predilección que He tenido por Ella.

¡Cuánto quisieran saber ustedes acerca del tiempo que pasé en Su seno como un cuerpito que se formaba, especialmente en las relaciones con la Divinidad de Mi Padre y la Maternidad de Ella…! Yo mismo, verbo hecho Hombre, les contaré algunas.

Gabriel trajo a María el anuncio que saben. Ella aceptó y por eso inmediatamente tomé forma en Su seno virginal. El primer movimiento de vida que tuve, en cuanto hombre, fue en el instante en el que Ella dijo “fíat”.

Pequeños Míos, contemplen la grandeza inigualable de Mi Madre. Criatura frágil en sí misma, pobre e impotente: Pronuncia una palabra, expresa Su voluntad y con Su “fíat”, Me trae al mundo a Mí, el Cristo esperado, el Hijo del Padre, hecho criatura humana.

Mi Madre no creó con Su “fíat” pero Su voluntad unida a Mi Omnipotencia, lleva a cabo un acto creativo que es superior a la Creación del mundo y de cuanto en él se contiene. Yo hice el sol, los astros, los cielos, la tierra, el agua, las plantas, pero todo esto perecerá en el caos final. María Ha sido llamada a participar en Mi acto creativo con el cual Me hice a Mí mismo Hombre. Acto de infinito poder, acto en el cual Mi Madre obró y quiso obrar a semejanza Mía, que creó de la nada.

Y así fue, María, Madre solitaria, Madre sin concurso de hombre, movida por Mí, quiso libremente que Yo naciese en Ella. Por eso Su acto es el más semejante a Mis actos, porque Yo creo siempre en Mí mismo, porque nada de lo que hago sale fuera de Mí. Así fue en María que tuvo la omnipotencia participada, que prestó, que donó Su humanidad a Mi Divinidad.

Heme aquí, Hombre entre los hombres, Criatura entre las criaturas, Hijo entre los hijos de los hombres, pero permaneciendo Hijo Eterno del Padre: En un principio, cuerpo informe, luego gradualmente pequeño niño, hasta la completa manifestación de Hombre, en el cual se posaba toda la complacencia del Padre.

Entonces, era natural que, apenas tuve una palpitación de vida, todo lo refiriera a Aquel de quien descendí y al Cual debía el homenaje y el amor de Hijo, consustancial a Él. Por lo tanto, Mi primer acto humano, mientras todavía estaba oculto en el seno de María, fue de humildad, acto en el cual no estuve solo, sino unido a Mi Madre que, a partir de entonces, participó de manera inmediata en todos Mis actos.

Me sometí todo Yo al Padre y le di el completo dominio sobre Mí, hecho Hombre. En seguida le confirmé el amor que Nos unía en relación de la Divinidad común. Él estuvo satisfecho por sí mismo y por los hombres, a quienes Yo representaba.

Hijos Míos, deben saber que este primer acto de sumisión y amor al Padre, fue también de reparación por la rebelión de Lucifer y sus secuaces, y también por las rebeliones de ustedes, por lo cual, en aquel instante, los espíritus rebeldes del infierno se retorcieron de rabia y furor, tratando inmediatamente de vengarse de Mi Madre. ¡Infames criaturas que solamente buscan venganza!

¿Puede el Dios del amor acceder a sus requerimientos? ¿Puede el Dios del perdón conceder al infierno la expresión rebelde de sus voluntades llenas de odio? No puede, apenas lo permite muy limitadamente en comparación con los desenfrenados deseos de los miserables condenados. Pero queda el hecho importante que un Hombre ha reparado las ofensas hechas por esos espíritus rebeldes y esto es gran escarnio para ellos.

Mi misión era, efectivamente, antes que redimir a los hombres, la de devolver el equilibrio en la creación universal. Equilibrio que había sido roto por Lucifer. Pero Yo había descendido por el Padre, antes que por las criaturas, y al Padre Me He encaminado todo Yo, sin perder de vista al hombre y al Ángel rebelde.

Así, al anuncio de Gabriel, el cielo pidió a una Mujer el asentimiento para obrar los fines preestablecidos, de modo que esta Mujer fue elevada al plano divino, y vino a ser parte necesaria, como querida por Mí, en el restablecimiento de todas las cosas que Yo mismo inicié encarándome en Ella.

Aquí está la razón por la cual María está presente en toda manifestación Mía que se relaciona con la Redención. Y si Yo He exaltado así a una Criatura Mía, aquel que se opone a Mi Querer de glorificación de Mi Madre, caerá miserablemente. Solemnemente les digo que, quien desprecia a Mi Madre y se obstina en ofenderla, perecerá para siempre.

Por eso, Me alegraré siempre que alaben a la que Me hizo y seré pródigo con quienes la aman y la hacen amar. Y ahora que les He hablado suficientemente de Mi Madre, de cuyo amor Yo gozo inmensamente, les explicaré el misterio de la sombra protectora del Espíritu Santo sobre Ella, misterio anunciado por Gabriel…

El Padre vive de Su propia vida y Su vida es el conocimiento y el Amor de Sí mismo. En esta vida Suya se encierra Su infinito bien, Su infinito gozo, el poder infinito que le es propio

Deseando participar Su vida, Su bien, el Padre crea, pero el acto está todo en Su Voluntad, es decir en Su amor, que es el Espíritu Santo.

Por todo esto, “la protección de Su sombra” significa el acto de Amor con el cual el mismo Espíritu Santo Ha obrado, directamente y sin concurso de hombre, Mi encarnación. De manera que el increado se hace creado en virtud de un acto de amor completa y exclusivamente divino, siendo esto conveniente a Mi misma divinidad y se realizó en una criatura que había hecho voto de perpetua virginidad, precisamente porque Mi Querer excluía cualquier intervención humana, aunque requerida en el último momento como simple consentimiento.

La intervención importante del Espíritu Santo en Mi Concepción, debía demostrar que el Hijo, hecho Hombre, es fruto esencialmente divino. Todo hijo es fruto de amor y también Yo Soy fruto del amor infinito de Mi Padre, brotado de la donación total de Mi Purísima Madre.

Esta Mi Humanidad, ahora gloriosa, ascendió a realeza de la paridad con Dios y se convirtió en espejo de la misma Divinidad, ya que el Padre ve en Mi Humanidad Su misma Paternidad; el Hijo, que asumió la Humanidad, ve en Sí mismo la filiación increada y la creada; el Espíritu, luego, goza infinitamente reflejándose en Mí como Hombre, en cuanto que se complace en el fruto de Su mismo amor.

En la Trinidad, Nosotros vivimos en Unidad y Nos reflejamos en Mi Humanidad sublimada en la triple relación con la Divinidad, por la cual el Trino se reencuentra en el único Hombre que fue concebido, nació, vivió, murió y resucitó para glorificar siempre a Mi Padre, la Luz y el Amor Mío…

Cuando hablo de Mi Madre el campo es inmenso, Mi afecto inconmensurable; pero si hablo de mi Padre, de Mí mismo, Verbo, y del Amor infinito, entonces el campo de verdad es infinito, y como el campo materno, para Mí, es indivisible del amor divino, por estar eternamente asociados el uno al otro; fácilmente pueden creer que en Mí, Hombre, se Ha obrado el más grande prodigio de amor; el amor infinito, unido, ligado a un amor de Hombre, sobrenatural y también humano, cuya intensidad supera el conocimiento de los más excelsos Serafines.

Todo esto He querido decirles para dar una idea de los sentimientos del pequeño que iba a nacer: Yo. Tal vez piensen muchas veces en Mí y en Mi Madre con ternura, sin alzar su mirada a la realeza, a la nobleza, a la divinidad de Mis sentimientos de Hombre y de los de María.

Verdaderamente es indecible todo lo que pasó en Mi Espíritu cuando vine al mundo; pero sobre los indicios de lo que hasta ahora les He dicho y con la luz que les daré, pueden formarse una idea sustancial de Mí y de Mi Madre, quien participaba y participa de modo directo e inmediato de todo lo que es Mío…

Y ahora, a ustedes, que han dejado todo por estar Conmigo, voy a relatarles algunos pensamientos que mediaron entre Mí y mi Padre. Estas fueron Mis primeras palabras de Hombre que le dije apenas creado:

“Padre, Te adoro en la verdad, en la bondad, en el Amor, en esta Criatura que Me alberga.

Padre, Te bendigo en la luz, en la caridad, en el mundo, sobre los espíritus rebeldes, por los espíritus que esperan.

Padre, Te amo por Ti mismo, en Mí, en el Amor; por María, por los hombres, por los malos, por los que Me esperan en el Limbo, por los espíritus bienaventurados; en la luz, en el Amor eternamente.

Soy Tuyo y por siempre, nada nunca Te desagradará en Mí, como todo Me agradará en Ti.

Quiero Mi actual ocultamiento para el conocimiento que deberán tener de Mí los hombres, especialmente en el Calvario. Oculto o conocido, amado o despreciado, siempre Te amaré: en la luz, en la paz, en el Espíritu…”

Hijos, estos Mis primeros pensamientos de Hombre constituyen el primer puente de unión tendido desde la humanidad perdida hacia la Divinidad ofendida, pero amante de todas las criaturas…

Fui puesto en el mundo cuando el hombre creía igualarse a Dios, pero lo hice ocultamente, para reparar la soberbia y el desorden. Me hice carne para levantar los espíritus, Me abajé para exaltarlos.

Oh, hombres, oh jóvenes, ¿por qué se detienen, por qué no creen, por qué Me combaten? Los He hecho nobles, pero ustedes Me querrían deshonrar, Me querrían olvidar. Me He sometido a ustedes, de tantas maneras, para hacerme apreciar, para hacerme creer, para hacerles el bien que Yo sólo sé hacer. ¿Por qué entonces no se deciden? ¿Tal vez encontrarán otro Dios que los contente…? Son siglos que tratan de construirse un Dios y siempre se engañan, porque el único y verdadero Soy Yo. Yo, pequeño niño, escondido en el seno de una Virgen.

Si se unen a Mí, podrán elevarse en el Reino que más desean: el del Amor. Si les interesa la gloria, les digo que Yo Soy la esencia de la Gloria; si les interesa la riqueza, recuerden que Yo tengo todo y todo será de ustedes; si les interesa el saber, ¡oh!, entonces no olviden que Yo Soy la Sabiduría infinita y que ustedes podrán llegar a ser faros de luz, soles de belleza. Pero es el amor lo que los atrae; es el amor lo que los atormenta: vengan, entonces, vengan a este Dios Niño que los introduce en el infinito Amor.

Muchos siglos antes de Mi venida al mundo, otro niño, que Me simbolizaba, fue abandonado en las aguas del Nilo, que lo transportaron recostado en una canastilla: Moisés, el salvado de las aguas, era el enviado de Dios y llegaba solo entre gente desconocida. Así también llegué solo al mundo, entre gente que no Me conocía, para revelar en Mí la Divinidad y hacer apreciar Su bondad.

Los judíos hubieran querido que el liberador del Cielo, el prometido de Abraham, el hijo de David, fuese un caudillo humano. Estaban cegados por la materia y cambiaban el tiempo por la eternidad, la cual en nada se parece al tiempo, como las rudas cabezas de Mis coterráneos codiciaban.

Todo lo sabía y desde Mi concepción Me preparaba, como Hombre, a vencer la resistencia de los judíos. Por estos motivos, las primeras oraciones que dirigí al Padre fueron en pro del pueblo escogido.

Cuando tenía pocos meses de vida en el seno de Mi Madre, José fue elegido para custodio de María y Mío y fue entonces cuando la Virgen Madre se dirigió a la casa de Su esposo, quien ya estaba en conocimiento del origen divino de la Maternidad de su esposa. Este hecho Me dio ocasión de hacer hablar a Mi Madre para elogiar a José. Escogido entre miles, José representaba la tradición judía entendida en el mejor sentido. Fue sencillo y fiel a Dios y ayudaba con alegría a Su esposa en una maravillosa entrega.

(…) Aún voy a aclararles más sobre este misterio de cómo Yo pude haberme unido a una humanidad que, niña o adulta, es siempre una criatura Mía, es decir algo más que nada.

El misterio, entonces, es la unión personal Mía, como Verbo eterno, con la Humanidad que asumí. Los Teólogos lo llaman unión hipostática, es decir, la unión de dos naturalezas en una sola persona.

Les voy a dar un ejemplo más sencillo. Los expertos agricultores y jardineros hacen injertos, ¿verdad? Pues bien, el injerto es la unión de dos criaturas, con el fin de que se produzca una nueva criatura que tenga algunas propiedades en común con la primera y la segunda, de modo que la primera recibe una vida extraña a ella. Pero inclusive el injerto no es suficiente demostración de la unión hipostática, porque en el injerto material se trata de dos criaturas, mientras que, en Mí, Dios y Hombre, se trata de una sola criatura y de su Creador. Además de esto, la Humanidad que Yo asumí, de por sí, no habría tenido ninguna necesidad de unión alguna sino de la natural Conmigo mismo, Creador, en cuanto que la Humanidad Mía es perfecta aun sin la unión con el Verbo, perfecta en el Espíritu, perfecta en el Cuerpo. Voy a darles otro ejemplo que sirva para aclarar sus oscuridades acerca de Mi unión hipostática: En el Cielo que está encima de ustedes, existen cuerpos que circulan atraídos por uno u otro planeta. Cuando la atracción se hace inminente e irresistible, el cuerpo que vaga en el espacio va a unirse con el planeta que lo atrae y así vienen a ser un solo cuerpo, con un sólo movimiento, una sola vida, considerando que la vitalidad del asteroide queda absorbida en la del planeta que lo atrajo. También Yo He unido Mi Cuerpo a Mi Divinidad y He insertado el primero en la vida y en el movimiento que Me son propios como Creador y Glorificador, aunque permaneciendo completamente Hombre.

Considerando, además, las inmensas fuerzas, que He puesto en el centro de su planeta, encontrarán otra cosa apta para esclarecerlos. Ya saben que en el centro de la tierra hay fuego, agua y minerales. Encima, en la costra terrestre, en cambio, tienen otras criaturas que no podrían vivir en otro lugar. Pues bien, sabiendo que ya sea en el subsuelo, ya sobre la costra terrestre, la vida de cada criatura procede simultáneamente, pueden fácilmente pensar, cómo Yo, tomando su humanidad, He hecho algo invisible, inconcebible pero real, como el fuego eterno de la tierra, el cual arde incesantemente y al mismo tiempo, por ejemplo, que los glaciares que existen sean bajo la tierra o sobre ella. Dos criaturas opuestas, fuego y hielo, viven cada una su propia vida, pero ambas en un sólo organismo: la tierra. Y no piensen que sus vidas están del todo separadas porque el hielo existe en cuanto existía, al principio; el fuego es sólo fuego.

Es claro que el fuego interno de la tierra no alimenta la vida del hielo, pero el hecho es que, si no existía antes el fuego, ahora no existiría el hielo y, por tanto, el agua. Por eso el agua depende del fuego y esto es la vida de todo el universo creado.

En Mí, Dios y Hombre al mismo tiempo, está el fuego y el hielo, está el Creador y la Criatura, pero ésta vive en virtud del principio creador y está informada de la misma Vida de Mi Ser, de modo que Mi Humanidad en la tierra fue un velo movido continuamente por la presencia de Mi Divinidad.

Hice al hombre a Mi imagen y semejanza y He hecho un Hombre que no es sólo Imagen, sino que es Yo Mismo. Por eso Obro en Mi Humanidad con la Omnipotencia, la Perfección y la Bondad que Me son propias en cuanto a Dios.

Si quienes ponen en duda la Virginidad de Mi Madre pudiesen poner la mirada en la sublimidad de Mi Naturaleza Divina y Humana, indisolublemente unidas en una sola Persona, dejarían de dudar y encontrarían que Su Virginidad no sólo conviene a Mí y a Ella, sino que es absolutamente complementaria ante la grandeza de Mi unión hipostática. En el Cielo sabrán mucho más de todo esto…

Ahora crean y aun pierdan la cabeza contemplando el misterio de Omnipotencia de Mi unión hipostática que ha servido de tropiezo a Lucifer y los suyos.

Llegado Mi tiempo, quise nacer en Belén y predispuse a Roma para el censo. Fue un símbolo con el cual tenía la intención como de reunir a los hombres para dar a muchos la sensación de Mi llegada a ellos. Pero no comprenderían y para despertarlos, ya se movían hacia Jerusalén los Magos que provocarían las investigaciones de los Sacerdotes judíos en las Escrituras. Sin embargo, también estos últimos permanecieron insensibles. Conmigo no estarían sino María y José; en efecto, en Belén Me esperaba la incomprensión para acompañarme hasta la Cruz.

De Mi nacimiento, hijitos, aprendan que para agradar al Padre es necesario en cierto modo morir, como que también en la muerte, si es semejante a la Mía, encontrarán la Vida Eterna. ¿Quién de ustedes quiere nacer muriendo? Nadie lo querría si Yo no interviniese con persuasión y energía. Pero Yo sé cómo hacerlos aceptar lo que no quisieran y no los dejo solos. A cada uno la medida necesaria, a todos Mi comprensión y compasión.

No se asusten de la lucha porque no es eterna y sobre todo porque es necesaria. El hombre que lucha consigo mismo, puede vencer y puede perder, lo esencial es que tenga la última victoria y deben creer que para alcanzarla es necesario comprobar la propia impotencia. Recuerden, luego, que Yo les garantizo amor aun cuando no les parezca que son amados por Mí.

Mírenme oculto en el seno de María. Yo ya hablo de Mí callando, esperando, orando por ustedes al Padre. Yo ya los invito a reflexionar que quise nacer para hacerme conocer con ustedes. ¡Qué alegría para Mí y también para ustedes, si Me aprecian! ¡Qué fuerza recibirán si Me acogen confiados! Piénsenme oculto, pero presente; presente, pero invisible. Después Me apareceré a ustedes, no teman, los consolaré y también les sonreiré.

Almas Mías, amadas, Yo no hablo para Mí sino para ustedes: ¡créanme, los amo! Y no poco, sino infinitamente…

Entre todas las criaturas, la más amante es Mi Madre. Antigua verdad, ésta, para los cristianos, pero para poder entenderla haría falta la luz que Me es propia. Por esta razón es bueno observar a Mi Madre en lo que Ha hecho, Ha dicho y en lo que Ha sufrido. Todos los que la aman, escuchen…

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen hoy y mañana más, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 21)

VIGÉSIMO PRIMER DÍA

PRIMERA PARTE:

Nican mopohua (Nicān mopohua) es el nombre con el que se conoce ampliamente el relato en lengua náhuatl de las apariciones marianas de la Santísima Virgen en México, bajo la advocación de Guadalupe, que tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac, al norte de la actual Ciudad de México.

Ese es el documento histórico en el que se relata las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego, indígena azteca, ocurridas del 9 al 12 de diciembre de 1531.

Este, es un libro que originalmente fue escrito en lengua náhuatl “lingua franca” en Mesoamérica, y todavía en uso en varias regiones de México. A pesar de que muchos documentos indígenas comienzan con el Nican Mopohua, estas dos palabras iniciales han permanecido por antonomasia para identificar específicamente este relato. El título completo es: “Aquí se cuenta se ordena cómo hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe.”

El autor del documento fue Don Antonio Valeriano (1520-1605), sabio indígena y aventajado discípulo de Fray Bernardino de Sahún. Valeriano recibió la historia por boca del mismo San Juan Diego, quien murió en 1548.

Este manuscrito tiene como finalidad dar a conocer los deseos de la Santísima Virgen y nos permite ver cómo tuvo lugar la evangelización de una cultura, donde la ayuda de Dios y de la Virgen fue evidente. Por medio de una narrativa con estilo correcto, digno y sólido, uno se da cuenta de que esta evangelización llegó hasta la más profunda raíz de la cultura prehispánica, trayendo con ella la reconciliación entre dos pueblos.

En la plenitud de los tiempos para América (como se expresaban los españoles de ese tiempo), aparece María Santísima como la portadora de Cristo. Hay una identificación de lo esencial de la Biblia: –Cristo, centro de la Historia- (Juan 3,14-16) con lo esencial del Nican Mopohua (vv.26-27) y con lo esencial del mensaje glífico de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe: el Niño Sol que lleva en su vientre Santísimo.

El Nican Mopohua, tiene como protagonistas del relato a:

  • La Santísima Virgen, que pide un templo para manifestar a su Hijo.
  • San Juan Diego, vidente y confidente de la Santísima Virgen, que es quien recibe el mensaje de la Señora del Cielo.
  • El Obispo Fray Juan de Zumárraga, a cuya Autoridad se confía el asunto derivado del mensaje de la Santísima Virgen entregado por San Juan Diego.
  • El Tío de San Juan Diego, sanado milagrosamente por intercesión de la Reina del Cielo.
  • Los criados del Obispo, que siguen a San Juan Diego.
  • La ciudad entera, que reconoce lo sobrenatural de la imagen y entrega su corazón a Nuestra Señora de Guadalupe.

El relato del Nican Mopohua, comienza diciendo bellamente así: “Aquí se narra, se ordena, cómo hace poco, milagrosamente se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, nuestra Reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe. Primero se hizo ver de un indito, su nombre Juan Diego; y después se apareció Su Preciosa Imagen delante del reciente obispo Don Fray Juan de Zumárraga.

(…) Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos, así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquél por Quien se vive: el verdadero Dios.

En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre del pueblo.

Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlan, y en las cosas de Dios, en todo pertenecía a Tlatilolco.

Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos.

Y al llegar cerca del cerrito llamado Tepeyac ya amanecía.

Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les respondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos.

Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños?

¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos, nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial?

Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial.

Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo, le decían: ‘JUANITO, JUAN DIEGUITO’.

Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba en su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban.

Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, cuando lo vio una Doncella que allí estaba de pie, lo llamó para que fuera cerca de Ella.

Y cuando llegó frente a Ella mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza: Su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella como preciosas piedras, como ajorca (todo lo más bello) parecía la tierra como que relumbraba con los resplandores del arco iris en la niebla.

Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allí se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro.

En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra, que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho.

Le dijo: ‘ESCUCHA, HIJO MÍO EL MENOR, JUANITO. ¿A DÓNDE TE DIRIGES?’

Y él le contestó: ‘Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros sacerdotes.’

En seguida, con esto dialoga con él, le descubre su preciosa voluntad; le dice: ‘SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA TIERRA, MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME LEVANTEN MI CASITA SAGRADA.

EN DONDE LO MOSTRARÉ, LO ENSALZARÉ AL PONERLO DE MANIFIESTO:

LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN: PORQUE YO EN VERDAD SOY VUESTRA MADRE COMPASIVA, TUYA Y DE TODOS LOS HOMBRES QUE EN ESTA TIERRA ESTÁIS EN UNO, Y DE LAS DEMÁS VARIADAS ESTIRPES DE HOMBRES, MIS AMADORES, LOS QUE A MÍ CLAMEN, LOS QUE ME BUSQUEN, LOS QUE CONFÍEN EN MÍ, PORQUE ALLÍ LES ESCUCHARÉ SU LLANTO, SU TRISTEZA, PARA REMEDIAR PARA CURAR TODAS SUS DIFERENTES PENAS, SUS MISERIAS, SUS DOLORES.

Y PARA REALIZAR LO QUE PRETENDE MI COMPASIVA MIRADA MISERICORDIOSA, ANDA AL PALACIO DEL OBISPO DE MEXICO, Y LE DIRÁS QUE CÓMO YO TE ENVÍO, PARA QUE LE DESCUBRAS CÓMO MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME PROVÉA DE UNA CASA, ME ERIJA EN EL LLANO MI TEMPLO; TODO LE CONTARÁS, CUANTO HAS VISTO Y ADMIRADO, Y LO QUE HAS OÍDO.

Y TEN POR SEGURO QUE MUCHO LO AGRADECERÉ Y LO PAGARÉ, QUE POR ELLO TE ENRIQUECERÉ, TE GLORIFICARÉ; Y MUCHO DE ALLÍ MERECERÁS CON QUE YO RETRIBUYA TU CANSANCIO, TU SERVICIO CON QUE VAS A SOLICITAR EL ASUNTO AL QUE TE ENVÍO. YA HAS OÍDO, HIJO MÍO EL MENOR, MI ALIENTO MI PALABRA; ANDA, HAZ LO QUE ESTÉ DE TU PARTE.’

E inmediatamente en su presencia se postró; le dijo: ‘Señora mía, Niña mía, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre indito.’

Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda: vino a encontrar la calzada, viene derecho a México.

Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego fue derecho al palacio del obispo, que muy recientemente había llegado, gobernante sacerdote; su nombre era Don Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco.

Y en cuanto llegó luego hace el intento de verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo; después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo que entrara. Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, se postró, luego ya le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que admiró lo que vio, lo que oyó.

Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto, le respondió, le dijo: ‘Hijo mío, otra vez vendrás, aun con calma te oiré, bien aún desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo.’

Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo. Luego se volvió, al terminar el día, luego de allá se vino derecho a la cumbre del cerrillo, y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí cabalmente donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando.

Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo: ‘Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste.

Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto. Me dijo: ‘Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé, bien aún desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad. ‘

Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal vez no es de tus labios; mucho te suplico, Señora mía; Reina, Muchachita mía, que, a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean.

Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña; por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía.’

Le respondió la perfecta Virgen, digna de honra y veneración: ‘ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUÉ QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD; PERO ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD.

Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO. Y DE MI PARTE HAZLE SABER, HAZLE OÍR MI QUERER, MI VOLUNTAD, PARA QUE REALICE, HAGA MI TEMPLO QUE LE PIDO. Y BIEN, DE NUEVO DILE DE QUÉ MODO YO, PERSONALMENTE, LA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, YO, QUE SOY LA MADRE DE DIOS, TE MANDO…’

Hasta aquí copiamos la primera parte del relato. Seguiremos mañana con otra parte.

A través de esta primera entrega que hacemos del Nican Mopohua, podemos darnos cuenta de la Majestad de la Santísima Virgen, que es reina del Cielo y de la Tierra, y de su maternal protección en favor de sus hijos amados.

En esta narración, digna de una admiración inmensa para todo el que la lee, se describe con tiernas palabras la solicitud de la Santísima Virgen para que San Juan Diego cumpliera su deseo, pero sabiendo Ella de la inocencia y humildad del “indito”, le da las armas para ser escuchado y tomado en cuenta, ante el gobierno sacerdotal de ese momento.

En esta primera parte, ¿Qué condiciones de profeta podemos distinguir, si comparamos a san Juan Diego con los personajes de la Biblia que han recibido encomiendas de Dios?

La Santísima Madre trae una encomienda (misión) del cielo. No es solamente la construcción de su Iglesia en el lugar donde Ella ha mencionado, sino es principalmente hacer conocer y amar a su Hijo, Jesús, llevándolo en su seno. Es el mostrarles a los sacerdotes franciscanos que los indios, a los que tal vez ellos menospreciaban por su falta de educación en cuestiones de la fe, eran, como en el caso de San Juan Diego, los profetas predilectos del Cielo. ¿Por qué? Porque en sus corazones la humildad era la reina. La bondad era la que imperaba en sus vidas, como en el caso de San Juan Diego, y lo principal, la diligencia y observancia a realizar y cumplir con los designios de Dios en sus vidas.

Los recién conversos “inditos”, como vemos que se les llamaba normalmente en aquel tiempo, necesitaban, a través del testimonio de San Juan Diego, aumentar su fe y sustentar esa esperanza en la vida eterna tiendo como intercesora y Madre, a la Siempre Virgen, Madre de Dios.

Los sacerdotes franciscanos, provenientes de España, debían entender que el que regía y tenía el control de las cosas, de todo el proceso de evangelización y aún de sus vidas, era, es y seguirá siendo siempre Dios. No ellos; no sus conocimientos; no sus puestos con respecto a la Orden y a la Corona de España. Dios y únicamente Dios, debía ser dado a conocer y amar, y la misión de la Iglesia debía de estar unida, lo mismo que hoy y siempre, bajo la dulce, amable y servicial presencia de la Virgen, como intercesora y Madre de TODOS nosotros.

El mensaje principal de esta primera parte del relato sobre el fenómeno Guadalupano, podríamos decir que sería, para nosotros Apóstoles de la Nueva Evangelización, el siguiente:

  • Debemos llevar diligentemente a Dios a todos, siendo TODOS merecedores de ese Amor que es dispensado por Dios y la Santísima Madre a todos sus hijos, sin importar nada, porque solo Dios sabe y conoce lo que hay en cada corazón.
  • Que la misión del Apóstol de la Nueva Evangelización, que lleva a Dios a los demás, debe ser siempre pasada por el “colador” de las buenas intenciones, para que ningún sentimiento de orgullo, celos, soberbia o incluso falsa humildad, se filtre o permanezca en el corazón, evitando que la entrega sea siempre misericordiosa, sincera y humilde.
  • Para ser verdadero hijo de la Virgen, la humildad y el buscar siempre la Voluntad de Dios, son ingredientes principales en la vida de todo cristiano, pero especialmente en la vida y proceder de un miembro del ANE.
  • A través del testimonio de San Juan Diego, los miembros del ANE debemos de crecer, día con día, en mejorar el modo como nos relacionamos con los demás. Debemos de ser coherentes en nuestra vida, suaves y siempre cordiales en el trato, cariñosos, prudentes, misericordiosos, generosos, diligentes, humildes, sinceros, puros de corazón; obedientes, amantes de las cosas de Dios y de Su Palabra.
  • Y por último entender que lo que yo no haga, nadie más lo hará por mí. Es decir, que esa misión que tú tienes dentro del ANE, si no la cumples como Dios quiere, nadie lo podrá hacer en tiempo y forma. No porque la persona sea indispensable, sino porque para Dios, todos somos importantes y necesarios, para dar cumplimiento a Sus Planes dentro de la historia de la Salvación. Así que lo que tú dejes sin hacer, lo hagas mal hecho o incompleto, se quedará de esa forma, teniendo Dios que hacer otras cosas para poder “rellenar” ese vacío que no se ha completado.
  • La Virgen nos enseña una vez más, a través del fenómeno guadalupano, que el Cielo no escoge para las diferentes misiones que deben realizarse en la tierra, a los que son más ilustrados, importantes o capacitados; sino que va capacitando a los que tienen abierto el corazón para oír la Voz del Señor, responderle generosamente y realizar Sus designios en sus vidas.

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes dos días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Testimonio de Liko ANE-La Paz (Bolivia)

TESTIMONIO DE LIKO GRABADO EN AUDIO

Muy estimados Hermanos en Cristo.

A pedido de nuestro Director General, Francisco Rico Toro, me permito compartirles mi testimonio sobre una situación que me ha tocado vivir.

 Mi nombre es Likowsky Paredes, y soy miembro de ANE en la ciudad de La Paz, Bolivia.

Mi experiencia comienza cuando en mi país decretan cuarentena por el Covid-19. Esa primera semana me sentí muy mal, tenía síntomas de estar contagiado, los médicos descartaron esa sospecha. Lo cierto es que pasé cinco semanas aislado, en mi dormitorio, y varias noches sin poder dormir. Me preocupaba mucho mi familia, pues hasta llegué a pensar que iba a morir. Realmente estaba muy enfermo: fiebre, tos seca, dolores fuertes de garganta, en el pecho, falta de aire y demás.

 En el transcurso de esas semanas, pude sentir muy cerca de mi corazón la presencia de Dios y reflexionar.  Una noche, era como si Él pusiera un freno en mi vida, un alto en mi caminar. Pude sentir en mi corazón claramente el enojo de nuestro Señor por mi tibieza espiritual, como si hiciera retumbar todo mi ser con una sola palabra: ¡BASTA!

Basta de vivir sin santidad, sin fe, sin amor, sin caridad, sin decisión, etcétera, etcétera.

 Luego llegó la Semana Santa… la noche del Jueves Santo me propuse acompañar a Jesús en oración, minuto a minuto, imaginando, como si fuera una película, todo lo que Él pasaba, desde la preparación de la Última Cena… esa noche fue muy especial para mí. A la una de la mañana, aproximadamente, no podía dejar de llorar. Sentía un dolor muy grande en mi corazón. Seguramente me quedé dormido, pero a las tres volví a despertar. Me puse a rezar la Coronilla de la Misericordia y, mientras rezaba, pude sentir claramente en mi corazón “NO APARTES TU MIRADA DE MÍ”, y luego: “TU NORTE SOY YO”

 Reflexionando sobre esta experiencia, creo que no debemos confundir el camino, queridos hermanos… Y se los digo como quien muchas veces lo ha hecho: como quien se ha decidido a seguir a Jesús hace mucho tiempo, pero varias veces, incontables, se ha apartado, ha caído, ha retrocedido, se ha dejado llevar por los criterios de mundo, ha tomado decisiones equivocadas, no ha dado al Señor su lugar, como Rey de Reyes en el corazón…

 Creo que, especialmente en medio de esta pandemia, y de quién sabe qué cosas vendrán después, ya que ninguno de nosotros tiene la vida comprada… debemos tomar una decisión: o estamos con Él o estamos sin Él.

 Hermanos queridos, con todo respeto y humildad les digo: no perdamos el Norte, no apartemos la mirada de Nuestro Señor Jesucristo.

 Meditemos sobre el llamado que un día Jesús nos hizo para ser parte del Apostolado de la Nueva Evangelización y trabajemos en su viña con humildad y obediencia. Aprovechemos los medios que el Señor va poniendo a nuestro alcance para crecer espiritualmente, para unirnos más a Dios y entre nosotros. Preparémonos, desde ahora, para cuando nos llegue el momento de presentarnos ante nuestro Señor. Que podamos tener las manos llenas de obras buenas, que hayamos acercado a muchos de nuestros hermanos hacia Él.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 20)

VIGÉSIMO DÍA

Es maravilloso contemplar el Miserio de la Visitación de nuestra Madre, María, siendo una pequeñita de catorce, quince años, a su prima Isabel, que andaría ya por los sesenta… Tratemos de intorducirnos en la escena:

Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 1,39-45)   +++Gloria a Ti, Señor

Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su vientre, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.”

Palabra del Señor           /              Gloria a Ti, Señor Jesús

María parte apresurada y feliz, a casa de su prima, Santa Isabel. Ella, la bendita entre todas las mujeres, va de prisa pensando únicamente en hacer el bien, sin importarle que Ella igual, estando embarazada, quizás necesitaría también de ayuda. María solo piensa en ayudar y hacer feliz a Santa Isabel, y ayudarle en ese proceso.

La Virgen llega a la casa donde nacería el precursor de su Hijo, San Juan Bautista, hijo de su prima Isabel y Zacarías. A su llegada, Isabel aclama, agradecida, a la Madre de su Redentor: “¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a visitarme?” (Lc 1,42 y 43)

El Bautista, todavía en el vientre de su madre, se estremece al estar al frente de su Dios (Luc. 1,41) La humildad de María nuevamente, la podemos apreciar en el Magníficat… Santa Isabel, alaba a la Santísima Virgen y le dice: “Bienaventurada eres Tú porque has creído.”

El estar cerca de Dios, y esa unión plena con Él, lleva al hombre a desear y tratar de hacer siempre la Voluntad de Él. La unión con Dios, la vida sobrenatural, lleva consigo siempre la práctica de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar de su prima, porque “lleva” a Cristo con Ella. Lleva el anuncio de la salvación en su seno virginal.

María es ejemplo de la virtud de la lealtad: Nuestros ojos deberían fijarse en Ella, y contemplar cómo Ella nos enseña a vivir esta gran virtud. Apenas cree o siente que su prima podría necesitarla, el Evangelio nos dice que acude “presurosa” y esa expresión nos hace pensar que está entusiasmada, alegre… Lo confirmamos ahora al leer sobre el encuentro… Todo es gozo y bendición… Ella nos enseña a que la ayuda no solamente se debe de brindar a la mayor brevedad posible, sino que es conveniente estar pendiente, para que ni siquiera tengan que pedírnosla, y lo más importante: debemos de hacerlo con gozo y diligencia (de buena gana).

Cuando escribimos sobre esto, no podemos dejar de pensar en nuestras hermanitas de Stella Maris ¿Se han dado cuenta, quienes han tenido la alegría de tratar con ellas, cómo están siempre tan prestas al servicio, y con tanta diligencia?

La Virgen nos enseña que el ayudar debe ser siempre un valor del cristiano; pero no solamente es el ayudar por ayudar. La Virgen nos enseña, que el activismo no es lo mejor. La verdadera ayuda está basada en el darse con amor, por amor a Dios, con pureza de intención y sin esperar nada a cambio.

En nuestra espiritualidad, entendemos que el entregarse a los demás es una cuestión prioritaria, pues como nos lo ha dicho tantas veces nuestro Director General: “No somos eucarísticos por creer que Jesús está allí, en la Hostia Santa, y por nuestras consecuentes prácticas piadosas en relación con la Eucaristía (misas, adoraciones, visitas al Santísimo, horas santas y procesiones…) somos eucarísticos porque tratamos de imitar a Jesús que nos dice, precisamente en la última Cena, al instituir la Eucaristía: ‘Este es mi Cuerpo y esta es mi sangre, que entrego por muchos… hagan esto en memoria mía’ es decir: ‘entréguense también ustedes, como me entrego Yo, para el bien de los demás’.”

Volviendo a la visitación, vemos que Santa Isabel, alaba igualmente la inmensa virtud teologal con la que la Santísima Virgen ha sido premiada: El Espíritu Santo vive en María, por eso puede comunicárselo a su prima, de modo que, al verla, Isabel inicia una oración de alabanza, haciendo hincapié en las maravillas que el Señor obra en sus creaturas: “¡Bendita Tú que has creído!”, le dice al saludarla, cuando Nuestra Señora llega, por los áridos caminos de la montaña para visitarla y ayudarla por un buen tiempo.

El haber dicho “Sí” a la Voluntad del Padre, aún sin entender de qué se trataba, es digno de alabanza, e Isabel alaba ese maravilloso acto de fe de María al haber exclamado: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según Tu Palabra.”

¿Puede haber acaso algo mejor que sentir esa paz y ese gozo que nos brinda el saber que estamos haciendo la Voluntad de Dios; el sentirnos amados por Dios, el percibir su presencia y su accionar en nuestra vida…? Naturalmente que no.

El sabernos amados por nuestro padre Dios y tener la certeza de haber sido incorporados a Jesucristo por el bautismo, contando además con el auxilio y protección de nuestra Santísima Madre del Cielo, hace que la vida del creyente tenga templanza ante los sufrimientos y certeza ante los desafíos de la vida. Esa paz, unida a la esperanza de la vida futura y las consolaciones del amor de Dios, que parten desde el cimiento de nuestra fe, constituyen la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre los problemas, angustias, dificultades, miserias y demás situaciones en las que nos vemos envueltos, nos impulsa a seguir caminando, animosos, hacia la Patria Celestial.

Cada familia, cada hogar cristiano, Iglesia doméstica, debería de ser un remanso de serenidad en el que, por encima de las pequeñas o grandes diferencias y contradicciones de nuestra vida diaria, se sintiera y proyectara un respeto profundo, un cariño sincero; una tranquilidad confiada y una esperanza firme en las Promesas recibidas del Padre, fruto de una fe madura y sólida, vivida y testimoniada, desde los mayores y hasta el último pequeñín, para gloria de Dios.

María nos enseña, en este episodio de Su Vida, que la fe siempre tiene que estar cimentada en el amor a Dios y a los demás. Que el servicio amoroso debe de llevar siempre a Cristo, como en primer plano, y que todo lo que se haga debe de llevar el sello de la humildad, teniendo siempre presente que, el que “hace y obra” las cosas buenas en nosotros es Dios, y no nosotros con nuestras propias fuerzas. La humildad se debe transmitir en las obras, en el proceder diario ante las diversas situaciones de la vida.

No esperemos actuar y obrar como Dios quiere, y María nos muestra con su vida, en las situaciones “extremas”, o en aquellas circunstancias “extraordinarias”. La salvación se logra en el día a día, en el caminar diario y en las situaciones más sencillas, como el servir en la casa con amor y humildad, el soportar con paciencia los defectos de alguno de nuestros más cercanos, ofrecernos para realizar los trabajos de la casa que más cuestan a todos, escuchar con paciencia a los más ancianos, visitar o llamar a algún enfermo, etcétera.

Tomemos la Mano de María para caminar diariamente, y pidámosle que nos ayude, intercediendo por nosotros ante el Espíritu Santo, para que derrame sobre cada uno los dones que necesitamos para dar frutos de santidad y dejar marcada la huella de Cristo, mientras caminamos por nuestra vida.

Que por la acción del Paráclito de Dios, y por el amor que Jesús tiene a su Madre, aumente en nosotros la Fe, que mueve montañas cuando es pedida, concedida y puesta en práctica, en humildad y abandono a la voluntad de nuestro Padre Eterno.

 

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes tres días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 19)

DÉCIMO NOVENO DÍA

Cuando el Emperador Napoleón llevó preso al extranjero al Papa Pio VII, este buen Papa, ante la imposibilidad que tenía de comunicación y de ser liberado, pues el que lo había llevado preso era el guerrero más fuerte y temible del mundo en ese momento, le hizo a la Santísima Virgen esta promesa: “Virgen Santa María: Si me auxilias en esta situación, liberándome de esta terrible prisión, te prometo, que el día mismo que llegue libre a Roma, declaro esa fecha como la fiesta de María Auxiliadora.”

Y la ayuda de la Divina Madre del Cielo no se hizo esperar para su buen hijo, el Papa.

En días previos a su captura y encarcelamiento, el Papa Pio VII había comentado que la guerra y los actos que en ella se cometían, así como las personas que las orquestaban (refiriéndose puntualmente como principal orquestador al Emperador Napoleón de Francia), eran acciones del mal, y traerían maldiciones muy fuertes para sus vidas.

Ante esos comentarios, Napoleón expresó, después de haber capturado al Sumo Pontífice: “No se imagine el Papa que su maldición hará caer los fusiles de mis soldados, o evitará que nuestras tropas sigan avanzando. Y fue así como Napoleón partió a Rusia con medio millón de soldados, completamente bien armados, para hacer la guerra y tomar esos territorios.

Pero allí lo esperaba un terrible frío de 20 grados bajo cero, con nevadas que impedían avanzar a las tropas de Napoleón y los soldados fueron sintiendo que sus manos se helaban, hasta el punto de sentirlas congeladas y sin movilidad, por lo que los fusiles se les caían de las manos, completamente paralizadas por el frio. Y el que había llegado a entrar a Rusia, victorioso y lleno de orgullo, regresó en ese momento a su país derrotado y humillado y casi sin ejército. Además de todo ese desgaste y humillación, los enemigos de sus tropas lo estaban esperando, para presentarle gran batalla y derrotarlo por completo, tomarlo prisionero y llevarlo al destierro.

Y fue así como Napoleón, Gran Emperador Francés, que hizo viajar preso al Papa 500 kilómetros, tuvo que viajar prisionero 5,000 kilómetros. Napoleón mantuvo preso al Papa Pio VII por 4 años y medio, al cabo de los cuales salió victorioso hacia Roma, con la ayuda de la Madre del Cielo. Él, por su parte, estuvo preso igualmente, pero en su séptimo año de cautiverio en la isla de Elba, murió en el destierro.

 

El Papa llegó a Roma el 24 de mayo de 1814. Todo el Pueblo Católico, salió en ese momento a recibirlo lleno de gozo. Y él, lleno de profundo agradecimiento hacia la Virgen María, cumpliendo su promesa, decretó que todos los 24 de mayo, la Iglesia celebraría la Fiesta de María Auxiliadora.

La primera vez que se celebró esta fiesta en honor a la Virgen, fue el 24 de mayo de 1815, y 43 días después de esta primera celebración nació San Juan Bosco, el hombre santo que iba a llevar y dar a conocer por todo el mundo esa preciosa advocación de la Santísima Virgen María como Auxilio de todos los cristianos. Su fecha de nacimiento fue el 16 de agosto de 1815, en el sitio llamado “Las colinas” (II Becchi) en Italia, cerca de la Ciudad de Roma. Su mamá, conocida por todos posteriormente como “mamá Margarita”, lo consagró recién nacido a María.

Con este testimonio podemos decir, con toda seguridad, que la Virgen nunca se queda quieta ante la necesidad de un hijo Suyo, y menos si este hijo confía y se abandona plenamente a su maternal auxilio e intercesión.

Terminamos diciendo las palabras que utilizaba el Papa Juan XXIII, cuando se despedía de la gente (especialmente a sus colaboradores que componían la comisión preparatoria del Concilio): “Que la Sonrisa de la Santísima Virgen, los acompañe en sus duras tareas.”

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes cuatro días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 18)

DÉCIMO OCTAVO DÍA

La Santísima Virgen María es presentada en el Evangelio como una persona muy callada. La Santa Biblia dice que “la persona prudente es de pocas palabras” (Prov. 17, 27). María era una persona prudente, pero la prudencia no significa ser una persona apagada y de nula participación o convivencia. ¡Al contrario! Estamos seguros de que María era aquella persona que llegaba y llenaba con su personalidad, rebosante de pureza y virtud, cualquier espacio donde se encontrara.

No porque “se convirtiera en el alma de la fiesta”, sino porque era Aquella persona que sabía qué decir y cómo decirlo, cuando era necesario. El Evangelio de San Lucas nos dice que “Ella guardaba las cosas en Su Corazón” (Lc 2,19), haciéndonos énfasis en el hecho que la Virgen era una Mujer que meditaba todo y todo, a su vez, lo ponía en el Corazón de Dios, a través de la oración.

María sabía y practicaba lo que el Apóstol Santiago nos recomienda en su carta: “Todos debemos ser prontos para escuchar y lentos para hablar” (Cfr. Stgo 1,19). Por lo que la Madre de Dios, mientras que todos en el Evangelio hablan, por ejemplo, los Apóstoles, los enfermos, los Fariseos, etc., Ella permanece casi siempre callada. Es la Madre que escucha y deja que los demás hablen.

El Evangelio nos muestra cinco frases que la Santísima Virgen dijo en diferentes momentos de la vida de Jesús. Seguramente su sabiduría daba para decirnos muchísimo más, pero la Virgen, siendo criatura de perfecta humildad, nunca aparecerá opacando a Su Hijo, que además es Su Dios.

Primera Frase de la Virgen María: Cuando el Ángel Gabriel, le anuncia que será Madre, en la Anunciación. En el Evangelio según San Lucas 1,34, leemos que María le dice al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?”

La Santísima Virgen María actúa de esa forma porque las personas prudentes siempre preguntan a los que saben. No se quedan con sus dudas, ni permiten que su ego y su soberbia reinen en sus corazones, de manera que tomen decisiones erróneas por no tener la humildad y la prudencia de preguntar al que tiene mayor autoridad en el conocimiento del tema, antes de actuar o de simplemente creer algo que escucharon. ¡Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros!

Segunda frase de la Virgen María: Cuando el Ángel le explicó que concebiría al Hijo de Dios por obra y gracia del Espíritu Santo, en la Anunciación, en el Evangelio de San Lucas 1,38, nuestra Madre contesta: “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí tal como has dicho.” María nos enseña, con su perfecta humildad y aceptación a los designios de Dios, la forma en la que debemos actuar en nuestro día a día, conforme se van dando los acontecimientos. Nos enseña a estar siempre  disponibles y abiertos a escuchar y hacer la Voluntad de Dios, aunque a veces no la entendamos.

A nosotros también nos pide Dios que digamos, como María, “Hágase en mí Tu Voluntad”, especialmente en las ocasiones más graves e importantes de nuestra vida. Lo mismo nos transmitió Jesús al enseñarnos a rezar el Padrenuestro, y después, con su testimonio, nos lo mostró en sus horas más terribles, dolorosas y angustiantes, cuando le decía al Padre: “Hágase Tu Voluntad y no la Mía” (San Mateo 26,42). Esta oración de confianza y abandono, puesta en práctica en nuestra vida, le agrada muchísimo a nuestro Buen Dios. ¡Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros! ¡Ave María Purísima, sin pecado concebida!

Tercera frase de la Virgen María: Cuando la Santísima Virgen María, ante la noticia del Ángel Gabriel, de que su prima Santa Isabel estaba esperando un hijo a su ya avanzada edad, y decide ir a visitarla. Isabel, al verla, se llena de Gozo y le comenta cómo es que siendo Ella la Madre de Dios, se toma la molestia de ir a visitarla. Ante ese saludo de Isabel, como es propio siempre de María exclama la bellísima oración del Magníficat, que podemos leer en el Evangelio de San Lucas (Lc 1,46-55): “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.”

Con este hermoso ejemplo de la Virgen, que, dicho sea de paso, es el canto que rezamos y repetimos llenos de gozo y esperanza en la liturgia de las horas para celebrar las maravillas que ha hecho Dios en nosotros y en toda la historia de la salvación del hombre, al mismo tiempo que honramos a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, y le damos su lugar en nuestras vidas como lo que es: Reina y Señora de Cielos y Tierra.

También a nosotros nos pide el Señor que, en los momentos de alegría, nos acordemos de dar gracias por lo Bueno que Él siempre ha sido. Un buen consejo sería el que, al momento en que nos despertemos y nos acostemos, recordemos algún favor que nos haya concedido el Señor, además del don diario de la vida, y le agradezcamos de corazón.

El ser agradecido es un fruto del Espíritu Santo, y eso muestra la calidad de corazón que tiene una persona, por eso se dice que “es de buenos hijos de Dios, el ser agradecidos”, porque en eso se demuestra que la persona tiene un corazón humilde, grande, noble y generoso. La Virgen era muy agradecida con los favores que recibía de Dios. ¡María, Reina del Cielo, ruega por nosotros, que recurrimos a Ti!

Cuarta frase de la Virgen María: María y José iban todos los años al Templo de Jerusalén para la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, fueron con él, pues así debía de ser.

Sucedió que después de las fiestas, iniciaron el regreso hacia Nazaret, pero entre las prisas y la multitud de amigos y parientes, los padres no se dieron cuenta de que Jesús se había quedado en Jerusalén. Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. San Lucas nos narra en su Evangelio, en el Capítulo 2, versículo 48, lo que ante las fuertes emociones por la pérdida, la angustia y el encuentro, la Virgen le dice al Niño: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos”.

La Virgen María corrigió al Niño Jesús, porque Ella, como su madre, tenía la obligación ante Dios, de velar por la seguridad de su Hijo. Como buena Madre, tenía pues que decirle lo que José y Ella habían pasado al estarlo buscando, y la angustia y el dolor que sintieron como Padres, al no saber dónde Él se encontraba. La Biblia nos dice, que los papás tenemos la obligación y la responsabilidad ante Dios, de corregir y marcar el buen camino a nuestros hijos, y que los padres que no lo hacemos, cometemos una falta grave. Es por eso que habremos escuchado la expresión de que “Dios corrige más, al que más quiere.”

Cuando el Niño Jesús les explicó a Sus Padres el motivo por el cual se había quedado, todo le fue excusado.  Su respuesta nos enseña que Dios espera que realicemos la misión que nos ha encomendado como una tarea importante, y que no puede dilatarse por cualquier situación o consideración mundana. Al mismo tiempo, la acción de María nos enseña que, en la vida, no podemos estar haciendo lo que queremos, sino que debemos tomar en cuenta a las personas que tenemos a nuestro al rededor. Y que no debemos tener miedo, ni sentirnos coartados por la sociedad, o por el qué dirán, o por “los nuevos usos y costumbres” cuando debemos marcar tiempos, formas, límites y modos en la conducta de nuestros hijos y sus acciones, para enseñarles y corregirlos en la buena conducta que le agrade a Dios. ¡Stella Maris, Ilumina nuestra ruta!

Quinta Frase de la Virgen María: La quinta y última frase que se conserva en las Sagradas Escrituras de la Madre de Dios, la dio en las Bodas de Canaán, cuando se dio cuenta de que los novios se habían quedado sin vino.

María le pide a Jesús que los ayude, pero Él con amor le contesta que no era todavía Su hora para darse a conocer haciendo milagros (San Juan 2,4). Más aún con esa respuesta, un tanto negativa, María no se da por vencida y le insiste a su Hijo que, ante todo, Ella sabe que es “El Buen Dios, lleno de Misericordia y Compasión”.

En efecto, aunque no se tratara de una situación de vida o muerte, María confiaba plena y totalmente en Jesús, y sabía que Él obraría por el bien de la gente en desgracia, por lo que dice a los sirvientes: “Hagan lo que Él les diga” (San Juan 2,4).

María, como buena Madre Misericordiosa, tiene la poderosa virtud de ser esa omnipotencia suplicante ante Su Hijo Jesús, y de poder influir en las decisiones de Él. Es decir, en este pasaje de la Biblia que nos narra San Juan, vemos que María medio que “obliga” a Jesús a hacer su primer milagro para estos jóvenes recién casados, mostrándonos con esto el poder que tiene Su Madre Santísima, para alcanzarnos lo que necesitamos si con fe le pedimos auxilio a Ella.

Jesús cambió 600 litros de agua en vino para complacer a su Madre ante la súplica de ayuda que le realizó en favor de los jóvenes novios.

Tener a María como Madre y Auxilio permanente, es lo más hermoso que puede un ser humano tener. Con María, el Cielo es más fácil y seguro de alcanzar. Ella no se cansará de rogar por nosotros y de pedirle a Dios por nuestras necesidades, tanto espirituales como temporales.

Mientras más confíes en María, Jesús se sentirá más comprometido, por sus ruegos, a darte aquello que necesites y sea para salvación de tu alma y la de los tuyos. ¡Virgen de Guadalupe, Estrella y Reina de la Nueva Evangelización, ruega por nosotros!

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes cinco días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 17)

DÉCIMO SÉPTIMO DÍA

Alfonso, Rey de León y Galicia, en su juventud llevaba una vida no muy santa y buena. Una noche, mientras dormía, tuvo un sueño horroroso, que vendría a cambiar su vida y planes por completo: Vio que se moría y llegaba a la eternidad, pero que en el momento preciso en que quería entrar al Cielo, se le impedía por completo la entrada, por no llevar el “traje de gracia y buenas obras” que se exige, como “reglamento” para poder salvarse y pasar a la Gloria Celestial a disfrutar del Paraíso y la Presencia de Dios.

En eso, vio cómo el Señor ordenó a los Ángeles que pesaran en una balanza las buenas y las malas obras que había realizado en vida, para saber qué destino le correspondía en la eternidad.

Vio cómo los Ángeles, echaron del lado derecho de la balanza todas aquellas obras buenas que había realizado, y al izquierdo, las malas que había cometido. Para su infortunio, pesaron más las obras malas que las buenas. Así que la balanza se inclinó al lado izquierdo y, mientras los diablos danzaban de alegría, iba a ser dictada la sentencia final de condenación contra él. Pero en ese momento apareció una figura majestuosa, hermosa y llena de esplendor: era la Virgen María, y colocando Su Rosario en el lado derecho, hizo que la balanza se inclinara totalmente hacia el lado de las obras buenas.

Los demonios gritaban furiosos y protestaban diciendo que eso era una trampa, y nuestro Señor le preguntó a la Buena Madre Celestial: “¿Por qué has hecho esto?”, a lo que Ella le respondió: “Es que este joven Alfonso, ha rezado muchas veces mi Rosario, y yo por esto quiero pedirte, que no permitas que se condene porque es mi devoto”.

Entonces Jesucristo, de cara hacia el pobre Alfonso, que temblaba de susto, le dijo: “¿Has visto?, Mi Madre te ha salvado porque tú le rezas a Ella con frecuencia. Te dejo un poco más de vida, pero aprovecha este tiempo que te alcanzó, para quitar tantas manchas de pecado que tienes en tu alma. Dedícate a echar muchas obras buenas al lado derecho de tu balanza, no sea que, al morirte, estés falto de ellas y no alcances la salvación.”

Cuando despertó el Rey, estaba sudando, el pobre, de tanto miedo. Desde ese día, dejó las amistades que le hacían ofender a Dios, abandonó sus juegos de azar y todas sus reuniones con amistades escépticas y mal portadas que lo alejaban del Corazón de Dios y lo hacían ofenderlo. En conclusión, dejó de lado su vida pecaminosa y comenzó una vida buena, haciendo la Voluntad de Dios y cumpliendo sus mandamientos. Confesó en el sacramento de la penitencia sus pecados, para que su alma quedara totalmente blanca, y fuera una alegría para la Virgen tener un hijo como Alfonso. Decidió echar muchas obras buenas del lado derecho de su balanza visitando enfermos, dando comida a las personas con hambre, especialmente a las familias muy pobres; ayudando a los presos en la cárcel, escuchando Misa, visitando las iglesias y leyendo libros religiosos que trajeran virtud a su vida.

Cuando murió Alfonso, siendo Rey, murió como un verdadero convertido de la fe católica y fiel devoto de la Santísima Virgen María.

Es así hermanos, que siempre es importante meditar en la posibilidad que existe de que nos muriéramos ahora. ¿Qué pasaría si te murieras hoy? ¿Qué tal está la situación de tu alma en estos momentos? ¿Está tu alma llena de diamantes de buenas obras para entregarle al Señor y ser buen hijo de la Virgen, si nuestro buen Dios te llamara ahora, o te encuentras con obras que pesarían mucho más inclinando tu balanza al lado izquierdo, llevándote a la condenación por obras malas, inconclusas u omitidas? ¿Cuál crees que es mayor: el peso de tus buenas obras o el de tus malas acciones?

El Rey Alfonso tuvo, después de su sueño, la buena y santa costumbre, piadosísima de, al principio de cada mes, hacer un pequeño plan de lo que quería ofrecer a la Santísima Virgen como ofrenda de ese mes, para honrarla, agradecerle Su maternal auxilio y consuelo, reparar por sus culpas y las de sus hermanos y suplicarle su guía permanente.

Es así como debemos tener por lema, lo que alguna vez dijo aquel santo varón: “Mi afán principal será el de echar muchas obras buenas al lado derecho de la balanza, para que al presentarme ante el Trono del Juez Divino, no vaya a recibir sentencia de condenación para la eternidad, sino bienvenida al cielo para siempre.”

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes seis días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 16)

DÉCIMO SEXTO DÍA

¿Te has preguntado por qué amas a la Virgen María? ¿Por qué la Iglesia le da ese lugar tan especial en la vida de los cristianos y en el caminar de la Iglesia peregrina en la tierra? Ahora te explicaremos algunos puntos importantísimos para considerar, a fin de que ese amor que sientes por Ella se haga más grande, y al saber lo que Ella vale y Es para Dios, puedas defender tu amor y veneración por la Reina del Cielo con más solidez y solvencia.

Revisando las Sagradas Escrituras, vemos que María aparece en muy pocos pasajes del Evangelio. Allí vemos que aparece expresamente:

– En la Anunciación y Encarnación del Verbo,

– En el nacimiento del Niño Jesús en Belén,

– En el primer milagro de Jesús en las bodas de Canaán,

– En cierto momento en que Jesús estaba predicando y le avisan que Ella estaría buscándolo afuera, junto con “sus hermanos” (Cfr. Mateo 12,46, Lucas 8,19 y Marcos 3,31)

– En la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo,

– En el cenáculo, después de la Ascensión del Señor al Cielo, cuando recibió con los apóstoles al Espíritu Santo en Pentecostés.

Durante su vida en la tierra, estuvo presente en todos esos maravillosos acontecimientos, pero hoy la Santísima Virgen, sigue participando de la historia de la salvación, llevando consigo a todos los hombres y mujeres que se acogen a su maternal protección y, siguiendo su ejemplo, son fieles a Dios, humildes y obedientes a sus designios.

Existen muchísimas razones por las cuales debemos amar y respetar a la Santísima Virgen María. Si fuéramos justos, la lista sería interminable, pero aquí te mencionamos solamente algunas que nos parecieron muy importantes y sabemos que, debidamente analizadas y meditadas, nos ayudarán a crecer en la devoción y el amor a la Madre de Dios, porque estaremos además, siempre seguros, de que cuanto más recurramos a su auxilio, su amor y protección maternales, más nos podrá ayudar en nuestro camino hacia el Cielo.

1.-Madre de Dios, Jesús sea Bendito. Jesús, María sea Bendita:

Nadie podrá superar el Amor de Dios por María. Él, desde el principio, puso Sus Ojos en Ella y la escogió para ser esa criatura elegida sobre cualquier otra de la creación. Nadie ha amado y honrado a María más de lo que Dios lo hizo.

Dios Padre la eligió para ser la Madre de su Hijo (segunda persona de la Santísima Trinidad, Dios verdadero, hecho Hombre por amor). Es por eso que, sin temor a errar, podemos decir que María es la Hija predilecta del Padre, la esposa del Espíritu Santo, y la madre del Hijo unigénito de Dios.

2.- Entre todas las criaturas que han existido y existirán, Ella es el ejemplo de Humildad perfecta:

En su “Fiat”, durante la Anunciación, la Santísima Virgen María, realiza el acto más amado por Dios: En perfecta humildad, María le dice “Sí” a la invitación de Dios Todopoderoso, para colaborar en la salvación de los hombres, trayendo al mundo al Unigénito del Padre. María se expresa ante el Ángel, “Como la humilde sierva del Señor que está llena de gracia por El Poder del Altísimo, y acepta de corazón que se cumpla en Ella la perfecta Pálabra´ -es decir Voluntad- de Dios.” María fue el instrumento perfecto de Dios, precisamente porque Ella se sabía y reconocía, sólo como un instrumento, sin reclamar para sí protagonismo alguno. “Hágase en Mí, según Su Voluntad”, le dice al Ángel.

3.- María, con su santidad, es el mejor ejemplo para imitar y seguir a Jesús.

María, “Vaso Sagrado de toda Virtud”, como le llaman las primeras tradiciones de nuestra Iglesia, lleva en Ella la Huella de Dios, moldeándose en perfección a las Virtudes de Su Hijo Jesús.

Es por eso que Ella, predestinada a llevar en su seno virginal a LA PERFECCIÓN, que es “carne de su carne”, no podía ser una criatura imperfecta, miserable y pecadora, sino que por Jesús, y por designio del Padre, lleva la Pureza de alma y del cuerpo, moldeándose así en la perfección de Su Hijo.

Esta es la razón más elemental y lógica (más allá de las evidencias) por la que María es el mejor ejemplo para seguir e imitar a fin de alcanzar la santidad y llegar con Su Ayuda al Cielo.

4.- La Iglesia Triunfante (la multitud de los Santos) la alaban y le dan honra en el Cielo:

Todos los grandes Santos, que se encuentran ya gloriosos en el Cielo, en la vida terrena amaron y honraron con todo su corazón a María, pero, sobre todo, confiaron y se dejaron guiar por la Madre de Dios. No hay santo que no amara ni honrara a María. Muchos de ellos raramente no tenían un Rosario diariamente a la mano.

5.- Auxilio de los Cristianos; Omnipotencia Suplicante:

Qué mejor ejemplo de amor y bondad de la Madre de Dios y Reina del Cielo, que las Bodas de Canaán. María se compadece por los novios que se quedaban sin vino, y le pide a Su Hijo Jesús, que los ayude.

Jesús realizó su primer milagro público porque su madre intercedió por aquellos nuevos esposos, que se verían contristados al encontrarse sin vino en plena fiesta de bodas. Jesús, con todo amor, trata de disuadir a Su Madre diciéndole que no era todavía Su hora. Pero la Virgen le insiste y “alcahueta”, como diríamos y esperaríamos de una amorosa Madre, medio que “presiona” a Jesús diciéndoles a los servidores que hicieran lo que Él les dijera. Las Escrituras son claras y simples para mostrar la influencia de María sobre las decisiones de Jesús. ¿Por qué…? simplemente para mostrarnos cuánto es que JESÚS AMA Y ESCUCHA A SU MADRE, y desea complacerla y verla feliz, como un buen hijo. Cuánto pide y puede nuestra Santísima Madre por nosotros, cuando nos abandonamos a Ella y tratamos de hacer la Voluntad de Dios, pues Ella es clara no sólo con su ejemplo de vida, sino que lo dice también en la Sagrada Escritura como una luz para nosotros: “Hagan lo que Él les diga”.

6.- Se ve en las Sagradas Escrituras, la acción y presencia de María en la Vida de Jesús y los Apóstoles:

La Santísima Virgen María, Madre de Dios, como mencionamos anteriormente, fue parte de la Encarnación, Nacimiento, Primer milagro, Pasión y Muerte de Jesús en la Cruz, y recibió al Espíritu Santo junto a los Apóstoles en Pentecostés. Seguramente (esto lo dice la tradición de la Iglesia, y de una u otra manera se infiere, ya que María y Jesús eran muy unidos) que María estuvo igualmente presente con toda seguridad, cuando la Ascensión del Señor la Cielo.

7.- Es un hecho histórico la presencia de la María de Nazareth:

Esto se sabe debido a la genealogía de Jesús y de San José. Debido a ese linaje, y a la historia de los personajes que nos narra la Escritura desde tiempos de Abraham. Sabemos de la procedencia genealógica de María, así como la de San José. Durante los tiempos del Antiguo Testamento, era a la Reina, la madre del rey de aquellos días, a quien la gente acudía con sus peticiones. La mejor oportunidad de obtener una buena respuesta del rey era la petición de su madre. Así fue como se hizo durante el tiempo del Rey David, y también en el de Jesús, desciende directo de la Casa de David.

8.- Jesús nos ha dado a Su Madre y nos la sigue dando para que, con Ella, lleguemos más rápido a Él:

La Iglesia nos muestra que Jesús nos sigue dando y permitiendo el auxilio y la guía de su Madre. Muchísimas apariciones Marianas se han dado durante los últimos siglos, en las cuáles, María nos trae mensajes del Cielo. Ella, como en las Bodas de Canaán, está pendiente de nuestras necesidades, y viene a decirnos qué hacer para encaminarnos con más seguridad hacia Dios, y en los casos en que nos salgamos del camino seguro, viene a decirnos cómo reconducirnos a Él, para no perder el rumbo y alejarnos de la promesa del Paraíso.

María es signo de salvación, y muchos que no han creído, ante los avisos del Cielo y el consuelo amoroso de esta tierna Madre, se han dado cuenta después de que Ella es la “Profetiza” de los últimos tiempos. La Mujer vestida de Sol que viene a traernos a Jesús.

Por ejemplo, en Fátima, hace 100 años, el 13 de octubre, hubo 70 mil personas que presenciaron el denominado “Milagro del sol”. Tenemos también, lo sucedido en Lourdes, en México con nuestra Madre de Guadalupe, etcétera. Su mensaje para nosotros es orar y hacer reparación por los pecados de los hombres.

Es por eso que nuestro amor a María debe de ser grande y muy especial, ya que Jesús quiere que la amemos y la hagamos feliz, así como Él lo ha hecho siempre.

9.- El Rosario, la mejor y mayor arma que se nos ha entregado para vencer al mal:

Podríamos hacer una pequeña analogía para entender un poco más el poder del Santo Rosario para vencer al mal y a los males de este mundo. En el antiguo testamento, David venció a Goliat con una honda hecha con una cuerda y una piedra. Goliat siendo un hombre enorme, guerrero experimentado y recubierto de armaduras, fue vencido con un arma que no ahuyentaría, por su apariencia, ni siquiera a un ciervo.

David era un hombre muy pequeño de complexión. Sin embargo, con el Poder del Altísimo, venció lleno de fe a esa terrible amenaza, ganando de esa forma la batalla que, a los ojos de los hombres, era imposible de ganar.

A nosotros, la Madre nos ha regalado el poderoso Rosario que, siendo sencillo y humilde, representa el arma más poderosa que se nos ha entregado para que, en estos tiempos, podamos vencer al mal, aún que para los incrédulos esto sea imposible y todo esté perdido y sin esperanza.

La Virgen nos trae del Cielo esta poderosa arma espiritual, capaz de vencer hasta los demonios más fuertes. El Padre Pío y muchos santos se refirieron al Rosario como “un arma contra el mal”, y lo rezaron continua y fervorosamente. Hay muchas historias de milagros documentadas, e historias personales/familiares de triunfo, atribuidas al rezo del Santo Rosario.

10.- No existe nadie más justo que la Santísima Virgen María:

“La oración del justo tiene gran poder en su efecto” (Santiago 5,16) y “Dios oirá las oraciones de los justos” (Prov. 15,20). Basándonos en los Libros de la Santa Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, nos enseñan, que los atributos entregados a la Virgen por designio de Dios son así, debido a la virtud de la Justicia con la cual el alma de la Madre de Dios está revestida, y por esa justicia, es que Ella tiene ese poder maravilloso y omnipotente de intercesión delante del Padre, y justamente se la ha llamado “Dulce Omnipotencia Suplicante”.

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes siete días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Meditando con la Gran Cruzada

¡CUÁNTO AMA UNA MADRE A SU HIJO!

CA-79            15-ENE-96                                                              JESÚS

De los besos y caricias maternas puede argüirse cuánto ama una madre a su hijo. Esto es más claro todavía si se conocen los sacrificios que la madre hace ocultamente por sus hijos. Multiplica este afecto por cinco, diez hijos y verás cuánto puede sacrificarse una madre y cuánto puede amar a sus hijos.

Nuestra Madre, la “sin mancha” que Me dio la vida humana, Ha amado a esta generación de hijos sin amor, los Ha abrazado estrechamente, Ha conocido todas sus culpas y, no obstante, les Ha perdonado el gran dolor que le Han causado.

Toda madre debe procrear a sus hijos, mucho más con el espíritu que con el cuerpo, debe transfundir en ellos tesoros mucho más grandes que los de la vida humana; debe dar a sus hijos todo lo que posee de bello y de grande en su alma. Se dice: “la sangre puede unir tanto, ¿cuánto más unirá el amor que la madre tiene por sus hijos? ¡Ah! no es la sangre la que une sino el amor, porque el amor está antes que la sangre, porque el amor perdura después de la muerte.

¿Qué pasó en Mi Madre cuando le transfundí el afecto materno también por ustedes? Ella se convirtió en la pequeña gran mujer que aceptaba una progenie innumerable, por amor a Mí, Su Hijo amadísimo. Y mientras de Mí recibió tanto bien que se puede decir que vino a ser la fuente del amor, de ustedes, de la generación actual recibió espinas y dolores sin número.

Así pues, Ella los ama ante todo a causa de Mi amor y luego, porque la han hecho sufrir tanto. Por eso Yo le reconozco el derecho de hacer de ustedes un trono de misericordia, sobre el cual Ella será festejada en gran manera. Ella debe salvarlos, Yo lo quiero, debe custodiar a Su familia y conducirla a Mí.

¡Cuántos blasfeman contra Ella, cuántos la han olvidado! ¡Cuántos se tapan los oídos y han huido de Ella! Pero Yo la amo, la He hecho poderosísima. ¡No permitiré que la insulten más, Me es demasiado querida!

Ella, por eso, hará pronto la limpieza de la casa y, no obstante está entre ustedes y está señalando a Sus hijos buenos. ¡Escúchenla! Es tan buena, sabe comprenderlos a todos, sabe olvidar toda ofensa, ¡Escúchenla!

Archivo de AUDIO (haz “click”)

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 15)

DÉCIMO QUINTO DIA

Hablemos hoy sobre el poder que Dios ha decidido otorgar a María para que nos ayude e alcanzar nuestra salvación.

“María, reina en el cielo sobre los ángeles y bienaventurados. Como regalo y honra a su profunda humildad, Dios le ha concedido el poder y la misión de llenar de santos todo el Cielo. Tal es la voluntad del Altísimo, que exalta siempre a los humildes (Lc 1,52): que el cielo, la tierra y los abismos se sometan, de buen grado o por fuerza, a las órdenes de la humilde María, a quien constituyó soberana del cielo y de la tierra, capitana de sus ejércitos, tesorera de sus riquezas, dispensadora de sus gracias, realizadora de sus portentos, reparadora del género humano, mediadora de los hombres, exterminadora de los enemigos de Dios y fiel compañera de su grandeza y de sus triunfos” (San Luis María Grignon de Montfort).

Para ejemplificar el poder que Dios le ha sido entregado a la Santísima Virgen, incluso sobre los demonios, te contamos la siguiente historia:

Santo Domingo predicó mucho el rezo del Santo Rosario. Cuenta una biografía suya que un día le llevaron un pobre hombre endemoniado. El Santo puso el rosario que llevaba en el cuello de aquel hombre y después les preguntó a los demonios que le poseían:

De todos los Santos del cielo, ¿cuál es al que más temen?

Los demonios se negaron a responder, debido a que había mucha gente delante y no querían revelar en público a quién tenían miedo. Como Santo Domingo insistió, una y otra vez, al final contestaron en voz alta: “¡La Santísima Virgen!; nos vemos obligados a confesar que ninguno de los que perseveren en su servicio se condenará con nosotros; uno sólo de sus suspiros vale más que todas las oraciones, las promesas y los deseos de todos los santos. Muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse, según las leyes ordinarias, se salvan por su intercesión. Si no se hubiera opuesto a nuestro esfuerzo, hace mucho tiempo que tendríamos derribada y destruida a la Iglesia entera.”

Santo Domingo hizo rezar el Rosario a todo el pueblo, y al fin los demonios salieron del pobre atormentado hombre, dando gritos, lanzando maldiciones y palabras obscenas. Estos demonios, gritaban con todas sus fuerzas llenos de rabia: “¡Qué suerte ser tú, hijo de María!” -le gritaban atormentados.

A este encuentro terrible, pero al mismo tiempo venturoso, Santo Domingo exclamaba: “Ahora sí que digo con toda paz que no tengo miedo a nada ni a nadie. Pero sí a una cosa: a vivir sin Ti, como si fuese huérfano. Encárgate Tú, por favor, de que eso no suceda, y ya está. ¡Gracias, Madre mía!”

La Virgen es omnipotencia suplicante, y es por ello que sus oraciones y súplicas son depositadas directamente en el Corazón de Dios, que las recoge como tesoros preciosos venidos de la “Doncella llena de Gracia”. La más Humilde de las vírgenes, y la más Bella de entre ellas, cumple su misión de llevarle almas a Dios y conducirlas por el camino de la salvación, pidiendo en todo momento para que Sus hijos, tengan el auxilio permanente que viene de su maternal protección, guía y consuelo.

La Virgen nuestra Madre, nunca nos abandona. En los momentos de más necesidad, sea ésta espiritual o temporal, Ella ruega a Dios por nosotros, pidiendo en todo momento por aquellas gracias y auxilios que necesitamos para poder remediar nuestras luchas, aflicciones y necesidades.

Con todo su amor, ruega a su Hijo, recordándole siempre la misión que Él le ha otorgado de pedir y velar por cada una de las almas que, en la Cruz, Él le entregó a su Maternidad.

En algunos días, festejaremos la advocación de María Auxiliadora. Pidámosle a esta tierna Madre, que ruegue a Dios por nosotros sin cansarse, especialmente en estos momentos que estamos viviendo en el mundo entero, donde la desesperanza, la angustia y la falta de fe, están apoderándose de los corazones que dudan de su presencia, de su maternal consuelo, y de su auxilio siempre oportuno.

-María, Auxilio de los cristianos, ¡ruega por nosotros!

-Virgen María, Madre nuestra Inmaculada, ¡muéstranos tu poder y derrota al enemigo!

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes ocho días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.