Sagrado Corazón de Jesús (Día 19°)

DÉCIMO NOVENO DÍA:

Muchas son las enseñanzas que el Sagrado Corazón de Jesús ha querido manifestarnos a través de esta Devoción, pero podemos centrarnos en la más importante de todas: “Aprendan de Mí, que Soy Manso y Humilde de Corazón”. Jesús quiso enseñarnos algo de Sí mismo con esta simple frase, que lleva y encierra en y resume de manera admirable la Razón del Amor y la Misericordia de Dios.

Si nos ponemos a pensar (más allá de lo que sabemos “de memoria”, es decir, que Jesús es la Gracia, la fuente de todo bien y la virtud plena; que todo está hecho y creado a su imagen y para darle Gloria), pero si lo “desmenuzamos” mentalmente, si lo analizamos con sus conductas concretas, sus pensamientos y sentimientos, conforme a lo que vamos aprendiendo de Él a través del Evangelio y de nuestras catequesis, veremos que realmente Jesús encierra la plenitud de todo bien: inteligente, comprensivo, servicial, compasivo, misericordioso, etcétera, etcétera, etcétera; pero como hemos visto antes, Él siempre nos ponía como ejemplos para aprender, cuestiones de la naturaleza: “las aves”, “las semillas”, “los árboles”, o sus decenas de parábolas con personajes tan diversos… ¡pero la única vez que se pone a sí mismo como modelo, es cuando nos dice que aprendamos de su mansedumbre y humildad! Entonces, esta enseñanza ha de ser demasiado valiosa para que Jesús haya querido anteponerla a todas y mostrarla (con el sólo hecho de decirnos que la aprendamos de Él) como por encima de las demás virtudes.

Jesús nos invita a imitar todas las virtudes que encontramos en Él representadas y contenidas, como el servicio, la docilidad, la verdad, la fidelidad, la prudencia, la bondad, la castidad y muchas más, pero ninguna de estas virtudes tiene el privilegio de estar por encima de la humildad, madre de todas ellas y, por ende, la más importante a cultivar, puesto que además, la mayoría de las veces es la que más nos cuesta ejercitar.

Los Santos han comprendido bien esta enseñanza del Señor. No han buscado su santidad entre muchas cosas, sino que la han encontrado en medio, y solo a través de la humildad y la mansedumbre de corazón. Han logrado entender que la humildad es la madre de todas las virtudes; el fundamento de cada una de ellas, y, por tanto, el principio de la Gloria futura.

San Francisco de Asís, en la Cruzada de la Salvación 75, nos habla de la Humildad como de “la reina que es tan valiosa”, que merece la pena trabajar para obtenerla y hacerla florecer en el corazón, ya que es muy agradable a Dios. ¡Qué mejor forma de explicar esta virtud, que a través de las palabras del mismo San Francisco!:

“Hermana mía, escucha lo que vengo a decirte por mandato de nuestro Amor, el tuyo y el mío. Si el agua que brota de la fuente se canaliza hacia un depósito adecuado, poco a poco éste se llenará y la tierra que antes asomaba quedará toda cubierta de agua. Si se hace salir un pequeño chorro de ese depósito ya lleno, lo verán correr y alejarse en busca de reposo que encontrará, o mezclándose con otra agua o deteniéndose en otro depósito. Esto, tan simple y tan común, es la imagen de la gran reina que estimé en la tierra por sobre todas las virtudes: la humildad.

Maseo quedó sorprendido al oír las alabanzas que yo decía, cuando deseaba dar las enseñanzas necesarias a la gran familia que habría reunido. Pero el estupor luego se cambió en santa alegría, cuando él comprobó que la reina de la cual te hablo merece el más verdadero amor.

Pasé por la tierra como un meteoro luminoso y atraje a algunos a Mi lado, pero los atraje sencillamente, sin artificios, casi sin invitarlos. Encontré algunas resistencias, y también yo les puse resistencia, hasta que Dios me quitó el mando de la Orden, que fundé sobre la verdadera humildad y no sobre la insubordinación de Elías… Él, efectivamente, ha dejado una magnífica Basílica llena de maravillas humanas, que por cierto se está derrumbando, yo he dejado una pequeña iglesita llena de maravillas divinas y entre éstas, la más bella es la humildad.

Los ricos de entonces no estaban tan maravillados de mi pobreza cuanto del espíritu de humildad que Dios me había dado; el desasimiento de las cosas fue tan grande y verdadero, y fue lo que aparecía a primera vista, pero más y más grande era la verdad que brillaba, por virtud divina, en mi espíritu y con verdad, su natural hija, la humildad.

¿No conocí yo quién era el hijo de Pietro Bernardone? ¿En qué se asemejaba el hijo de la francesa (mi madre) al Hijo bendito de María? Demasiado distinto me encontraba cuando la Gracia me inundó y, por eso, me humillé. E inclusive cuando, sobre las huellas de Cristo, seguía yo su adorable doctrina, ¿cómo podía verme digno de Él, si a duras penas me retraía de las ofertas del mundo que ya me seguía? Por eso se me dio otro motivo, otra luz confrontando mi nueva vida, pero todavía demasiado poco semejante a mi amado Bien.

La humildad es conquista del alma y es luz de Dios; pero no sólo luz, sino también conquista. Quien no sabe lo que es humillarse verdaderamente, perdura en muchos errores y estima ciegamente lo que en cambio es vileza y abyección.

Piensa que humillarse a los Cardenales de la Iglesia y al mismo Pontífice, como lo hice yo, no es cosa grande para quien se tiene por una oveja del gran redil. Pero delante de Dios queda en los siglos y en la eternidad para atestiguar la verdad poseída, creída y estimada. Y la verdad en estos casos es tenerse por un bueno para nada que obedece a Dios y va al encuentro de los grandes de la Iglesia con ánimo sencillo, los míos dirían, ‘con ánimo franciscano’.

Por consiguiente, el conocimiento propio produce la humildad; mientras que la estima de sí mismo, que es soberbia, produce desconcierto y arruina lo poco de verdad que ya se encuentra en un alma.

He aprendido la humildad del mismo Cristo, mirándolo humilde y sencillo en el pesebre, humilde y dolorido en la cruz, humilde y sabio en la Palabra, humilde y omnipotente en hacer milagros, humilde y grande al quedarse entregado a nosotros, los hombres de la tierra, como alimento de vida eterna.

No tenía libros sino el Salterio y algún misal de rústica vetustez, sin embargo, Dios eterno me instruyó intensamente y me movió suavemente por todos los senderos de la virtud.

Él, el Amor mío y tuyo, es la fuente de la cual desciende el agua permanente; Jesús, el dulce Jesús, el estanque que la recoge, y yo el arroyuelo que, salido de Él, trato de arrojarme, unirme a otras aguas, o bien detenerme en otros pequeños estanques que recogen el agua del principal estanque: Jesús. Soy Francisco, la luz de Asís, la antorcha de Cristo, la estrella del firmamento de la excelsa Madre, la Iglesia”.

“Aprendan de Mí que Soy Manso y Humilde de Corazón” nos vuelve a decir el Señor y recordando su Pasión nos damos cuenta de que Él supo ser manso y humilde. Por su parte,  a Santísima Virgen María nos dice que Dios obró maravillas en Ella, porque “vio la Humildad de Su esclava”.

Jesús quiere que entendamos, que confiemos, que esperemos en Él, que es Dios de todo Consuelo, de donde vienen toda clase de gracias, que intervendrá en cada una de nuestras debilidades. Nos acogerá, perdonará, si realmente nos convertimos de corazón. Pero ¿qué significa convertirse de corazón?

Con base en nuestras reflexiones anteriores, recordaremos que el corazón humano es el “centro”, el fundamento y la raíz de toda la personalidad humana, donde tienen su origen nuestras actitudes (es decir, nuestras disposiciones de ánimo) y nuestras acciones, que son una expresión externa de los pensamientos y los sentimientos que allí se anidan, se desarrollan y organizan (o desorganizan). Así lo vemos en el libro de Los Hechos de los Apóstoles 8,21: “Tú no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios” y en la primera carta de San Pablo a Timoteo 1,5: “El fin de nuestra predicación es al amor que procede de una mente limpia, de una conciencia recta y de una fe sincera.”

Por eso, cuando leemos que el Señor quiere que nos convirtamos con todo el corazón, quiere decir que debemos hacerlo medularmente, de veras “hasta el tuétano”, hasta que nuestros corazones tiemblen (Deut 28,65), se desmayen de amor a Dios y de su Presencia Misericordiosa en nosotros y en nuestras vidas (Jos 2,11; Ez 21,20); el hombre (el corazón) tiembla o desmaya ante la conciencia de que todo un Dios, Padre bueno y rico en misericordia, se abaje ante la miseria de su criatura, para permanecer junto a él y en él, propiciando sentimientos de arrepentimiento, necesidad de perdón y de entregarse por completo a Dios.

Esto es posible únicamente cuando el corazón se sabe necesitado de Dios, de sus gracias y de su luz; cuando está comunicado con Dios por medio de la oración; cuando ha tomado verdadera consciencia de su pequeñez frente a la magnificencia de Dios y por eso practica de corazón la humildad, que es la puerta para ser agradable a Jesús y entrar en el Refugio de Su Adorable Corazón.

Las palabras y obras pueden manifestar u ocultar el corazón de una persona, es decir, pueden revelar o encubrir los motivos por los cuales realiza o no realiza alguna acción, pero en las Sagradas Escrituras leemos que todo lo oculto quedará al descubierto, y que Dios no se deja engañar por las apariencias, sino que mira las profundidades del corazón, sólo por mostrarlo en algunas de los múltiples pasajes donde podemos leerlo:

“Como un revestimiento de plata en un tiesto de barro, así son las buenas palabras de un corazón perverso. El que tiene odio disimula su lenguaje y esconde en él su maldad. Si expresa buenos sentimientos, no te fíes: siete maldades llenan su corazón. Aunque oculte su odio bajo modales educados, su malicia se manifestará en público.” (Prov 26,23-26)

“Pero Yahvé dijo a Samuel: «No mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Yahvé mira el corazón.»” (l Samuel 16,7).

Efectivamente, Dios conoce sondea y examina cada pensamiento, cada acción, cada motivo del hombre, es decir, conoce los móviles más ocultos y profundos de cada uno (Cfr.: Lc 16,15; He 1,24; 15,8; Rom 8,27; Ap 2,23); por eso es que toda conversión debe ser “de corazón”, puesto que allí es donde la persona concentra todo lo que lo acerca a Dios (o aleja de Él, según decida en el ejercicio de su discernimiento, libertad y voluntad).

La verdadera conversión es el resultado de una actitud humilde, sencilla y una pura intención que añore, por encima de los logros y glorias pasajeras de este mundo, trabajar día con día para darle Gloria a Dios, sin buscar a cambio nada más que reparar todo aquello que lo ofende. Convertirse, es ir buscando y cambiando, cada día, en la propia persona, lo que se aparta de la ley divina y trae consigo un apego a las cosas del mundo, que nos alejan de las cosas de Dios.

“El hombre manso es útil a los demás, porque no hay cosa que más incite a otros a decidirse por el servicio de Dios, que ver a una persona llena de mansedumbre y alegre cuando recibe alguna injuria. La virtud se conoce en el tiempo de la adversidad; así como en el crisol se prueba el oro, así también la mansedumbre del hombre se prueba en la fragua de la humillación.” (PC-76).

Las Palabras del Señor cuando nos invita a aprender de Él la Mansedumbre y la Humildad, nos invitan a recordar que, cada uno en su interior y sin ver la paja en el ojo del hermano, necesita ejercitarse en las aplicaciones más elementales del deber de todo cristiano que dice “amar a Dios” como son: reconocerse pecador y no juzgar a los demás; ser fuente de misericordia para todos, y saber inyectar esperanza en vez de condenar. Es tener un corazón solidario con todos y nunca permitirse ser indiferente con las personas que necesitan de una palabra de consuelo.

Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del Amor del Corazón de Jesús.

Solamente manifestando de esa forma el Reino de Cristo en nuestro corazón y en nuestras vidas, viviendo el mandato supremo de la caridad y esforzándonos por experimentar una conversión profunda, nuestras súplicas y oraciones llegarán al Corazón Jesús que lo sabe todo y escudriña lo más profundo de nuestros seres, conociendo nuestra debilidad, y extendiendo su Mano sobre cada una de nuestras heridas: curándolas, sanándolas con su inmenso Amor y derramando su Providencia en los momentos más difíciles y dolorosos de nuestras vidas.

MEDITACIÓN:

Medita el día de hoy sobre esta Jaculatoria: “Jesús, haz que mi corazón se parezca más al Tuyo”

Durante el día, por la noche, mañana… repite esa pequeña oración y medita sobre las preguntas y el mensaje que está a continuación:

  • ¿Qué debo hacer en mi vida para que esto suceda?
  • ¿Qué cosas debo cambiar, “convertir” para ser más semejante al Señor
  • ¿Cuánto debo crecer en humildad y mansedumbre?

“Hoy llamo a cada uno de Mis hijos por su nombre, vengan a Mí, conságrense y dedíquense por amor a Mi Sagrado Corazón, porque es su verdadero refugio. Aquí Yo les enseñaré a amar según Yo amo. Aquí Yo los consolaré, los confortaré y los aconsejaré. Aquí, en la Hoguera del amor, se purificarán de tal modo que, cuando los llame a Mi casa, Yo mismo los recibiré en el abrazo eterno de la Trinidad.” (ANA-17).

Ayúdanos a enriquecernos con la experiencia de Dios, a través de tus comentarios y participación en la App del ANE.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

Fiesta del Inmaculado Corazón de María

(De EWTN y nuestra Redacción) Esta fiesta está íntimamente unida a la del Sagrado Corazón de Jesús, que festejamos ayer. Ambas fiestas se celebran, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo de Corpus Christi.

Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es a través de María. Por eso nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María “la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes.” Esta fiesta se celebra en la Iglesia todos los años el sábado siguiente al segundo domingo después Pentecostés.

Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la alabamos por la    santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.

Una práctica que hoy en día forma parte integral de la devoción al Corazón de María es la Devoción a los Cinco Primeros Sábados (similar a la de los 9 primeros viernes de Sagrado Corazón de Jesús). En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, vidente de Fátima, y le dijo: “Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación.” Junto a la devoción a los nueve Primeros Viernes, ésta es una de las devociones más conocidas entre el pueblo creyente latinoamericano.

El Papa Juan Pablo II fue quien declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María sería de naturaleza “obligatoria” y “no opcional” en la Liturgia de la Iglesia.

Entreguémonos al Corazón de María diciéndole:

Oh, Señora mía, oh, madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti

Y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día

mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,

en una palabra, todo mi ser.

Y ya que soy todo tuyo, oh, Madre de bondad,

guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Sagrado Corazón de Jesús (Día 18°)

DÉCIMO OCTAVO DÍA:

Habiendo celebrado la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, volveremos a reflexionar hoy sobre las promesas que el Señor le dio a Santa Margarita.

“Yo seré tu fortaleza, nada temas, solo has de estar atenta a Mi Voz y a lo que exija de ti con el fin de prepararte para la realización de mis designios.”

Así como a la Santa, Dios nos llama a todos para escuchar su voz, y aceptar con docilidad los designios que, desde siempre, Él tiene para cada uno de nosotros.

Jesús espera ese generoso, comprometido y fiel, de cada uno de nosotros, y quiere “necesitarnos” para ayudarlo a cumplir la historia de la salvación de los hombres, y de esa forma, lograr cada uno la salvación de su propia alma. Jesús nos trae su Amor. Nos muestra su Corazón, que es el mismo y más puro Amor, y nos invita a resguardarnos en la pureza de ese inmenso Amor, que será la única prenda de nuestra salvación, ya que el mundo sólo se podrá salvar por el amor de ágape (el amor puro que se da simplemente por bondad y misericordia, sin esperar absolutamente nada a cambio).

El Señor le describió a Margarita exactamente de qué forma se iba a realizar la práctica de la devoción a Su Corazón, junto con su propósito, que era la reparación. Finalmente, Jesús mismo le avisa sobre las tentaciones que el demonio levantará para hacerla caer (y de alguna forma, también a nosotros, que nos hemos consagrado a Él a través del Inmaculado Corazón de Su Madre, María). Recordaremos que el Señor le había dicho:

“Primeramente me recibirás en el Santísimo Sacramento, tanto como la obediencia tenga a bien permitírtelo; algunas mortificaciones y humillaciones por ello habrán de producirse y que recibirás como gajes de mi amor. Comulgarás, además, todos los primeros viernes de mes, y en la noche del jueves al viernes te haré participe de la mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos, cuya tristeza te reducirá, sin que logres comprenderlo, a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Para acompañarme en la humilde plegaria que elevé entonces a mi Padre, en medio de todas tus angustias te levantarás entre las once y las doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con la cara en el suelo, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de algún modo la amargura que sentía por el abandono de mis apóstoles, lo cual me llevó a reprocharles que no habían podido velar una hora conmigo. Durante esa hora harás lo que te diga. Pero, oye hija mía, no creas a la ligera todo espíritu, ni te fíes, porque Satanás está rabiando por engañarte. Por eso, no hagas nada sin permiso de los que te guían, a fin de que, contando con la autoridad de la obediencia, él no pueda engañarte, ya que no tiene poder alguno sobre los obedientes.”

A partir de la primera revelación y hasta su muerte, santa Margarita María Alacoque sufriría todos los primeros viernes de mes la experiencia mística de la Llaga del Costado de Jesús. Estos eran los momentos particularmente elegidos por el Señor para manifestarle lo que quería de ella, y para descubrirle los secretos de su Adorable Corazón.

Propósito de la devoción: Reparación al Corazón de Jesús

El motivo u objeto principal de esta devoción debe ser el conocer mejor y, en consecuencia, incrementar el amor profundo a Jesús, como una forma de reparar la falta de amor y agradecimiento de la humanidad hacia su Redentor. NO debemos cultivar esta devoción sólo para alcanzar las promesas ligadas a ella, pero la Iglesia entiende que, si el mismo Jesús quiso darnos un estímulo o incentivo con sus promesas, podemos legítima y provechosamente apoyarnos también en ellas, a fin de fortalecer nuestra débil voluntad para el servicio a Dios y el esfuerzo por cumplir nuestra misión dada por Él, dentro y fuera del Apostolado, que como sabemos, está muy relacionado en su espiritualidad con esta hermosa devoción.

En efecto, recordemos que, como Apóstoles de la Nueva Evangelización, debemos de llevar muy grabados y sellados en nuestro corazón la oración, la adoración Eucarística, el servicio a Dios a través de las Obras de Misericordia con nuestros hermanos, y el amor, veneración e imitación de la Santísima Virgen María.

Las “doce promesas”, con las que el Señor, que es el Dios de la verdad y del don, se compromete a bendecir a quienes cultiven y propaguen esta Devoción, son las siguientes:

Doce Promesas:

1.- Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.

2.- Estableceré la paz en sus hogares.

3.- Los consolaré en todas sus aflicciones.

4.- Seré su refugio en su vida, y sobre todo en la muerte.

5.- Bendeciré grandemente todas sus empresas.

6.- Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.

7.- Las almas tibias crecerán en fervor.

8.- Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.

9.- Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.

10.- Daré a los sacerdotes el don de tocar a los corazones más empedernidos.

11.- Los que propaguen esta devoción, tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y de Él, nunca serán borrados.

12.- Nueve primeros viernes: Yo les prometo, en el exceso de la infinita misericordia de mi Corazón, que Mi amor todopoderoso les concederá, a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: no morirán en desgracia ni sin recibir los sacramentos; Mi divino Corazón será su refugio seguro en este último momento.

A través de todos los conocimientos que el Señor nos ha revelado con la devoción que ayer festejamos litúrgicamente: Su Sagrado y divino Corazón; manan sin detenerse nunca para el mundo entero, tres ríos inmensos e insondables:

– El primero es el de la Misericordia para con los pecadores, sobre los cuales vierte el espíritu de contrición y de penitencia. (1)

– El segundo es el de la Caridad, en provecho de todos los aquejados por cualquier necesidad y, principalmente, de los que aspiran a la perfección, para que encuentren la ayuda necesaria para superar sus dificultades (2)

– El tercer río es de donde manan el amor y la luz para sus amigos ya perfectos, a los que quiere unir consigo para comunicarles su sabiduría y sus preceptos, a fin de que ellos a su vez, cada cual, a su manera, se entreguen totalmente a promover Su Gloria.

(1) Más adelante, en futuras catequesis, reflexionaremos cómo la devoción del Sagrado Corazón se une a la de la Divina Misericordia, proveniente de las revelaciones hechas por el Señor a Sor María Faustina, y de qué manera se relacionan ambas con la Gran Cruzada.

(2) También podremos reflexionar acerca de lo que, como Apostolado, nos une a esta devoción, úes de alguna manera el ANE, viene a ser como “un hermano menor” y una extensión contemporánea de ese manantial de gracias y promesas del Sagrado Corazón.

Requisitos para alcanzar las promesas:

Para ganar las 12 gracias que el Señor prometió brindar a quienes cultiven y promuevan esta devoción, pidió que las almas se comprometieran por su parte a:

1.- Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos.

2.- Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

3.- Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

4.- Rezar la siguiente Oración: “Oh Dios, que, en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor.” Amén. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti Confío.

MEDITACIÓN:

Hemos leído hoy nuevamente que el Señor le dijo a santa Margarita que el demonio no tiene poder alguno sobre los obedientes… Esto es algo muy importante, que debemos de recordar, especialmente aquellos a quienes (y especialmente cuando) nos cuesta obedecer.

Sabemos que el demonio puede incluso fingir humidad, pero obediencia, nunca; por eso es que en la obediencia está la clave para vencer en el combate espiritual.

Hoy le pediremos al Señor, de manera especial a lo largo de todo el día, que por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, nos ayude a tener un corazón obediente, como lo fueron los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

Reflexionemos cómo, este Corazón Divino de Dios, es un abismo de todos los bienes, en el que todos necesitamos sumergir nuestras miserias, como expresaría Santa Margarita: es un abismo de gozo, en el que hay que sumergir todas las tristezas, es un abismo de humildad contra nuestra soberbia e ineptitud, es un abismo de misericordia para los desdichados, y es un abismo de amor, en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia.

Amemos en este día al Señor, tratando de agradecerle por tanto amor, y procurando darle lo mejor de nosotros mismos en cualquier situación que nos encontremos y con toda acción que realicemos.

Meditemos qué parte de nosotros, de nuestra vida e historia, quisiéramos sumergir en Su Adorable Corazón, para recibir de Él los consuelos, el perdón, la luz, la guía y la sanación.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 17°)

DÉCIMO SÉPTIMO DÍA:

Es en el amor donde se encuentra la plenitud de Dios. Quien en su corazón tiene amor verdadero, tiene a Dios en su vida, y sus acciones reflejarán el Rostro del Dios invisible, haciéndolo próximo y material, en cada acción misericordiosa que se realice.

Hoy, reflexionaremos sobre el Rostro Visible del Dios invisible…

La plenitud del amor se encuentra en la ley de Dios, que está basada en el amor. Este amor no puede entenderse únicamente como un sentimiento que se tiene en lo más profundo del corazón, sino que se manifiesta y se materializa, a través de mil formas y de miles de detalles en el día a día.

“Quien dice ‘yo amo a Dios’ y no ama a su prójimo, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”, dice con mucha lógica y de manera categórica en su madurez el apóstol San Juan. (1Jn 4,20)

El mensaje del Sagrado Corazón, sobre el amor, es igualmente contundente: Para salvarse se necesita de obras. Obras hechas desde y con el corazón. El Reino de Dios lo construyen personas que están comprometidas, desde lo más profundo de su alma, a transmitir ese Amor de Dios, tanto a través de las acciones más sencillas del día a día, como en aquellas que se deba de tener una “valentía superior” para afrontar el sacrificio. Por eso la Iglesia, al iniciar los procesos de beatificación, para llevar a los altares a los santos, una de las primeras cosas que evalúa y juzga es si la persona vivió virtudes heroicas, la principal de ellas, la caridad. Una persona que no sea caritativa, por supuesto que no será santa, pues es el amor lo que nos hace reconocer como discípulos de Cristo: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.” (Jn 13,34-35)

Lo que hace a un ser humano, “especial”, es precisamente ese caminar del día a día. Todo lo pone en Manos de Dios, y su fe y confianza, hacen que espere todo de Él. Su fe es grande al punto que, la esperanza puesta en Dios trasciende a su vida cotidiana, contagiando esa confianza a los que le rodean. Todo espera y confía del Dios que hace Maravillas.

Un verdadero hijo de Dios es aquél que hace lo ordinario de manera extraordinaria. ¡Y Ahí está la clave de la santidad!

Jesús nos muestra Su Corazón, y por esta devoción nos hace recapacitar acerca del compromiso que todos debemos asumir para poder llegar al Cielo. Para eso hemos sido creados… no debería ser cuestión de opción libre y espontánea. El hombre, no debería ni siquiera pensar en la probabilidad de la condenación, ya que no hemos sido creados para vivir la eternidad junto a Dios. Nadie debería condenarse, sin embargo el hombre, como hemos dicho anteriormente, ha usado su libertad para alejarse de Dios y vivir una vida de libertinaje, haciendo a un lado la ley del amor que está sellada en su corazón desde su concepción. Ha decidido vivir sin Dios, haciendo de su vida una completa distorsión de lo que realmente debería de ser, actuando en contra de Aquél al que le debe todo y por el que debería vivir para ser pleno y feliz.

El hombre corre a su perdición por apartarse del plan de Dios. Se ha dejado engañar por los destellos del mundo, que ofrecen una forma de vivir en la que cada uno es su propio dios. El individualismo egoísta -sutil engaño del demonio- aparta de su fin último al hombre y de la verdadera razón por la que ha sido creado: AMAR Y DARSE A LOS DEMÁS.

Jesús nos enseña, con Su Testimonio, que el verdadero amor se manifiesta en el trabajo diario. En un trabajo que sea realizado de manera excepcional; que sea hecho con perfección, para servir y tener muy a gusto a los demás. La clave de la salvación y de la santidad, finalmente, está en el servicio esmerado y entregado por amor, compartiendo con los hermanos las alegrías y las penas, y lo que el buen Dios nos dé para compartir.

El Apóstol de la Nueva Evangelización, en su misión de servir, debe de tener siempre presente que este servicio, además de ser humilde y desinteresado, debe ser entregado con pureza de intención, en cualquiera de los ministerios y en el cargo en donde éste se entregue. Debe ser bien comprendido y asimilado que, al que se sirve, es al Señor en la figura del hermano, por lo tanto, ese servicio debe de ser realizado con caridad profunda, con humildad verdadera y generosidad absoluta; poniendo siempre el bienestar del hermano por encima del propio. No hay tiempo para perder… Como podemos ver claramente, las horas son extremas. Dios necesita de nosotros para que muchas almas se salven. Necesita de nuestra Conversión profunda, del Compromiso verdadero de todos, y de la Comunión perfecta, en la que todos los “yo” desaparecen porque somos todos UNO, para que el mundo crea, para que en el trabajo cotidiano, el Amor de Dios sea fielmente transmitido y logre transformar corazones, alejándolos de esos espejismos de los cuales, el enemigo de las almas se sirve, para atar y cegar al ser humano, haciendo que los corazones, respiren egocentrismo, egoísmo, soberbia y toda clase de males.

Entonces, el ANE-hermano vive su compromiso con Dios y con la Obra tratando de que su trabajo diario sea realizado con perfección, para servir a los demás como si estuviera sirviendo, de manera directa, a Cristo; viendo la cara de Cristo en los demás, para que ellos puedan ver en nuestras caras a Cristo, como dicen nuestros documentos. Lo ordinario convertirlo en extraordinario, regalando sonrisas en donde se encuentra tristeza, perdón donde hay rencores, acompañamiento donde la soledad abunda, misericordia donde el mundo ha maltratado y humillado la dignidad de los hermanos o hermanas, siempre caminando en conversión, compromiso y comunión, sólo para Gloria de Dios.

Dios, nuestro Padre, nos da siempre las ocasiones para ejercitarnos en las virtudes, y así practicar la fortaleza, la templanza, la caridad, la justicia, la sinceridad, la obediencia…

Cultivando esas virtudes, el verdadero cristiano no puede descuidar la responsabilidad que tiene en medio del mundo, y la forma de reaccionar ante las necesidades de los demás. Es preciso que, en justicia, trabajemos en la mies del Señor que nos llama a ser instrumentos de paz y medios precisos para que su Palabra llegue hasta los últimos confines del mundo.

¿Qué haría que un hombre se condene? La Palabra de Dios es enérgica, y para esto Jesús nos dice con claridad: “Luego dirá a los de la izquierda: ‘Apártense de Mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, fui emigrante y no me acogiste, estuve desnudo y no me vestiste, enfermo y en la cárcel y no me visitaste. Entonces responderán también ellos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o emigrante o enfermo o en prisión y no te asistimos? Y él les contestará: Les aseguro que cuando no lo hicieron con uno de esos pequeñuelos, tampoco conmigo lo hiciste. Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna’.” (Mateo 25, 41-46).

Cristo nos ha llamado y espera que lo sigamos. Él nos ha amado primero, y espera que su Amor sea correspondido, suscitando en cada uno no solo sentimientos de amor, sino amor verdadero, que sea el resultado de una fe fuerte y madura, que crea, confíe y actúe en donde el Señor lo haya puesto, y su misión le indique. La llamada no es improvisada, sino que forma parte de un todo; forma parte del eterno designio de Dios, pues aquellos a los que Él Ama y son predestinados, también los escoge y llama. Este don divino es gratuito, y se nos entrega por la inmensa e insondable Misericordia de Dios, que quiere que todos sus hijos se salven, para lo que da, a cada uno, en todo momento justo aquello que necesita, para cumplir esta misión.

Es decir que, la vocación que cada uno de nosotros tiene, no es aquella que nosotros “queremos”, en determinado momento, porque se nos antoja, sino que va mucho más allá: tiene su origen en los eternos designios de Dios, Quien por eso mismo espera que, habiéndola recibido, sea aceptada por nosotros de buen agrado y correspondida con docilidad, poniendo nuestra vida y nuestra voluntad, en la Santa Voluntad y Sabiduría del Padre, que en Su Sagrado Corazón, quiere, para cada uno, la felicidad y el gozo, no sólo en la eternidad, sino ya comenzando en esta vida terrena: “Pues consideren, hermanos, su llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte” (1Corintios 1,26-27)

Dios nos ha llamado a servirle en esta Obra, y espera y confía en cada uno de nosotros, para que utilizando los dones, virtudes, talentos y carismas que nos ha dado para el cumplimiento de nuestra misión, trabajemos en comunión con verdadera generosidad, entrega, humildad y obediencia, para llevarle muchas almas y lograr con esto, la venida y establecimiento del Reino de Dios en la Tierra y nuestra propia salvación. Él espera que nuestro servicio y compromiso, lleven a los hermanos con los que tenemos trato, a ver EN nosotros el Rostro invisible de Dios.

Así como algún día, un hermano que era atendido por la Santa hermana Teresa de Calcuta le dijo: “Hermana, yo no creía que Dios existía. Pero hoy he comprobado que sí. Si Dios tuviera rostro, sería como tú…” Ese es nuestro desafío. A eso los integrantes del ANE estamos llamados. Nuestro Apostolado será y ya es, como lo prometió el Señor, un semillero de santos, donde cada persona que reciba de uno de los ANE-hermanos, cualquier servicio, sienta a través de él, el AMOR DE DIOS, COMPROBANDO QUE “SÍ EXISTE”.

MEDITACIÓN:

Nadie se merece lo que tiene, y Dios en Su Misericordia, te ha dado muchas virtudes que debes de cultivar y ponerlas al servicio de los demás.

El día de hoy medita y agradece por toda la Misericordia y Providencia que el Señor ha tenido a bien dispensarte, y en actitud de oración, pídele al Espíritu Santo que te ilumine, y sepas discernir y ver con claridad, qué es lo que Dios quiere de ti, de ahora en adelante.

Analiza si la misión que has estado llevando a cabo, está de acuerdo con el plan de Dios en tu vida, y si ésta, va de acuerdo con la ley de amor que Jesús vino a enseñarnos a través de Su Testimonio.

¿Amo lo suficiente? ¿Ayudo lo suficiente? ¿Me entrego lo suficiente? ¿Soy coherente con lo que digo, pienso y hago? Mi amor, ¿es realmente generoso? Mi servicio, ¿es desinteresado? Mis acciones, ¿son llevadas a cabo siempre con pureza de intención? ¿Trato a todos por igual, sin sentir envidia o resentimiento por aquellos hermanos que a mis ojos, han “recibido más”? ¿Trato de luchar contra mis defectos, siendo dócil a las correcciones, reconociendo en humildad mis errores, y trabajando seriamente para mejorar en esos aspectos?

En mis oraciones de hoy, le pediré al Señor, a través de María, que me ayude a comenzar nuevamente, un camino de transformación interior: de profunda, completa y definitiva Conversión, con mayor Compromiso y en total Comunión con mis hermanos, especialmente con quienes más me cueste (Co-Co-Co).

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

OCTAVO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del noveno día: Ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor

¡Oh, Corazón dolorosísimo de Jesús!, que para ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor con que padeciste tantos dolores y penas para salvarnos, los quisiste representar en la Cruz, Corona de espinas y Herida de la lanza, con que los manifestaste paciente y amante al mismo tiempo. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, correspondiendo agradecido a Tu Amor, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto agradable a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Feliz, fructífera y bendecida consagración a todos los que se prepararon para hacerla hoy

Sagrado Corazón de Jesús (Día 16°)

DÉCIMO SEXTO DÍA:

Ayer reflexionamos sobre qué nos moviliza a actuar; qué hay en el fondo de nuestros pensamientos; cuál es el fin último de nuestros actos, y si realmente tenemos a Jesús como nuestro Camino, nuestra verdad, y el centro de nuestra vida.

Seguiremos trabajando bajo estos dos criterios, como pilares del verdadero amor que todo cristiano, pero especialmente nosotros, como miembros del Apostolado de la Nueva Evangelización, por la misión que el Señor nos ha encomendado, debemos de establecer como regla de vida: Entregarnos a los demás a través de las obras de misericordia.

“Si no aprendemos de Jesús, no amaremos nunca. Si pensásemos, como algunos, que conservar un corazón limpio, digno de Dios, significa no mezclarlo, no contaminarlo con afectos humanos, entonces el resultado lógico sería hacernos insensibles ante el dolor de los demás. Seríamos capaces sólo de una caridad oficial, seca y sin alma, no de la verdadera caridad de Jesucristo, que es cariño, calor humano.” (San Josemaría Escrivá de Balaguer)

El amor está profundamente arraigado en el corazón del hombre; de manera que, lo verdaderamente importante, es modelar y orientar ese amor; es decir, darle la forma adecuada y decidir bien hacia dónde destinamos ese amor. El amor oblativo (de entrega) a Dios y a los demás, es el ideal a alcanzar.

Jesús nos dice que Él nos ha amado primero, suscitando en nosotros una respuesta a ese infinito Amor, que nos motiva y ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos, como respuesta al Amor de Dios.

El hombre, por naturaleza, necesita ser aceptado, reconocido, sentirse pertenecido, en resumen, amado. Y cuando esta necesidad de amor no está satisfecha, la mente (pensamientos, sentimientos, reacciones, procesos), corre detrás del corazón, llevando consigo sus miedos, inseguridades, necesidad intensa de ser acogido, aceptando de este modo cualquier, – y decimos en serio cualquier-, idea que le haga sentirse amado.

La psicología nos enseña que, lo que termina de darle sentido a la vida de un hombre, es el amor, y que cuanto más hondo sea ese sentimiento y cuanto más represente ante los ojos del individuo, aquella persona a la cual ama, el sentirse correspondido por ella le hará un individuo más centrado, seguro de sí mismo y completo. Entonces, si el sentirnos amados nos ayuda a ser mejores personas, y cuanto más importante sea la persona que nos ama, mejor nos sentiremos, pensemos cuánto bien podrá hacerle al ser humano el sentirse y saberse verdaderamente amado por todo un Dios… Por eso, ESE ES y debe de ser SIEMPRE el centro de nuestra predicación: el amor infinito de Dios; no el temor al castigo del fuego eterno, no los perfumes de rosas cuando se reza el Rosario, no los diez mandamientos aprendidos de memoria… el amor infinito que Dios nos tiene, que lo vemos en el ardiente Corazón de Jesús, pues Él nos lo muestra, para que aprendamos a tener un corazón como el Suyo.

En la extensa lista de los hombres y mujeres ilustres y santos que ahora conforman la Iglesia Triunfante del Cielo, podemos darnos cuenta, leyendo sus biografías, cómo en cada uno de ellos existe el mismo denominador que los une; este común denominador es el saberse y sentirse amados primera y plenamente por Dios, y esa profunda conciencia, provocó en sus corazones, sentimientos de pertenencia, consuelo, gozo, acompañamiento, que los llevó a una total y radical conversión. Sus vidas se transformaron de tal manera, que llegaron a alcanzar las cumbres más altas de todas las virtudes, ya que, la Persona amada; aquella que les dio la motivación y fue garantía de todo consuelo, fue el mismo Dios.

En ellos vemos reflejado el Rostro del mismo Jesús. El Amor manifestado por Dios hacia cada uno, dio como resultado, no sólo una respuesta de vuelta de amar más intensamente a Dios, sino la de configurarse a la esencia de Jesús. Hacerse poco a poco a semejanza del Hombre-Dios. Ese es el mensaje transmitido por Jesús. Ahí es donde Santa Margarita intenta llevarnos, a través de la devoción al Sagrado Corazón. Es donde ella asimismo, fue llevada y levantada del mundo, para convertirse en una verdadera hija de Dios.

Jesús quiere poner Su Corazón en nuestros corazones. Quiere cambiar nuestros sufrimientos, en alegrías. Nuestros fracasos en triunfos; llenar nuestras soledades con su santa compañía; trocar nuestro desánimo en una esperanza que motive y nunca se evapore a causa de las cruces del día a día.

¡Cómo puede cambiar y transformarse la vida de alguien, cuando comprende y comprueba, que no está solo!  Cuando comienza a sentir que su caminar está siempre acompañado, y no de cualquier persona, sino de la Persona más Noble, Fiel, Amorosa, Buena, Santa y, además, Todopoderosa que existe.

¿Quién no quisiera llevarse con algún personaje que tuviera cierto poder, que pudiera tener ciertas ventajas, que pudiera ayudarnos en los momentos que necesitáramos, y que su fuerza fuera tan grande, que nuestros problemas fueran, en la medida de sus posibilidades, resueltos…? ¡Todos!

Bueno, ¿qué pasaría si entendiéramos de una vez que Jesús, que añora ser amado y reconocido por nosotros, es Aquél que tiene toda la autoridad en el cielo, en la tierra y en los abismos, y es Creador de todo lo visible e invisible, así como protector y dador de toda clase de bienes temporales y espirituales? ¿Y por qué no nos sentimos absolutamente honrados por su amistad y vamos definitiva e incansablemente detrás de Él, sabiendo todo esto?

Desgraciadamente, ¡lo sabemos!  pero no lo terminamos de reconocer, no lo recordamos en todo momento, no nos decidimos a la conversión (que es seguimiento completo, profundo y definitivo) porque nos hemos vuelto duros de corazón, ciegos con las cosas del mundo y esclavos de lo pasajero e intrascendente. El enemigo nos ha convencido, sutilmente, de que lo que importa es vivir tu vida sin tener que dar explicación a nadie y haciendo lo que tú quieras, sin importar nada, total, la vida es muy corta, y por eso, ¡hay que disfrutarla!

Esta manera de proceder ha hecho que el hombre hoy día se sienta vacío, sin rumbo, sin una misión que llene su existencia y lo motive a seguir luchando por conceptos nobles y santos. Esta forma de vida, basada en conductas egoístas y “autosuficientes”, ha provocado que el mundo de hoy QUIERA VIVIR SIN DIOS.

Entonces, ¿Por qué el hombre no es feliz? Simplemente porque se ha alejado de su propia imagen. De esa imagen que, desde que fue creado, Dios ungió en su corazón: la imagen de Dios en su alma. Porque ha vivido siendo algo que NO ES: Un individuo que puede transitar solo por el mundo, creyéndose el rey del universo, complaciente con sus defectos, y, por lo tanto, sin necesidad de pedir el perdón y sentir el consuelo de Dios por la culpa de sus faltas cometidas.

El hombre se mira al espejo y ve algo que no le termina de gustar, pero no quiere aceptarlo. “Vive sin culpas”, le dicen los mensajes de autoayuda; “Disfruta de todo”, le sugiere el mundo… Ve una imagen desfigurada de un ser, que, por esencia, debería tender a la perfección y sentirse amado, aceptado, valorado y acompañado, nada menos que por su Dios. Sin embargo, nada de eso siente, sino soledad, infelicidad, intrascendencia, vacío… podríamos decir que se siente, aún sin darse cuenta, HUERFANO.

¿Quién es? ¿para qué vive? ¿Qué objeto tiene el estar aquí y sentirse así? ¿Hasta cuándo? ¿para qué le sirven el dinero, la belleza el poder, si nada de eso le da paz, alegría, gozo, IDENTIDAD?

Y también al contrario: ¿para que seguir viviendo, luchando, en una situación de pobreza, enfermedad, ignorancia, si no se encuentra el sentido purificador y trascendente de todo esto, y la vida se torna cada vez más miserable e insufrible?

¡EL HOMBRE SE ENCUENTRA ESCLAVO DEL MUNDO, LAS PASIONES Y EL DEMONIO!

Y…  ¿ahora…?

¡AHORA DIOS! Aquí está la solución. Cuatro letras que dan todo. Que dan muchísimo más de lo que exigen, y que nunca se dejan ganar en generosidad.

Entonces, regresando al punto de partida, de que el “corazón” humano es el centro y la raíz de la personalidad, como dicen las Escrituras, y que es en él dónde tienen origen todas las acciones, debemos querer experimentar, en primer plano, la presencia y amor de Dios en nuestras vidas.

Como segundo paso, y muy importante, reconocernos pecadores, miserables, imperfectos y con la urgente necesidad de recibir ayuda de Dios. Hemos de pedir al Señor que nos conceda un corazón puro, bueno, limpio, que aprenda a ver con ojos llenos de bondad, que se perdone y que aprenda a perdonar a los demás; que ame y que sienta la necesidad de recibir a su vez, amor; que reconozca que todo lo que tiene, recibe, logra, respira, es por la Voluntad de Dios, que manda o permite todo, y que nada es por SÍ MISMO, sino por la Bondad y Providencia de Dios; que si permite dolores, es para un bien mayor, aunque no podamos entenderlo ahora.

El Sagrado Corazón nos trae la invitación de Dios, que nos motiva a reiniciar el camino AHORA; a retomar nuestra vida desde una perspectiva de amor, paz y perdón.  Jesús nos recuerda hoy nuevamente, la Buena Nueva de la Salvación que Es Él Mismo.  Nos dice que necesitamos de una limpieza profunda de corazón; un “reset” en nuestra alma; en nuestra capacidad de compadecerse de las penas de los demás hermanos; en nuestra capacidad de comprender que, para remediar los tormentos y cruces tan pesadas que acompañan y muchas veces angustian a las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad…  todos los demás “consuelos”, apenas sirven para distraer un momento, y dejar más tarde la amargura y desesperación.

Para terminar este día con nuestra lectura, pidámosle al Espíritu Santo que sea Él, Quien, con su Luz y Dirección, nos muestre el verdadero camino que Jesús quiere que transitemos con Él, para que de esa forma, nuestra vida sea plena y llena de frutos dignos de entregar al Señor, como ofrenda de nuestra vida, en unidad y obediencia a su Ley de Amor.

“Es el amor lo que da precio a todas nuestras obras; no es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras por lo que agradamos a Dios, sino por el amor con que las hacemos” (San Francisco de Sales).

MEDITACIÓN:

Medita sobre esto el día de hoy:  Si en verdad quieres cambiar y que tu vida sea un claro reflejo de la presencia de Dios; Si quieres ayudar a los demás, has de amarlos, con un amor que sea comprensión y entrega, afecto y voluntaria humildad, misericordia y perdón.

Así entenderemos por qué el Señor decidió resumir toda la Ley en ese doble mandamiento, que es en realidad un mandamiento solo: el amor a Dios y el amor al prójimo, con todo nuestro corazón y desde lo más profundo de nuestro ser.

Reflexiona: ¿Cómo está el estado de tu alma con respecto a Dios? ¿Cómo está el estado de tu alma con respecto al trato con tu prójimo? ¿Amas a Dios como Él quiere ser amado, a través de los más pobres? ¿Te falta perdonar o pedir perdón a alguien, para que tu ofrenda sea aceptable y totalmente digna, ante el Altar del Señor? ¿Qué esperas para hacerlo?

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

OCTAVO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del octavo día: Vivir siempre respirando llamas de amor divino

¡Oh Corazón amantísimo de Jesús, trono ígneo y lucidísimo, inflamado en el amor de los hombres, a quienes deseas abrasados mutuamente en tu amor! Yo deseo vivir siempre respirando llamas de amor divino en las que me abrase, y con las que encienda a todo el mundo, para que te corresponda amante y obsequioso. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 15°)

DÉCIMO QUINTO DÍA:

Ayer comentamos que, si no amamos con el Corazón de Cristo, de tal forma que aprendamos a servir con pasión, con compasión, determinación y perseverancia, defendiendo la verdad claramente con amor, NO HABREMOS ENTENDIDIO NADA DE LO QUE JESÚS VINO A ENSEÑARNOS…  en tal caso, las Palabras de Jesús dirigidas a Felipe, en la última Cena, debieran resonar para nosotros en este momento: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, y ¿todavía no me conocen?”  (Jn 14,9). 

Jesús nos interpela hoy y nos pregunta, ¿Cuáles son aquellos principios o ideales que nos motivan a actuar…?  ¿Qué hay en el fondo de cada acción, de cada situación, de cada acto que realizamos…?

Siempre, en la vida de todo ser humano, hay principios, doctrinas o ideales que nos movilizan, inspiran, marcan el rumbo, sea consciente o inconscientemente… Por eso nos dedicaremos hoy a reflexionar sobre este importante aspecto de nuestra vida, para analizar si el corazón y la razón están trabajando en conjunto, haciendo que nuestra vida sea coherente, o están, como muchísimas veces sucede, tirando la razón para un lado, y el corazón para otro, dando como resultado que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones estén separados, sino francamente enfrentados, impidiéndonos llevar una vida del todo coherente.

“¿Hace tanto tiempo que me conocen, y todavía no aprenden nada…? Tal vez el Señor hoy nos diría esto, viéndonos a los ojos con una Mirada llena de Misericordia, pero con un toque de tristeza… ¿Qué te moviliza? ¿Qué hay en el fondo de tus pensamientos, de tus actos…?

El Sagrado Corazón de Jesús viene a recordarnos, como esa noche les dijo a Felipe y a los otros, que Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6-8) de manera que, la devoción revelada a Santa Margarita tiene como objetivo que el hombre, especialmente hoy, vuelva sus ojos a Dios y transforme su corazón (todo su ser, desde la concepción bíblica del vocablo) para que, así como para Jesús, su Padre lo era Todo, así también Jesús lo sea todo para nosotros.

Mostrándonos Su Sacratísimo Corazón, humanado por nuestro amor, nos recuerda igualmente que, si lo tenemos a Él como Todo, alcanzaremos lo que queremos, si es para el bien de nuestras almas, y nuestras obras serán grandes, ya que estarán hechas para Gloria de Dios, y Dios será el que actúe a través de nosotros.

¿Nos hemos preguntado últimamente, por qué los Santos hicieron lo que hicieron, o alcanzaron las altas cumbres que alcanzaron…? Porque tenían muy grabado en su CORAZÓN, que Jesús lo era TODO para ellos: “Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta” (Santa Teresa de Ávila).

La Biblia en sus diferentes libros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, nos hace notar la realidad del hombre frente a Dios, y nos revela de una manera simple, pero aleccionadora, las acciones y procesos que se llevan dentro, en lo profundo del corazón del hombre.

Primero, debemos notar que los profetas o evangelistas que nos traen la Palabra de Dios hasta nuestros días, siempre fresca, siempre latente, siempre contemporánea por la acción directa del Espíritu Santo, nos describen a un Dios que SE HACE CERCANO POR AMOR y camina junto a su pueblo; el pueblo de ayer, de hoy y el de los últimos tiempos.

La tradición de la Iglesia, la historia, la fe, nos hacen llegar al momento donde vemos ese caminar desde un punto inimaginable; indescriptible… jamás se habría podido pensar que fuera el mismo Señor, que se hace Uno con nosotros y camina con nosotros, nos muestra su Corazón Amante de hombre que desea sentir amor. Es ese Sacratísimo Corazón del Dios Amor que no es Amado -como diría San Francisco de Asís- que permanece con nosotros siempre y lo estará hasta el final de los tiempos.  Es el mismo Jesús, Dios Todopoderoso y Eterno; Alfa y Omega, que permanece en su Iglesia, se queda en la Eucaristía, se queda en Su Palabra, se queda en la persona de los pobres y se queda con nosotros, caminando día a día, sintiendo, amando, esperando, perdonando y muchas veces, aguantando…

Terminamos nuestra reflexión de hoy con el mensaje que el Papa Francisco nos compartiera en su Homilía para conmemorar la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón en el año 2013:

“Esta es la cercanía. El pastor cercano a su rebaño, a sus ovejas, a las que conoce una por una. Jesús quiso mostrarnos Su Corazón como el Corazón que tanto Amó. Por ello hoy hacemos esta conmemoración. Sobre todo, del Amor de Dios. Dios nos ha amado, nos ha amado mucho. Pienso en lo que nos decía San Ignacio […] nos indicó dos criterios sobre el amor. Primero: el amor se manifiesta más en las obras que en las palabras. Segundo: el amor está más en dar que en recibir.”

MEDITACIÓN:

Hoy, medita sobre aquellas cosas que brindas al Apostolado (servicio, conocimiento, habilidades, tiempo, dinero), y reflexiona, desde lo más profundo de tu corazón: ¿qué es lo que te mueve a actuar?  ¿Qué hay en el fondo de cada acción, situación, acto que realizas? ¿Es Él tu Camino, tu UNICA Verdad y tu Vida…?  Pasa absolutamente todo lo que haces a través del colador de la pureza de intención, para que tu ofrenda y oblación sean verdaderamente agradables a Dios. Reflexiona en esta frase: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes y, ¿todavía no me conocen…?

Realiza tu oración agradeciendo por la oportunidad que Dios te da, de unirte a su misión y pídele perdón, si fuera necesario, por las veces que no fue sólo el amor a Él y a tus hermanos lo que te guió en las acciones, con todo esto que vienes meditando. Si quieres compartir tu meditación, escríbela en la App del ANE, para que nos edifiquemos todos con las experiencias de los hermanos.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

———-

Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

SEXTO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del séptimo día: Mis peticiones, para conseguir el fruto que deseo

¡Oh Corazón clementísimo de Jesús!, Divino propiciatorio, por el cual ofreció el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones, diciendo: “Pídeme por el Corazón de Mi Amantísimo Hijo Jesús; por este Corazón te oiré, y alcanzarás cuanto me pides.” Presento por Tu intercesión, Jesús Divino, a Tu Padre Eterno, todas mis peticiones, para conseguir el fruto que deseo. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh, Amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 14°)

DÉCIMO CUARTO DÍA:

“Me produce una honda alegría considerar que Cristo ha querido ser plenamente hombre, con carne como la nuestra. Me emociona contemplar la maravilla de un Dios que ama con corazón de hombre” (San Josemaría Escrivá de Balaguer)

Siguiendo con nuestras meditaciones acerca del Corazón de Jesús, y el significado profundo del concepto de “corazón” en la teología espiritual, continuaremos ahondando sobre la importancia de este vocablo, que las Sagradas Escrituras utilizan constantemente. De esa forma, entenderemos mejor los “porqués” de esta maravillosa devoción.

Como vinimos viendo, la palabra “corazón” en hebreo y en griego, no son utilizadas para designar únicamente el órgano del cuerpo, sino que se refieren a una totalidad del ser humano, como creatura de Dios, hecho a imagen y semejanza de Él. Hemos visto igualmente, que en el corazón (la Biblia utiliza el vocablo para referirse a ese lugar donde ocurren los procesos humanos de la libertad, la inteligencia y la voluntad) están comprendidos los valores, los anhelos, las decisiones, los pensamientos, deseos, alegrías y tristezas; y que de alguna manera, configuran en su totalidad, el modo en el cual se desenvolverá la vida del hombre.

En efecto, en las Sagradas Escrituras, tanto en el Nuevo, como en el Antiguo Testamento, el corazón es utilizado para encriptar las emociones y sentimientos más profundos e importantes de la persona. Por ejemplo, el Salmo 12 (11), 6, habla sobre la alegría que el corazón siente: “Al corazón pertenece la alegría: que se alegre mi corazón en tu socorro”; y en Salmo 21 (20),15, sobre el arrepentimiento que el corazón siente ante los pecados que ese mismo corazón comete frente al Señor: “Mi corazón es como cera que se derrite dentro de mi pecho”.

También en el Nuevo Testamento habla nuestro Señor sobre el corazón, refiriéndose al lugar donde el ser humano guarda sentimientos de culpa o de temor: “No se turbe su corazón, crean en Mí” (Jn 14,1).

De igual manera, en San Mateo 15,19, el Señor nos resume los pecados que pueden anidarse en el corazón del hombre y que dan pie a las malas conductas ofendiendo a Dios: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias…”  solo por citar algunos ejemplos sobre la forma en la que las Escrituras utilizan la palabra corazón, como ese lugar donde va a configurarse la persona humana en su totalidad.

Ya san Bernardo de Claraval (1090-1153), en sus escritos y enseñanzas puntualiza este uso de la palabra corazón, acentuando especialmente su significado en la tradición cristiana teológica y espiritual, en una visión cristológica, centrando totalmente la atención en el Corazón Sacratísimo de Jesús, que es la sede misma de donde brota el Amor Infinito de Dios.

A partir de aquella época, hace mil años, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús fue extendiéndose de a poco, principalmente por medio de los monjes, cistercienses, primero y luego dominicos y franciscanos, pero recibió un impulso especial con santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), hasta el punto de llegar a ser, desde entonces hasta nuestros días, una de las devociones más importantes de la espiritualidad católica.

Y es que para la literatura espiritual, en el centro, eje, o núcleo de la persona humana está el corazón, de manera que desde allí nacen y salen a la luz todo pensamiento, todo sentimiento y toda acción, y allí se sitúan las inspiraciones de Dios, pues allí mismo es donde habita el verdadero amor (*), y significa muchísimo más que solo “sentimiento”, pues allí está “el toque de personalidad”, que hace que una persona sea como es y se desenvuelva como lo hace. “Es lo que la hace ser…”; encierra a toda la persona en el uso  de sus potencias (raciocinio, libertad y voluntad), que la hacen querer, amar y tratar a los demás; que la hacen ser lo que es y sentir lo que siente; ser capaz de sentir compasión y misericordia, como Jesús las sentía.

(*) Habitar es un verbo que la teología y la filosofía cristianas, especialmente en los siglos pasados, ha utilizado para simbolizar la presencia y la acción de Dios en la vida de los seres que lo aman.

Tratando de sintetizar lo visto hasta ahora, podemos decir que, los escogidos por Dios para que las Escrituras y su Palabra lleguen hasta nosotros, se expresan bajo esta acepción amplia del vocablo, considerando al corazón como el “recipiente” y a la vez el fondo de los pensamientos más profundos y sagrados, el resumen y la fuente de las palabras y las acciones humanas. Ellos, que han recopilado y recogido las Sagradas Escrituras con la Luz y la Sabiduría del Espíritu Santo que los movió a hacerlo, se han expresado de este modo para que podamos entender de una manera más simple y concreta las cosas Divinas.

“Donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón” (Mt 6,21).

Las Escrituras puntualizan el hecho de que el mismo Jesucristo se refiere a toda la persona en su conjunto, alma, intelecto y cuerpo, aludiendo a su corazón, por lo que “corazón”, también para el Señor, representa el lugar más sagrado donde se decide, bajo el uso de todas las facultades humanas, el bien o el mal, sea para el cuerpo y por consecuencia para el alma, o viceversa, ya que todo tiene un doble resultado o consecuencia; visible e invisible, que va a favor o en contra del cuerpo material y del alma espiritual. (Por eso es importante la coherencia entre lo que pensamos, decimos, sentimos y hacemos, pues todo afecta a la persona en su conjunto, en vistas s la salvación o condenación).

Podemos decir que, uno de los núcleos del mensaje total que el Señor quiere transmitirnos a través de esta Devoción, es que nos invita a participar de ese Inmenso e Insondable Amor que brota de Su Sagrado Corazón, y que quiere que aprendamos a sentirnos amados por Él. Al mismo tiempo, nos invita a amar CON ESE MISMO AMOR QUE ÉL NOS AMA No menos; No por tiempo limitado… No escogiendo por qué cosas sí, y por cuáles otras no… De la misma forma como Él nos ama, nos perdona, nos acoge, nos consuela, se preocupa, nos procura y provee; e igualmente, nos aguanta, nos tiene paciencia y siente compasión por nuestras faltas y desatinos… Así quiere que seamos con nuestro prójimo, muy lejos de juzgarlo y condenarlo, como a menudo o al menos a veces, hacemos.

Así pues, la devoción al Sagrado Corazón, y el conocimiento que vamos adquiriendo más profundo de ella, debe de renovar en nosotros el amor hacia y para Dios, y hacia y para los hermanos, a través de Dios.

La devoción recibida y sentida con el corazón, y a la luz del Espíritu Santo, debe enaltecer, agrandar y provocar acciones concretas en favor del hermano; acciones que tendrán como premio la salvación y la Gloria Eterna, pero que no es por la búsqueda de esa Gloria que las realizaremos.

Estas acciones que debemos incorporar, son: Recibir a cada persona con el corazón, sentirla y hacerla sentir bien, como que es verdaderamente una amiga, de manera que, al tener que corregirle de cualquier falta o defecto, o enseñarle algo para ayudarle a ser una mejor persona, nunca hagamos que se sienta humillado o humillada, sino todo lo contrario: que sienta un estímulo para trabajar mejor y más para Gloria de Dios, porque el que corrige y enseña, da testimonio primero de lo que corrige o enseña.

El Sagrado Corazón de Jesús es el Primero en dar testimonio de esto, ya que es el mismo Jesús Quien nos muestra, con cada una de sus acciones, que su vida puede resumirse en una sola palabra: AMAR. Y ¿Qué es amar? Es tener el corazón tan grande, tan grande que el sufrimiento, la preocupación o la intranquilidad de tu hermano sean realmente una cuestión que te interpele y te motive a actuar en su favor; es saber perdonar y comprender, incluso las veces que “comprender con la cabeza” es imposible, y es necesario entonces comprender con el corazón, para poder perdonar. Amar es sacrificarse con Jesús, en favor de las almas que más lo necesitan.

En resumen: si vamos aprendiendo a amar con el Corazón Sagrado de nuestro Señor, defenderemos la verdad y la justicia, sin equivocarnos y de una manera tan clara, que nos ayudará a identificar las mentiras del enemigo y a evitar sus astucias, para que, bajo el influjo del Corazón de Dios, aprendamos cada día a amar más y a servir mejor, con paciencia y perseverancia, derribando con la humildad y la obediencia el reino que satanás quiere imponer en la tierra, llevándose muchas almas con él a la perdición, para lastimar, con esto, al Corazón de Jesús con lo que Él más Ama: nosotros, sus hermanos.

MEDITACIÓN:

El enemigo quiere hacernos semejantes a él. Quiere que, a través de nosotros, el mal se difunda y, con eso, lastimemos a Jesús y a su Adorable Corazón.

Jesús quiere que meditemos sobre esto que hemos leído y elijamos libremente por su Amor, que nos concienticemos de ese Amor Misericordioso y Ardiente, y entendamos que, aunque parezca que el mal está venciendo ahora, en realidad es cuando más derrotado está; ya que primero, Jesús lo venció en la Cruz, y segundo, cuando nosotros decidimos libremente hacer el bien: con eso se rompen las cadenas del pecado y vamos derrumbando el reino del enemigo y “venciendo al mal con el bien”, logrando con esto, el triunfo final del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María.

Jesús, a través de la devoción a Su Sagrado Corazón, nos viene a recordar las palabras que dijo en la Cruz y que encontramos en el Evangelio de San Lucas 23,34: “Padre, perdónalos, porque nos saben lo que hacen.” Él dice eso porque sabe que los hombres están cegados por el demonio y, de alguna manera, están perdidos y han comprometido su libertad, haciéndose instrumentos del mal.

El Corazón de Jesús se da a nosotros y viene a recordarnos que somos libres de decidir y de ayudarlo, haciendo que su Reinado de Paz y de Amor, dé sentido a nuestras vidas, y haga de cada uno de nosotros, sus fieles colaboradores, portadores de su Palabra, de su paz y amor a todos los demás. Pero para eso, tenemos que ir configurando nuestros corazones con el Sagrado Corazón de Jesús: ese es el fin al que quiere conducirnos esta devoción.

Medita el día de hoy en la Palabra del Señor en la Cruz: “Padre, Perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lc 23,34) y repasa, bajo esa iluminación, lo que has aprendido hoy sobre el Sagrado Corazón.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

SEXTO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del sexto día: Hallar quietud, sosiego y gozo en el templo hermoso de la paz

¡Oh Corazón amplísimo de Jesús, templo sagrado donde me mandas a que habite con toda mi alma, potencias y sentidos! Gracias te doy por la inexplicable quietud, sosiego y gozo que yo he hallado en este templo hermoso de la paz, donde descansaré gustoso eternamente. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh, Amante Corazón!, y la que Te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 13°)

DÉCIMO TERCER DÍA:

Continuando con nuestras reflexiones de junio, referidas al Sagrado Corazón de Jesús, nos enfocaremos hoy en tratar de analizar y entender de la mejor manera lo que significa el CORAZÓN para las Sagradas Escrituras.

¿Cuál es el simbolismo que encierra, para nuestros hermanos mayores en la fe, el Pueblo Judío, de donde nace nuestra cultura religiosa?

El Diccionario de catequesis y pedagogía religiosa, nos dice que “en la Sagrada Escritura, ‘corazón’ significa la interioridad del hombre, donde tienen lugar sus pensamientos, sentimientos, afectos, motivaciones, actitudes…”

Entendemos que “de allí proceden sus palabras y sus obras” (Cfr. Mt 15,18). Podríamos entonces decir que el corazón del hombre es como la fuente de donde manan todas las facultades espirituales, tanto intelectuales como afectivas, y vendría a ser “el centro” y “la sede” de las mismas.

De un corazón “convertido”, transformado, o abierto a Dios, brota la adoración, la confianza, la fidelidad, la generosidad, la pureza y rectitud de intención. Es que, solamente desde el corazón, el hombre puede transformarse para conformar su vida en un reflejo de la Persona de Cristo.

Es una condición única de Dios el conocer el corazón del hombre (1Sam 16,7; Sal 44,22), y es el único y mismo Dios quien lo escruta, lo prueba, purifica y renueva (Sal 7,10; 51,12; Ez 36,26), para escribir en él Su ley (Jer 31,33) y exigir un amor de totalidad (Deut 4,29). Ya que es en el corazón donde nuestra libertad, nuestra inteligencia o raciocinio y nuestra voluntad, (las tres potencias del alma) son acrisoladas por las tentaciones y por distintas pruebas…

Al corazón le habla directamente Dios (Os 2,16); y el corazón se prepara y permanece listo para la misión de Dios, cuando sabe escuchar y conservar la Palabra, como hemos visto que supo hacer nuestra amada Madre (cfr. Lc 2,19 y 2,51).

Es así como, en diferentes momentos y libros de las Sagradas Escrituras, el corazón refleja la personalidad e intencionalidad del hombre ante Dios y sus hermanos. La Palabra de Dios nos invita a observar y reflexionar sobre las “maneras” en las que el corazón procede para que, en su interior, se planeen y surjan, las buenas o malas intenciones que luego, se convertirán en acciones concretas para Gloria o deshonra de Dios, o en pensamientos y sentimientos que, sin llevarse a cabo, purifican o pervierten y manchan la pureza de intención en la persona.

Dios quiere trasformar el corazón de piedra que tenemos casi todos los seres humanos (a causa del pecado original y nuestra naturaleza frágil y caída) en “un corazón nuevo” (Ez 18,36; 36,26), para que todos se vuelvan a Él “con todo el corazón” (Joel 2,12).

En Efesios 3,17 y en Romanos 5,5, nos dice la Palabra de Dios que en el corazón que está unificado por el amor, en él, “habita Cristo por la fe” y el Espíritu Santo comunicado por el Padre. Y es así como nuestra comunidad, nuestra Casita de Oración, nuestro Apostolado, nuestra Iglesia “comunidad de comunidades” pueden llegar a ser, teniendo a Cristo como piedra angular, “un solo corazón y una sola alma” como nos enseña San Pablo, en el Libro de Los Hechos de los Apóstoles 4,32: “La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma.”

El Diccionario de Evangelización nos dice que el corazón del hombre, en sentido bíblico, es donde reside la personalidad como centro.

Según la mentalidad semita (la de la raza del pueblo judío), el corazón es el órgano central y más importante del cuerpo (1Sam 25,37; 2Sam 18,14), donde radica no sólo la vida física (Gén 18,5; Lc 21,34; He 14,17; Stgo 5,5), sino también la vida espiritual, intelectual, afectiva y pasional de la persona.

Para los hebreos, así como para la cultura griega de su tiempo, se comprende que a veces “corazón” equivalga a “alma” por ejemplo en Josué 22,5. Es necesario destacar que la palabra “corazón”, en su sentido profundo en la cultura griega, fue generalmente utilizado en la literatura poética, mientras que en el mundo semítico es corriente en textos no poéticos sino espirituales, como sinónimo del hombre interior que habita en cada uno, contraponiéndose al hombre exterior, que es el que habita en el mundo y muchas veces se deja llevar por lo superficial y vano.

El corazón constituye la persona misma en su interioridad, de tal manera que puede traducirse a veces por el pronombre personal (Mt 24,48: “Pero el mal siervo, aquel que dice en su corazón… “). También, es en el fondo del corazón donde se encuentran u originan los pensamientos, como leemos en Daniel 2 30: “A mí se me ha revelado este secreto, no porque tenga una sabiduría superior a la de los mortales, sino con el fin de que todos conozcan la interpretación de tu sueño”; o en Mateo 15,19: “Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias”; y también donde se deposita la fe y se origina la duda como leemos en Marcos 11,23: “Yo les aseguro que el que diga a este cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá”;  y Lucas 24,38: “Pero él les dijo: “¿Por qué se preocupan, y por qué se surgen  dudas en su corazón?”para citar algunos ejemplos.

Entonces, si vamos tratando de estudiar el inmenso significado de esta palabra, llegaremos a comprender más profundamente el anhelo del Señor al entregarnos Su Sacratísimo Corazón, y revelarnos, a través de Santa Margarita, los tesoros que Éste encierra en Él y que Dios quiere darnos para provecho y salvación de nuestras almas.

Es en el corazón donde el hombre comete el pecado, ya que Dios ha escrito la ley divina en los corazones de cada uno de Sus hijos, es decir, en sus conciencias, de manera que ellos saben por sí mismos, lo que es bueno o malo sin que nadie se los diga (Cfr. Rom 2,15).

Igualmente, vemos que es en el corazón o conciencia del hombre, donde brilla principalmente la luz de la verdad, que es la Luz de Cristo, y donde se da lugar el acto libre de la fe regalada por el Espíritu Santo.

Para terminar este día, en nuestra meditación, pensemos en el “Corazón” de Dios… Dios Padre, Creador y Señor de todo lo que existe, visible e invisible, material o espiritual, ha querido plasmar Su Propio Corazón en la Persona de Jesucristo, segunda Persona de la Santísima Trinidad, que, haciéndose Carne, humanado por Amor a los hombres, se hace Visible para traernos el Amor y Misericordia Divina.

Jesús, con Su Testimonio, nos enseña que, en el corazón como sinónimo de lo más profundo e interior del ser humano, se ofrece el sacrificio que es verdaderamente agradable a Dios, así, el hombre, aunque no sea judío, no haya sido circuncidado en el cuerpo (circuncidado exteriormente) a usanza del pueblo elegido, convertido al Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, practica la circuncisión espiritual del corazón, como nos lo explica Pablo en la Carta a los Romanos 2,29.

Metafóricamente nos habla el Antiguo Testamento del Corazón de Dios y nos dice que a Él se le atribuye Conocimiento, Pensamiento, Decisiones y Afectos, como leemos en Génesis 6,6.

El Corazón de Dios se revuelve dentro de Sí, y sus entrañas se estremecen al pensar en una posible destrucción de su pueblo (Os 11,8). “Dios Es”, aunque todo Hombre, todo Dios; sin embargo, “ES el HOMBRE-DIOS, JESUCRISTO, infinitamente mayor que el corazón humano”, es decir, aunque sea Hombre en el más alto desarrollo de sus Cualidades y Facultades, semejante a las de los hombres, Su Corazón abarca todo y a todos desde siempre; pues como Dios es Alfa y Omega, Principio y Fin de todo lo creado… Este Amante Corazón, conoce todo, pero el corazón humano no tiene por qué temer, ya que Jesucristo nos ha abierto el acceso al Padre, siempre que cumplamos el mandamiento del amor al hermano, como leemos en la Primera carta del Apóstol San Juan, capítulo 3, versículos 19 al 24: “En esto conoceremos que somos de la verdad y se tranquilizará nuestra conciencia ante Él. Pues si nuestra conciencia nos reprocha, pensemos que Dios es más grande que nuestra conciencia, y que lo conoce todo. Amadísimos, si nuestra conciencia no nos condena, tenemos plena confianza en Dios. Entonces, todo lo que pidamos, nos lo concederá, porque guardamos sus mandatos y hacemos lo que le agrada. ¿Y cuál es su mandato? Que creamos en el Nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros, tal como él nos lo ordenó. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. Pues Dios permanece en nosotros, y lo sabemos por el Espíritu que nos ha dado.”

Aquí empezamos a comprender de mejor manera el designio de Dios para los hombres. El Querer de Dios, que nos muestra Vivo y Latiente Su Sacratísimo Corazón, que es tan olvidado y lastimado con las injurias y sacrilegios que le son propiciados por sus hermanos que, incrédulos y llenos de soberbia y vanidad espiritual, se olvidan de ese Corazón que los ha amado tanto.

El Corazón de Dios HOY TE LLAMA… Hoy te dice: ¡Veme, Estoy aquí junto a ti! ¿No te das cuenta cuánto te amo? ¿No te das cuenta todo lo que hago por ti? ¿Sabes cuántas veces he consolado tu pobre corazón, que llora las tristezas que le ocasiona el mundo…? Ese es el Corazón de Dios, que Santa Margarita quiere darnos a conocer, a través de la Devoción al Sagrado Corazón, para que le seamos más fieles y le amemos como Él Desea y Merece ser amado.

Mañana continuaremos con este tema…

MEDITACIÓN:

Hoy trabajaremos meditando la Palabra de Dios con algunas citas Bíblicas del Evangelio de San Mateo. Estas citas que te daremos a continuación te harán reflexionar y entender de mejor manera, el tema de hoy.

Léelas con atención, y en disposición de oración, trabaja en ellas. Escribe qué te inspira el Espíritu Santo, conforme a la Devoción del Sagrado Corazón y tu entrega a Él.

Igualmente, considera qué hay dentro de tu corazón y qué tendrías para entregarle al Señor, si el día de hoy te llamara a Su encuentro.

Te invitamos a participar, -si así lo deseas-, poniendo tu comentario en la App del ANE, donde compartas qué es lo que has podido meditar y cómo te ha edificado el Señor, a través de Su Palabra.

CITAS BÍBLICAS:

Mateo 5,8

Mateo 6,21

Mateo 11,29

Mateo 13,15

Mateo 13,19

Mateo 15,8

Mateo 15,18

Mateo 15,19

Mateo 18,35

Mateo 19,8

Mateo 22,37

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

QUINTO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del quinto día: Perfeccionar todas mis obras

¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús, órgano de la Trinidad venerada, por quien se perfeccionan todas nuestras obras! Yo te ofrezco las mías, aunque tan imperfectas, para que, supliendo Tú mi negligencia, puedan aparecer muy perfectas y agradables ante el divino acatamiento. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 12°)

DÉCIMO SEGUNDO DÍA:

Seguimos aprendiendo sobre esta bellísima devoción nacida del Corazón Amoroso de Jesús, que busca llamar la atención del corazón del hombre que le lastima e ignora y que, por su soberbia, egoísmo, egocentrismo y vanidad, se niega a mirar a lo alto, darle valor a lo que realmente importa: la salvación de su alma y, en consecuencia, la conversión de su vida.

Entre las grandes enseñanzas que Santa Margarita María de Alacoque ha dejado al mundo, con su ejemplo, está el siempre considerar la entrega al Señor antes que la acción.

La Iglesia nos enseña y repite siempre en muchos documentos (Encíclicas, Exhortaciones y Cartas apostólicas, etcétera), que la acción debe de estar unida estrechamente a la oración, y que, si faltan las plegarias, la acción no solo estará incompleta, sino que tomará un rumbo muy diferente a lo que el Señor espera de cada uno de nosotros, en su perfecto plan de salvación.

Oración y acción, acción y oración, pues ambas actividades se retroalimentan siempre: Una fe sin obras está muerta, así como la obras sin base espiritual y sin las luces de la oración, se convierten en asistencialismo y mero activismo, que generalmente, con el paso del tiempo, secuestran lo que en un principio hubiera de buena intención, convirtiéndose en la persecución de un logro personal, ya sea material o espiritual, pero siempre lleno de egoísmo, buscando la autorrealización, el aplauso, la gloria y el bienestar propio por encima de los intereses y necesidades de los demás.

Margarita nos alerta sobre eso, y nos narra las infusiones del Espíritu de Dios en su alma que, por Misericordia y Providencia, la alertaban sobre las astucias del enemigo, para que aprendiera y trabajara, unida al Corazón de Jesús, a deshacerse de todo el ego, del Yo, de la desobediencia y la pereza espiritual, que la llevaban a apartarse del Corazón Divino de Jesús Amor.

Estas son cuestiones de las cuales todos los cristianos debemos cuidarnos, pero muy especialmente quienes estamos más comprometidos en la edificación del Reino… Pensar en cuánto daño podríamos hacer si somos nosotros y no el Señor quien planifica, organiza, dirige y hace las cosas. Sólo a través de la oración permanente y la humildad obediente, podemos asegurar que es y será Dios quien lo hace.

Nos cuenta Margarita la experiencia que el Señor le hacía sentir en su pobre corazón, llenándolo cada vez más de llamas ardientes de celo por Su Amor y entrega. Antes de ser apóstol por la acción, Margarita es mártir por todos aquellos dolores físicos y morales, que caen sobre ella por haberse ofrecido como resignada víctima ante el Altar de Dios.

Ella, a ejemplo de la Virgen María, su modelo de virtud, sentía la necesidad de inmolar su ser continuamente por amor, en adoración y anonadamiento, en conformidad al Sacrificio de Jesús a Quien recibía con toda la frecuencia que le era permitido, en la Eucaristía…

Margarita escribe así: “En verdad, Aquél que es la grandeza me ha hecho grande, recogiéndome de entre el polvo para convertirme en el instrumento de sus designios misericordiosos… ¿Y qué hice yo? Darle mi corazón, dárselo entero en cambio del suyo adorable, a fin de que hiciese conmigo, incondicionalmente, lo que Él deseara para establecer y dilatar en el mundo entero el Reinado de Amor de Su Sagrado Corazón…”

Más adelante nos dice: “Que si por una dignación de misericordia incomparable, quiso el Señor designarme para instrumento de Su Gloria en la primera etapa, cuando el sol del Corazón de Jesús se levantaba apenas en su primer aurora… ahora que ese Sol divino ha rasgado las nubes, son ustedes, sépanlo, sí, ustedes los felices precursores de su Reinado social, los que por senda de inmolación amorosa deben afianzar Su Victoria… ¡Ah, pero no se engañen; Su apostolado será maravillosamente fecundo sólo en la medida que penetre en ustedes mismos del Evangelio que el Maestro Divino nos predicó, a ustedes y a mí, en el Calvario, Evangelio de Cruz, abnegación y sacrificio!” (Autobiografía de Margarita María e Alacoque).

Sí, hermano, como leíste, esta devoción, estas enseñanzas del Señor a través de los escritos de Santa Margarita, nos muestran que el camino al Cielo tiene piedras, obstáculos, espinas, y no es fácil transitarlo. Hay que luchar; darle buena pelea, como San Pablo. Nunca será suficiente trabajar para purificar y santificar nuestras almas. Nunca será suficiente la entrega en generosidad y sacrificio para Gloria de Dios… pero, a pesar de tu miseria y testarudez, Jesús quiere tu sí comprometido y fiel.

Él Sabe tus limitaciones; conoce tus defectos, tus fallas y tus batallas diarias, y tus faltas de batalla también. Sabe de qué pie cojeas y el tanto de vileza que, por tibieza espiritual, ha penetrado en tu corazón, hasta el punto de convertir ese corazón de carne en uno de piedra…

Pero Jesús viene a eso ahora: Viene a entregarnos Su Corazón. Viene a intercambiar con nosotros SU AMOR, a cambio de nuestro pequeño y miserable amor.

Viene a Sanar, a Santificar, a renovar, a edificar, a unificar, en una palabra: a Amar. Viene a cambiar nuestros corazones de piedra por unos de carne, y dejarlos en su condición de hijos de Dios, restituidos por la Gracia Santificante, alcanzada como don y fruto del Sacrificio en la Cruz, por el Redentor del género humano.

Esta devoción, encarnada en el Corazón de Dios e infundida por la Acción del Espíritu Santo en los corazones, transforma las fibras más sensibles y profundas de la vida de aquél que, confiando y esperando en Dios, pone a su servicio la vida, como oblación y en reparación amorosa a ese Sagrado Corazón que no es lo suficientemente amado.

Y para las Sagradas Escrituras, ¿qué significado tiene el corazón…? Para que lo comprendamos mejor y profundicemos más en el mensaje que el Señor quiere que atesoremos en esta devoción, como nuestra perla preciosa, el día de mañana, explicaremos su profundo significado Bíblico. Seguramente eso nos ayudará para que, a conciencia y bajo todo conocimiento, consagremos nuestras vidas y familias al Sagrado Corazón, y seamos de esa forma, Apóstoles de la Nueva Evangelización sumergidos en el Corazón de Dios, que arden con el Fuego de las llamas del insondable Amor de Jesús, nuestro Rey y Salvador.

MEDITACIÓN:

Reflexiona hoy sobre lo que has leído de Santa Margarita, tomando en cuenta de una manera especial para tu meditación, las siguientes palabras marcadas con rojo, de manera que, al ir leyéndolas, las hagas tuyas y pienses cómo lo estas haciendo en tu vida, en relación con Dios, y con tu prójimo.

Nota: Si es necesario, lee primero de corrido, y dale una segunda lectura deteniéndote en cada palabra o frase marcada, para hacer correctamente tu reflexión y oración.

“… Oh, aprendan, pues, ante todo, la ciencia sublime de sufrir…, sí, de sufrir amando y de cantar sufriendo para Gloria del Divino Corazón.! ¿Recuerdan cuánto deseaba Jesús ser bautizado con bautismo de sangre… y ser levantado en el patíbulo de una Cruz para atraerlo todo, irresistiblemente, desde ese Trono de Sangre a Su Sagrado Corazón?

Pues procedan así también ustedes, los dichosos mensajeros de Su Amor; déjense atraer desde el calvario a Su Calvario, sin vacilaciones ni cobardías… cedan al imán de su Corazón Crucificado… Y no teman… porque Aquél que les ha inspirado el deseo ardiente, y el querer, sabrá también darles el poder con gracia superabundante. Acérquense pues al Tabernáculo del Rey de Amor… vengan, llevándole gozosos, como ofrenda de apostolado, las dolencias… Ofrezcan, como rico tesoro, las flaquezas dolorosas de la salud quebrantada… Preséntenle este precioso obsequio, y colocándolo en la herida de Su Corazón Adorable, díganle con toda resignación, con celo ardiente y con amor apasionado: ¡Acepto Señor, la gloria incomparable de ser una partícula de la Hostia redentora que eres Tú Mismo! Jesús… Pero en recompensa, Sana las almas enfermas, y en cambio de este nuestro Calvario, sube al Tabor de Tu gloria, Jesús.” (Autobiografía de Santa Margarita María de Alacoque).

Ahora verás más de cerca la relación que tiene la espiritualidad de Santa Margarita con la nuestra, recordando quizá lo que nuestro Director General nos repite siempre: que somos eucarísiticos porque debemos entregarnos, como Cristo, en oblación por los demás…

Aplica todo esto a tu vida, pero no buscando la similitud a lo que dice Maragarita en cuanto a lo llamativo o espectacular, (del tipo “¡Ahhh, miren cómo sufro!”) sino en la entrega silenciosa, meditándolo e implementándolo en ti, con las acciones debidas y en las situaciones concretas.

Haz un esfuerzo consciente por ver cuánto daño hayas podido hacer por tratar de brillar, por atraer los ojos hacia ti, en lugar de que se dirijan a Dios. Piensa cuánto haya podido sufrir algún hermano o hermana tuya a causa de tus acciones, o de tus omisiones y ofrece toda incomodidad, todo dolor y toda molestia en reparación por ese exceso de amor a ti mismo y tu falta de amor verdadero a Dios y a los demás.

Trata de hacer del sacrificio un estilo de vida y pídele al Señor, que cuando todas tus ofensas a Su Corazón hayan sido reparadas, tus penurias silenciosas comiencen a reparar las ofensas de los demás.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN

CUARTO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del cuarto día: Aspirar a formar mi corazón a Tu semejanza

¡Oh, Corazón purísimo de Jesús, espejo cristalino en quien resplandece toda la perfección! Concédeme que yo pueda contemplarte perfectamente, para que aspire a formar mi corazón a Tu semejanza, en la oración, en la acción y en todos mis pensamientos, palabras y obras. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 11°)

DÉCIMO PRIMER DÍA:

Santa Margarita, siendo depositaria de las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús, nos revela de una manera maravillosa las enseñanzas que, durante muchos años, el Señor le fue depositando en su corazón.

Ella, la embajadora del Amor Hermoso, nos conduce a entender lo que el Jesucristo, nuestro Salvador en persona, le fue mostrando y enseñando sobre la belleza y fecundidad del apostolado cimentado en el sufrimiento, por amor y libre decisión. El ofrecer todo con la única intención de la realización total del Reinado del Corazón de Jesús en el corazón de todos los hombres del mundo entero.

El Sagrado Corazón, nos instruye, a través de su apóstol y confidente Margarita, acerca de la aplicación muy pocas veces entendida y del mérito invaluable de este apostolado sobre el sufrimiento, que tiene el sello característico de esta devoción al Sagrado Corazón.

Escribe Margarita en sus cartas, contenidas en su biografía, así como sus visiones y revelaciones de nuestro Señor: “Desde ese momento hasta mi último suspiro todo mi apostolado consistió principalmente en abrazarme gozosa a la cruz y en abandonarme amorosamente al Crucificado Divino con gratitud del alma y con sed inmensa de Su Gloria.

Que, si a veces quiso el Señor que escribiera pidiendo y reclamando en nombre Suyo el homenaje de amor a Su Corazón Adorable, esas cartas fueron victoriosas, y siguen siéndolo para Su Gloria, únicamente porque hube de escribirlas con sangre del alma y en el martirio de mi corazón crucificado. Por ese mismo camino, sobre todo por ese camino, ustedes también, no lo duden, trabajen a pesar de Satanás y sus secuaces, el pedestal de victoria del Rey de Amor… Apóstoles del Corazón de Jesús, bendigan a nuestro Señor, pues El mismo los ha elegido para que coronen, en forma espléndida, la misión inicial que me fue confiada a mí…” (Cartas de Margarita María de Alacoque sobre el apostolado del sufrimiento).

Santa Margarita fue creciendo en santidad día con día. Lo que es seguro, es que su camino no fue fácil. Su crecimiento espiritual estuvo siempre de la mano de una buena dosis de sufrimiento, obediencia y humildad, pero al mismo tiempo, la presencia del Señor en su corazón fue haciendo que el fruto de la santidad fuera de poco en poco, transformando el alma y la vida de Margarita, hasta tal punto, que nada quería más que sufrir, para que el Amor de Dios fuera recibido y adorado en cada uno de los corazones de sus hermanos.

En su vida, tenía la Santa grandes deseos o máximas, que trató en todo momento de cumplir, trabajando espiritualmente para lograr esos objetivos a base de mortificaciones y oración. Sus deseos fueron estos:

El deseo de amar a Dios y recibir la santa Comunión cada que la santa obediencia le permitiere.

El santo deseo de la mortificación de los sentidos por un bien mayor, que conllevaba el deseo de padecer por Amor a Dios. Por ese gran deseo -uno de los mayores junto con el de recibir al Señor en la Sagrada Comunión- a consecuencia del deseo de amar, quería dar su vida, puesto que sentía que no tenía nada más que ofrecer o entregar, y con eso, quería exaltar el Nombre de Dios en su vida y llevarlo a los que la rodeaban.

El deseo de morir, porque como Santa Teresa de Ávila, sentía que moría en vida al estar lejos de su Amado, y este deseo, acrecentaba las ansias de trabajar más duramente y caminar poniendo más atención en la purificación de sus intenciones para que así, de esa forma, pudiera unirse con su gran Amor. Pero a pesar de todas estas ansias, deseos, compromisos y anhelos, en su alma siempre estaba la premisa de que todo se hiciera según los Designios y Sabiduría de Dios. Ella, a imitación de la Madre Santísima, se ofrecía a Dios como su esclava, de tal modo que, el Espíritu Santo realizara en ella lo que Su Providencia Santísima decidiere.

Margarita se conformaba con vivir hasta el día de su muerte, siendo ésta pronto o más tarde, esperándola en silencio, abnegación, obediencia y humildad, si esto era la voluntad de Dios. Esta espera en la tierra que la separaba de su Maestro y su Dios, le dolía más que mil muertes.

La firme convicción de amar a pesar de cualquier cosa. Siempre iba junto al amor de Dios la más tierna caridad con el prójimo y más con sus hermanas del convento, aún si éstas la trataran con desprecio e ingratitud… ¡todo por alcanzar el Amor de Jesús, su Dueño y Señor!

La vida de Margarita transcurría en el convento realizando todo tipo de actividades, siendo éstas en ocasiones de la más baja estima, como servir en la cocina, trabajar como afanadora limpiando baños, trabajando de auxiliar en la enfermería, etcétera. Dado a su carácter y forma de dar testimonio de Dios irradiándolo a través de sus obras concretas, fue envidiada y maltratada no por pocas personas, especialmente, sus mismas hermanas religiosas. La Santa tenía ciertas cualidades naturales en las cuales Jesús se deleitaba: era una mujer muy sensible, era tímida, era juiciosa y discreta, de buen espíritu, temperamento constante, corazón caritativo hasta lo imposible.

Tenía muy poca educación formal y sin embargo, una profunda sabiduría sobre las verdades sobrenaturales, que provocó el asombro y conversión de algunos, así como la envidia y el maltrato de otros hacia su persona. Ella tenía una virtud propia de los santos de Dios, que era el haber sido dotada de gran juicio y valentía para ser fiel a la verdad. Una de las virtudes que más practicaba, era la del perdón. Santa Margarita sabía perdonar de corazón, cosa que la engrandecía a los Ojos de Dios y era causa del gran Amor de Jesús hacia ella.

Su agudeza espiritual para no ofender a Dios en lo más mínimo, fue haciendo que su caminar hacia la santidad se diera de manera perseverante, ya que en las más humillantes persecuciones a las que fue sometida, mortificaba su yo, haciendo que todo lo que la hacía sufrir como consecuencia del maltrato de sus hermanas o Sacerdotes que la guiaban, quedaran sepultadas en el fuego del Amor de Dios por el perdón, hasta llegar a ser extremadamente atenta para cuantos la hicieron sufrir.

Tratar de vencer sus repugnancias por amor. Margarita, dado a su carácter tímido y humilde, tenía ciertas cosas que le costaban demasiado trabajo realizar, y que por la santa obediencia a la que el Señor le había solicitado ejercitarse, las cumpliera sin rezongas ni desánimo. Ella trataba por tal motivo, de cumplir cada una de ellas con buen ánimo y diligentemente.

Entre algunas cosas que le costaban y cumplía con ejemplar obediencia, amor, gozo y generosidad, eran el escribir, acudir al locutorio y realizar trabajos de enfermería; y todo era a cambio de que le permitieran recibir los Sacramentos.

Para Gloria de Dios y bienaventuranza de Santa Margarita, el Señor permitió esto y además que la Santa, hiciera los tres votos de religión (votos de consagración como religiosa en esa orden) antes de morir.

MEDITACIÓN:

Piensa en actitud de recogimiento, verdad y pureza de intención, si estás dispuesto a entregar tus pequeñas mortificaciones del día por Amor a Dios y para el cumplimiento del Triunfo de Su Amoroso Corazón en el corazón de todos los hombres, especialmente en aquellos que no le conocen, o que, conociéndole, lo ignoran y lastiman.

¿Qué estás dispuesto a hacer con acciones concretas?

Reflexiona… cuando piensas en “sufrimiento”, ¿Qué sientes? ¿sientes temor? ¿Qué quisieras decirle al Señor en este momento respecto a esto…? Díselo…

Jesús te dice que, si quieres tener parte en el Reino de los Cielos, así como Santa Margarita, debes primero negarte a ti mismo y luego cargar tu pequeña o gran cruz… ¿Reniegas mucho de los problemas que tienes en tu vida? Piensa si eres piedra en el camino para alguien… ¿Te gusta que te consuelen y recibir esa atención de manos de los hombres, en vez de ir a los Pies de Jesús a buscar ese consuelo y sanación? ¿Compartes con Jesús tu cruz, y le solicitas diariamente que te ayude a cargarla bendiciéndote y dándote lo que necesitas para ser un verdadero Apóstol de la Nueva Evangelización? ¿Ayudas a otros como el Cirineo, a cargar la cruz de tus hermanos para hacérsela mas liviana, o le pones más peso haciéndote al ciego, al sordo y al despreocupado por los sufrimientos y necesidades de los que te rodean; de tus más próximos?

Medita en todo esto, y ofrécele al Señor tu día, pidiendo su Bendición, y la bendición de la Virgen María, para que seas una brisa en el desierto para el que sufre y necesita apoyo; un oasis de paz, para el que se encuentra atribulado y necesita un hombro donde descansar, o por que no… una billetera en que confiar (haciendo uso de tu desprendimiento y generosidad) para el que pasa necesidades; una fuente de agua fresca, para aquél que la vida y los problemas, lo han dejado sediento y derrotado. Una mano amiga, para aquél que sufre de pérdidas, soledad, duda, incertidumbre, injusticia, miseria y demás cruces que solo, le es casi imposible de cargar…

¡AMA! Porque solo amando de verdad podrás realizar el designio de Dios para ti en tu vida, y de esa forma, cumplir la misión para la cual has sido enviado. Ama, porque solo el que vive para servir, sirve para vivir.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN

TERCER DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del tercer día: Seguir sendas rectísimas para la perfección y para el cielo

¡Oh Corazón Santísimo de Jesús, camino para la mansión eterna y fuente de aguas vivas! Concédeme que siga Tus sendas rectísimas para la perfección y para el cielo, y que beba de Ti el agua dulce y saludable de la verdadera virtud y devoción, que apaga la sed de todas las cosas temporales. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh, amante Corazón! y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.