Sagrado Corazón de Jesús (Día 23°)

VIGÉSIMO TERCER DÍA:

“Junto al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino” (San Juan Pablo II)

Ahora que muchos de nosotros estamos llevando el curso de la Santísima Virgen María, hemos podido ver con admiración todas esas réplicas de construcciones antiguas, que nos muestran la historia, la cultura y tradición.  Estamos conociendo, a través de los videos, los lugares que el Señor junto con sus padres, María y José, acostumbraban a visitar y el lugar donde vivían.

Comento esto, porque mucho de lo que el Señor decía en el momento de evangelizar a los hombres de su tiempo, tenía que ver con la situación que se vivía y la forma en que los judíos realizaban su vida diaria. El evangelio de San Mateo 7, 13-14, nos dice, por ejemplo: “Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por él. Pero ¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la salvación! y qué pocos son los que lo encuentran.”

Cuando el Señor habla de esa puerta estrecha, sabemos que se refiere a la dificultad y a la necesidad del esfuerzo humano para alcanzar ese crecimiento espiritual, pero ponía ejemplos que, las personas que lo escuchaban, teniendo una referencia conceptual y práctica de un elemento físico concreto, pudieran entender mejor el significado espiritual de lo que Él les hablaba.

También dijo “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Se los repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mt 19,24). Según algunos exégetas, los “ojos de aguja” eran las puertas de las ciudades, que utilizaban para que pudieran pasar solamente las personas a pie, dejando sus caballos, camellos y carretas afuera de las fortalezas, de modo que los comerciantes pasaran solamente sus mercancías hacia adentro de la ciudad y cargándolas a pie, para que fuese más fácil controlar lo que metían, y que, de paso, los animales se mantuvieran afuera de la ciudad para no ensuciarlas.

El Señor, como comentamos, puso ese ejemplo, para que la gente al momento entendiera lo difícil que sería para una persona soberbia, orgullosa, materialista, pagada de sí misma, entrar al Reino de los cielos.

¿Y que nos dice ahora a nosotros? Nos dice igualmente que debemos bajarnos de los falsos tronos que a veces nos construimos, para ir “espiritualmente a pie”, por así decirlo, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que a menudo tiene maneras tan diferentes a nuestra manera de pensar, sentir, “juzgar”, analizar y establecer prioridades: Debemos salir al encuentro de un Dios que se oculta en la humildad.

Mientras más humilde se hace una persona, más desarrolla esa sensibilidad que la conduce hacia los dones que Dios le manifiesta, tanto en su vida personal como en la vida de las personas que lo rodean. Igualmente, la persona humilde, entiende que cada hermano es un don muy especial de Dios, y ese regalo de su presencia, es comprendido como una oportunidad maravillosa para caminar hacia la salvación. Esa comprensión hace que, la persona acoja a todos sin comparaciones, sin rivalidades, sin desaires ni hipocresías. La salvación radica en su mayoría, en pasar por la puerta estrecha del amor al prójimo; un amor que esté trabajado desde la obra de misericordia de la aceptación y la comprensión, poniendo especialmente atención a la necesidad de “soportar con paciencia el defecto del prójimo”.

La humildad es “la virtud de los santos y de las personas llenas de Dios”, dice el Papa Francisco. Mientras la persona más crece en su relación con Dios, en el conocimiento de su Palabra, y cuanto más crece en importancia, esta persona si está llena de Dios, más aumenta la conciencia de su nulidad, de su miseria y la certeza de no poder hacer nada sin el poder y la gracia de Dios que se manifieste sobre él (Cfr. Jn 15,8).

El ser humano, mientras más tiene, debe de sentirse más humilde y agradecido a Dios, ya que todo lo que tiene, no es de su pertenencia, ni le viene porque sea merecedor de nada, sino que por la Providencia de Dios Misericordioso, es simplemente un administrador de esos bienes: Sin duda el Señor se los da para que, a través de cada bien, alcance y ayude a alcanzar a otros la vida eterna, siendo un bálsamo de ayuda para los que se encuentran en necesidad. ¡Pero qué pocos entienden eso! ¡Cuánta necesidad de acumular y acumular y seguir acumulando la de los que más tienen! Por eso Jesús da el ejemplo del camello y el ojo de la aguja.

En cambio el hombre y la mujer que están junto al Corazón de Jesús encuentran su camino y su esencia. Van comprendiendo su destino y el plan de Dios para su vida. Su relación con los demás se convierte en una tabla de salvación; son mujeres y hombres justos y aman a todo aquel que el Señor ponga en su camino, agradeciendo la oportunidad que Dios les brinda para que, a través de su trato y de toda la ayuda espiritual, material y emocional que puedan proporcionarle al necesitado, éste encuentre y realice la misión que le ha sido asignada en pos de la salvación de su alma y las de quienes le rodean. Y así se forman los círculos virtuosos… ¿Se han dado cuenta ustedes de que casi siempre los santos han sido familiares, amigos o al menos conocidos de otros santos? Podríamos citar muchísimos ejemplos, y es precisamente por eso: “Las palabras convencen, pero el testimonio arrastra”. Algún día meditaremos sobre eso.

Sabemos que para alcanzar la santidad, son necesarias las mortificaciones, y como dice Francisco Fernández Carvajal en “Hablar con Dios”, “Eres mortificado si sabes hacerte todo para todos, para ganar a todos (Cfr. 1Cor 9,22) y luego agrega “cada uno debe hacerse un plan concreto de mortificaciones que ofrecer al Señor diariamente” (especialmente en los tiempos fuertes, como el Adviento y la Cuaresma).

Pero el cristiano debe de estar siempre en la disposición de servir diligentemente a los demás, sin importarle si hace o no “el ridículo”. Si al compadre o al amigo le va a gustar o no la manera de actuar que se tiene en beneficio del otro, o si la sociedad está de acuerdo o no, eso es lo que menos importa. La humildad del santo se le reconoce cuando sabe soportar estoicamente esas contradicciones, cuando no reclama para sí y hasta le cuesta recibir elogios, aunque sean bien merecidos, aunque los necesite para seguir esforzándose; cuando manifiesta cierta forma de “flexibilidad” para decir lo que siente, ve o piensa, por más que él esté convencido; cuando no se molesta o enoja si le corrigen o contradicen, si hablan mal de él o no se lo toman en serio.

Tú no serás mortificado si eres susceptible, si estás pendiente solo de tus egoísmos, si atacas a los otros, si no sabes privarte de lo superfluo, e incluso a veces de lo necesario; si te entristeces cuando las cosas no salen según las habías previsto o como te hubieran gustado más que sucedieran.

“Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7,16) El Apóstol de la Nueva Evangelización deberá ser siempre reconocido por sus frutos. Por todas aquellas acciones que vayan en favor del prójimo, por el servicio entregado con amor, paciencia, compasión y alegría. El Señor, en la Cruzada del Amor, nos invita a permanecer en la mansedumbre y la humildad. Que estas virtudes, que van muy unidas a su Corazón, sean los principales frutos que cosechemos en nuestro caminar por la vida, y junto con la virtud de la obediencia, venzamos nuestros egos, orgullos y ambiciones de poder, para siempre darle Gloria a Dios.  Leamos:

CA-156: Esperen atentos Mi regreso    23-1-96            Jesús

“Pequeños niños, quiero escuchar su FIAT, quiero cambiar sus pequeñas voluntades con Mi FIAT Supremo. Miren, hijos, que ya se acerca la Hora, pero no se quedan como los encontré, ahora están reconocidos con Mi Divina Misericordia, sean mansos y humildes como Fui, Soy y lo Seré por toda la eternidad.

Esperen atentos Mi Regreso, Yo Soy el Mañana, ese mañana que esperan las almas buenas y confiadas. Hijos Míos, ustedes que aceptan Mis instrucciones quedarán con el Pan asegurado, He multiplicado Mi Sagrado Cuerpo para Mis seguidores, para que no pasen hambre ni sed como lo harán Mis pobres hijos soberbios que se quedan fuera del hogar. Si fuese necesario, enviaré a Mis Santos Ángeles para que los alimenten. Díganme, hijitos, ¿un padre responsable puede dejar a sus pequeños hijos en total desamparo?

Hoy serán despreciados, marginados, calumniados, pero mañana serán buscados y llamados, al ver que ustedes tienen el verdadero alimento. Yo, su Señor, Me abriré paso entre la multitud para encontrarlos. Procuren, amados, estar al último, no busquen los primeros puestos porque los ignoraré. Sólo la oración, acompañada del verdadero ayuno, los hará dignos siervos del Señor. Encadenen la soberbia con la Plegaria Humilde del Santo Rosario, vayan meditando para que encuentren la verdad.

Les anuncié un desierto, pues ya lo están atravesando, basta que miren a su alrededor y podrán darse cuenta de que van quedando solos, pero no teman, el Santo Espíritu del Padre y el Hijo los abrazará y los Ángeles serán sus guías.

Hablen, de su Señor, díganles que los amo y quiero darles Mi Paz y Mi Perdón, estaré esperándolos hasta el último instante para darles Mi abrazo de padre, hermano y amigo.

Sepan que cuando Me susurran palabras de consuelo, de arrepentimiento y sobre todo de amor, Mi Corazón se multiplica y derramo torrentes de Misericordia, recíbanlo en sus pequeñas manos y guárdenlos en sus corazones.”

Mañana empezaremos a meditar sobre la Misericordia que brota del Corazón de Dios, que, unida a la humildad, nos ayudará a comprender y asumir de mejor manera nuestro compromiso y consagración a Dios a través de esta maravillosa Obra del Señor que es el ANE.

MEDITACIÓN

Este día, las preguntas y la dirección de tu meditación serán guiadas por el Señor. A través de este mensaje, el Señor te hará reflexionar sobre los conceptos que durante estos días hemos estado viendo para nuestro crecimiento espiritual. Lee con atención y pídele al Espíritu Santo que te ilumine, para que las respuestas y lo que medites, sea a luz de la Palabra de Dios y a la misión que te ha sido asignada.

CM-150: DÍA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Dulzura de Mi Corazón, terminamos este tomo. Por favor, apresúrense lo más que les sea posible, trabajen en él para difundirlo pronto. Se los pido con mucha urgencia. En tanto, empezaremos otro tomo y al mismo tiempo iremos trabajando con el Evangelio de Juan…

La altura y la profundidad de las riquezas de que está lleno Mi Corazón, Me mueven a decirles hoy una palabra más, que de Mi mismo Corazón llega a ustedes lanzada como un ardiente meteoro.

Es el día de Mi delicia, el día en que Yo Me He preparado y He querido, a fin de que sea aliviada Mi soledad y aligerada la ingratitud de ustedes.

Mi Corazón está en llamas, lo saben y si les repito, es para que den otro paso a estas llamas y vengan a abrasarse aquí, donde están seguros de amar a su pertinaz Jesús, que no puede permanecer quieto, sino que debe llamar, atraer, acoger, abrazar y embellecer a todas las almas, todas, digo y particularmente a cada una de ellas.

Tengo el Corazón en llamas, ¿qué significa esto? Esta vez son ustedes los que deben responderme. Yo los invito a hacerlo en la soledad, hablándome con toda franqueza. Díganme en privado, que saben de qué llamas se trata. Háblenme, háblenme de amor, Me agrada oírlos decir que las llamas son el altruismo, la caridad que hace dilatar Mi Corazón.

Respondan ustedes a Mi pregunta, díganme lo que quieran, Yo espero sus confidencias, espero también sus miserias, pero hoy no hablemos de ellas, porque es día de riqueza, de profundidad y altura de Mi inconmensurable Caridad.

He esperado que, presentándome a ustedes con el Corazón en la mano, finalmente sus mentes se abrieran, al fin sus espíritus creyesen en Mi Amor.

Por un momento no piensen en quiénes son ustedes, no importa, se lo digo Yo; piensen un poco en Quién Soy Yo. ¿Ven? Soy Luz y Llamas, las espinas, la Cruz y las Llagas Mías fueron sufrimientos transitorios -y lo serán también para ustedes- Pero Yo Soy la Esencia de la Luz y la Esencia del Amor, como precisamente quiero recordarles presentándome con el Corazón en la mano, a ustedes que están tan tristes sin Mi Amor…

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea 

Sagrado Corazón de Jesús (Día 22°)

VIGÉSIMO SEGUNDO DÍA:

El evangelio de San Lucas 15,20, nos dice lo siguiente: “Se levantó, pues, y se fue donde su padre. Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó.”

Jesús nos abre su Corazón y nos enseña, con las parábolas, la misericordia que mana del Corazón de Dios, especialmente, como leemos en este versículo de la parábola del hijo pródigo, cuando el hombre se encuentra caído. Jesús nos enseña la dinámica de la Misericordia en un lenguaje que todos entendemos y que nos convierte, de ese modo, en discípulos del Maestro.

Jesús contempla al hombre caído. Nos ve a cada uno de nosotros desde su Adorable Corazón, y nos va enseñando las diferentes maneras como, si no estamos en gracia y bien pendientes de nuestros actos, podemos quedar degradados, derrotados a causa de la soberbia, que se manifiesta por la autosuficiencia, el orgullo de sentirse más o mejor que los demás, y la pretensión de dominar al otro sin escrúpulo alguno.

Jesucristo, nuestro Señor y Maestro, no ha descendido del Cielo de estar junto al Padre únicamente para hacernos participar de la vida divina. Sí, este es uno de los ejes principales de su misión mesiánica; pero también está el ir mostrándonos y enseñándonos el camino humano hacia las virtudes que son necesarias para lograr esa salvación, a la cuál Él viene a motivarnos, especialmente la mansedumbre y la humildad, que son prendas seguras para alcanzar el cielo, y por las cuales descubriremos al prójimo como nuestro hermano… “Lo que es ustedes, no se dejen llamar maestro, porque uno solo es su Maestro, y todos ustedes son hermanos.” (Mt 23,8) Así es como el Señor concreta y hace palpable su deseo de que todos seamos uno con Él (Jn 17,11); que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado (Jn 13,34), y que en cada persona que veamos a nuestro alrededor sintamos la presencia de Dios, ya que ese próximo a mí, es mi hermano. Esta es la finalidad principal de la devoción al Sagrado Corazón: la Comunión, para que haciéndonos uno con el Padre, el Hijo y el Espíritu de ambos, podamos amar a nuestros hermanos como nos amamos a nosotros mismos.

Hoy día, como nuestro Maestro, Salvador y Buen Pastor, nos conduce como sus ovejas a resguardo seguro en el rebaño. Como Apóstoles de la Nueva Evangelización, nos quiere alumnos perseverantes de Su Corazón, y requiere el Sí autentico y decidido de cada uno de nosotros para escuchar, asimilar, proclamar y actuar, conforme a cada una de sus enseñanzas.

Al decirnos “aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11,29) nos pide que tratemos de poner en práctica ambas virtudes (la mansedumbre y la humildad de corazón -es decir, humildad profunda y total- en nuestra vida de apostolado.

¿Y por qué no decimos “en nuestra vida diaria” sino en nuestra vida de apostolado…? Muy simple: porque nuestra vida debe ser siempre una vida de apostolado. No solamente estás comprometido con el Señor y con el hermano cuando estás en tu casita de oración, o sirviendo en el CASANE, en la Cárcel o en el Hospital… No, hermano. Esa sería una muy mala comprensión o interpretación de lo que Jesús quiere de nosotros como ANE-apóstoles.

Cuando Jesús ora al Padre en la Última Cena para presentarle, como realizada, su misión en esta tierra (Evangelio de San Juan capítulo 17) Él le dice que se nos ha revelado lo que Dios Padre quería que fuera conocido a través de Jesús, Su Hijo. Que nosotros, que lo hemos reconocido como Hijo de Dios, seremos protegidos del mal aquí en la tierra, y que seremos herederos del Cielo junto a Él. Pero también, que debemos salir a proclamarlo al mundo, a fin de que los demás vean, en nosotros como una unidad, que Jesús es el Hijo de Dios para Gloria del Padre, y que a través de nuestras acciones, su Espíritu se manifiesta en cada una de las circunstancias y situaciones por las que atravesamos; situaciones espectaculares o simples, dentro o fuera de la casa, dentro o fuera del apostolado. Es decir, ¡siempre!: Tu vida como apóstol, debe de ser siempre un reflejo de la vida de Cristo.

Es así como tu vida ordinaria pasa a ser extraordinaria. Tu vida diaria, pasa a ser una vida de apostolado; la vida de un verdadero hijo de Dios, que lleva selladas en el alma las Palabras y enseñanzas de su Maestro, y que a imitación de Él, replica en todo lugar, a tiempo y a destiempo, todo aquello que le ha oído y que es la Palabra de Dios.

Así, y para eso, es que has sido llamado. Aquí en el ANE, “semillero de Santos” (Man-77), el Señor nos motiva a vencer todos los obstáculos que nos apartan de Él y brincar todas las vallas que encontremos en nuestro camino, que nos impiden dar buen testimonio al mundo de su presencia y acción. Nos enseña que, como la Magdalena, sepamos con humildad reconocer nuestros errores, lavar nuestras culpas a sus pies, dejando los mejores aromas de nuestra pureza de intención, y levantarnos de nuevo presurosos, rectificando el camino.

Pero algo muy importante es que estemos siempre alertas, tratando de evitar que las semillas sembradas por el Señor se asfixien y mueran en la tierra infértil de nuestros corazones; que el orgullo, la soberbia, el desánimo, la vanidad, la tibieza de espíritu, nos lleven a caer en la pereza espiritual, haciendo que nuestros días se vuelvan ordinarios, y que nuestro quehacer “ordinario”, en vez de brillar con los frutos de la santidad y pasar a ser “extraordinario”, se convierta en simples y esporádicos momentos en los que “seamos buenos , haciendo lo que se espere de nosotros” (todo entre comillas), mientras que en el día a día, nuestras acciones y reacciones dejen mucho que desear.

Aquí podríamos igualmente citar un refrán popular que dice: “No se puede (debe) ser luz en la calle y oscuridad en la casa”, a eso en mi pueblo se le llamaría ser deshonesto, mentiroso, sepulcro blanqueado, doble cara… en una palabra TIBIO; y “a los tibios, Dios los vomita de su boca” (Cfr. Ap 3,16).

En el Apostolado que se realiza en los hospitales, a través del Ministerio de Salud de los Enfermos, por poner un ejemplo, es bueno pensar que, a las personas que veas o atiendas ese día, puede ser que nunca más las vuelvas a ver, por eso es tan importante que el mensaje que les des, comenzando con tus formas de tratar a los demás, lo que les dices, lo que predicas, cómo reaccionas, cómo interactúas con tus hermanos de Apostolado, estando allí, debe evangelizar. Posiblemente ese será el único día que la persona tenga para, a través de ti, conocer el Rostro de Dios, que lo haga meditar y cambiar de vida; acercarse a recibir el sacramento de la Reconciliación y convertirse.

¿Ves cuán importante es ser apóstol siempre? Ahora piensa que hubieras hecho todo a la perfección, estando en tu día de servir al Señor en el ANE, en cualquiera de los Ministerios… pero al llegar a tu casa, ya un poco cansado (cansada) de tu actividad apostólica, deseando recostarte un momento para seguir con las actividades programadas, tomarte un refresquito, o simplemente tener tus 10 minutos de paz, te das de cara con la novedad de que tu hijo o hija dejaron un tiradero en la cocina al momento de preparar sus alimentos; o en el caso de los varones, que a tu esposa se le quedó varado el coche en el camino, por olvidarse de ponerle gasolina… Y sucede que se desencadena la fiera que llevas dentro, y con gritos, ofensas y demás, regañas a aquella persona que resulta ser la parte más importante de tu corazón, y tu prójimo más próximo con el cual tienes más compromiso de evangelizar y hacerle sentir el amor de Dios… ¿Estaríamos siendo verdaderos apóstoles si actuáramos así? ¿Qué pensaría él o ella de nuestra “religiosidad”? Nuestro compromiso de servicio, y de hacer sentir el amor y la misericordia de Dios a los demás, ¿sería el correcto? ¿Estaríamos ejercitando las virtudes de la humildad y mansedumbre, así como la comprensión y bondad enfrente de lo que se supone que es ordinario? ¿Sería mi vida ordinaria, extraordinaria de ese modo…? Yo creo que no.

Ser luces en las casa y luces en el apostolado. Ser luz y paz siempre. Amar y sacrificarnos siempre, no importa qué, cuándo o dónde…  SIEMPRE a ejemplo de Jesús, manso y humilde de corazón.

Al final de cuentas, lo mismo se gana diciendo las cosas de buena manera, que diciéndolas con las tripas revueltas o tratando de matar a alguien. ¡Al contrario!: lo más probable es que, si actuamos con el impulso de las vísceras, no consigamos casi nada bueno. En cambio, si reaccionamos de buena manera, y tratamos de autocontrolarnos y decir las cosas con tranquilidad y bondad, será mucho más provechoso para lo que queramos lograr.

Jesús nunca nos ha dicho que será fácil. Por el contrario: siempre ha dicho que el camino es angosto y la puerta estrecha, que nos costará subir la montaña de la santidad, y que lo más difícil de todo eso, es el autocontrol de las pasiones y sentimientos. Pero también nos enseña siempre que, si confiamos en Él y ponemos todo en sus manos, a través de la oración, la gracia vendrá a socorrernos en los momentos cuando creamos que ya no podemos más, y la tentación o las pasiones en nosotros desordenadas, serán sometidas con la fuerza del Espíritu santo, que estará ahí para nosotros siempre.

Así nos habla el Señor en la Cruzada de la Misericordia, enseñándonos acerca de las bienaventuranzas, que deben ser motivo de nuestra meditación diaria, para poder dar buen testimonio a los demás. Leamos:

CM-30 “BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU”

“Bienaventurados los pobres de espíritu”. Ahora, para su provecho, les diré que a los verdaderos pobres de espíritu los He hecho Yo, dándoles esa virtud a los elegidos en distinta medida. La humildad -a la cual aludía- es una gran pobreza, porque se alimenta de verdad. El humilde, por tanto, es arca de luz, por la cual ve su propia miseria y goza de ella, porque de ella se desprende más Mi riqueza. El pobre de espíritu se considera a sí mismo cómo ha sido, cómo es y cómo sería; ve los abismos en los cuales caería sin Mí.

Verdaderamente, feliz el que es pobre de soberbia y humildemente se reconoce como necesitado de Mí. Espiritualmente actúa como conviene al humilde y por eso se arroja en Mis brazos, confiado y agradecido. La humildad genera amor y el amor produce humildad. La felicidad es el amor, no la propia miseria, es el amor confiado que nace al verse miserables, pero acogidos por Mí.

¡Cuánto hay que lamentar que de esta frase se haga tan mal uso! Muchas veces se la cita como propia de los incapaces, los que son inútiles, los que no saben valorarse. Pero Yo no pretendo alabar a los incapaces, a los buenos para nada. Yo quiero decir que es feliz el que posee la humildad, porque ésta viene del amor. Bienaventurados los pobres de soberbia, bienaventurados los humildes, ellos tendrán la alabanza y el honor de todo el Cielo, que cantará melodías divinas en torno a ellos.

Todo esto, ¿no te mueve a leer Mi Evangelio cada día? No sólo lo prometas a tu querido Padre espiritual, hazlo, porque todo lo que hoy les digo es con el fin de llevarlos a los Evangelios.”

Dios nos da un don y una tarea. Con eso entendemos que es una propuesta que dura toda la vida, es un objetivo final, es nuestra misión y nuestra meta. Es el examen para ganar la vida eterna. Las virtudes que nos propone aprender nos hacen entender que necesitamos la gracia de acoger al hermano desde la simplicidad que nos da el Espíritu y la necesaria purificación de la voluntad personal (del YO), que hará que cada una de las semillas que hay en nosotros, caigan en tierra buena, y den frutos abundantes, dignos de los que son hijos de Dios.

MEDITACIÓN:

El día de hoy, tendremos mucho sobre qué meditar. Tomate el tiempo y, si te es posible, divide tu meditación en dos partes, para poderla hacer toda.

Reflexionaremos sobre las siguientes preguntas, contestándolas a la luz de lo que en este día leímos y con el mensaje que a continuación leerás. Trata de estar en actitud de oración, para que el Espíritu Santo te ilumine y te muestre su Voluntad.

¿Estas siendo verdadero apóstol con tu testimonio?

Nuestro compromiso de servicio y de hacer sentir el amor y la misericordia de Dios a los demás, ¿es el correcto?

¿Cómo tratas a la gente en tu casa, en el Apostolado? ¿Cómo son tus relaciones interpersonales con tus hermanos de Apostolado, especialmente con los que pasas más tiempo?

A los ojos de Dios, ¿cómo crees que está tu respuesta conforme a la Obra de misericordia de soportar con paciencia los defectos del prójimo? ¿Estás siendo lo suficientemente manso, bondadoso y tolerante?

¿Estás ejercitando las virtudes de la humildad y mansedumbre, así como la comprensión y bondad en lo ordinario?

¿Será mi vida ordinaria “extraordinaria”, si sigo actuando del modo en que lo hago?

PUERTA DEL CIELO-99 “NADIE ES SUPERIOR AL OTRO”

Quiero que se olviden a sí mismos y miren hacia Mí. Silencien sus mentes y reconozcan cuán improductivo es buscar consuelo ajeno.

Cuando buscan que otro hombre evalúe su desempeño espiritual, solamente demoran su crecimiento, porque sólo Yo puedo ver su interior. Entonces, ¿qué necesidad tienen de escuchar palabras que alaben, para llenar un placer momentáneo? Esto es egoísmo y debe evitarse, porque es perjudicial a su crecimiento.

Busquen servir a los demás, escuchen, oren y esfuércense por lograr servir a los demás, que sólo eso da gozo al alma.

Al pedir que se olviden de sí mismos, les hablo de amarme negando su humanidad, de modo que Yo pueda vivir unido a su buena voluntad.

Acepten las alabanzas de otros graciosamente, cuando estas lleguen, pero no las busquen. No es tan importante el ser entendido como el entender, por eso lo pedía Francisco de Asís, porque si ustedes viven en Mí y Yo en ustedes, son entendidos por la Trinidad. ¿comprenden la magnitud de lo que les digo?

No cierren sus oídos a cuanto les He venido diciendo. En verdad les digo que, si hubiesen seguido Mis palabras con la solicitud que lo hicieron en otros grupos, ya sus familias estarían convertidas y predicando Mis Mensajes.

No lloren sobre sus propios cadáveres, hijos Míos, saquen enseñanza del fracaso vivido y emprendan de nuevo el camino en los senderos que señalaron ustedes mismos”.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea 

Sagrado Corazón de Jesús (Día 21°)

VIGÉSIMO PRIMER DÍA:

Siguiendo nuestra reflexión sobre las virtudes de la mansedumbre y la humildad para alcanzar la semejanza en Cristo, ser agradable a sus ojos y convertirnos más a su Amor, analizaremos la virtud de la mansedumbre.

La mansedumbre es la virtud que modera la ira y sus efectos desordenados. Es una forma de templanza, que va enfocada al temperamento y autocontrol del mismo, y que evita todo movimiento desordenado de resentimiento por el comportamiento de otro.

Ser manso, como diría la lengua popular, no significa ser menso… La mansedumbre es la virtud que nos ayuda, cuando la ejercitamos, a ir controlando nuestros impulsos “violentos” que nos llevan, si no los sabemos controlar, al pecado capital de la ira.

El Señor nos invita a ser mansos como es Él. El mejor ejemplo para entender esta magna virtud es la que Jesús nos enseña a través de su testimonio, cuando leemos el evangelio de Lucas 18,20-24: “Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote? Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” 

En este pasaje del Evangelio, Jesús nos muestra la manera adecuada de comportamos ante las injurias y afrentas que comenten los demás en contra de nosotros. Él, no se queda callado. Reacciona. Es decir: no se hace pequeño dejando que se provechen de Él. Jesús se defiende. Hace uso de la justicia y responde. “Si he hecho mal alguno dime cuál fue; pero si no, ¿por qué me pegas?” Ese es precisamente el mejor ejemplo de la mansedumbre. Ese es el reflejo del autocontrol: Seguramente el Señor debió haber sentido tristeza y molestia; Incluso quizá miedo. Sin embargo, sabía que le asistía la verdad, y en consecuencia, lo hace notar. Les hace darse cuenta a sus agresores de que cometen una injusticia y un atropello. Se defiende… su defensa es mansa, pero enérgica. No maldice, no lanza golpes, no insulta, no devuelve mal por mal.

Me gusta pensar en esto: No todo tiene explicación, más todo tiene un propósito. Hay situaciones de nuestra vida en las que nos vemos inmersos en circunstancias que nos sacan de quicio, que te fácilmente te hacen “salirte de las casillas” y te orillan a cometer imprudencias. Sin embrago, la virtud es probada y ejercitada en el crisol de las contingencias. Todo el mundo dirá que es muy fuerte y las cosas le saldrán muy bien mientras no tenga que enfrentar problemas, pero cuando está inmerso en alguna situación de estrés o enfrentamiento, difícilmente podrá prescindir de la mansedumbre, la templanza y otras virtudes que le ayuden a dar buen testimonio de ser un verdadero cristiano.

Pensemos, por ejemplo en el Libro de Job: A Job le tocó pasar tremendas calamidades: perdió sus bienes, sus servidores, a toda su familia e incluso sufrió de una herida que le llegaba desde la planta de los pies hasta la cabeza. La explicación que el libro da a todo lo que le ocurre a Job, es que el “enemigo” quiere hacer que reniegue y maldiga a Dios, y para eso lo ataca mediante las pruebas y el sufrimiento. Job necesitaba, además de la fe, la mansedumbre y la humildad para seguir siendo fiel a Dios.

Pues Dios nunca se hace esperar, y siempre está dispuesto y vigilante de nosotros, a fin de darnos las herramientas que necesitamos para salir victoriosos durante las tentaciones, las pruebas y afrentas que recibimos, no sólo del mundo, sino del mismo enemigo de las almas.

Jesús pone a la mansedumbre junto con la humildad, ya que ésta, es un valor altamente apreciado para quienes se someten a la disciplina religiosa, pues implica una gran dosis de humildad y autocontrol, así como una gran obediencia y una rígida observancia a las normas.

Dentro de la teología cristiana, la mansedumbre es uno de los Frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5,22). Es el beneficio espiritual de estar en comunión con Dios. Al ayudarnos a controlar la ira, la mansedumbre frena sus efectos desordenados sobre nosotros, que con frecuencia nos llevan a caer en pecados muchísimo más graves. Generalmente, un hombre que no cultiva la mansedumbre, que es preso de sus pasiones y sufre arrebatos de ira, es un hombre destinado, en la mayoría de las ocasiones, a desenlaces trágicos y fatídicos.

En el Evangelio de San Mateo 26,52, Jesús le dice a Pedro: “Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere”, indicándole a Pedro, y con él a cada uno de nosotros, que el actuar violentamente contra alguien, se lo merezca o no, sella en nosotros una sentencia de recibir, como pago, la misma moneda, es decir, experimentar en nuestra carne el mismo daño que causamos a otro. Esto nos da a entender que cada uno recibe el trato que merece, de acuerdo con su actuación.

En el tiempo en que vivió Jesús, los judíos de la época consideraban el uso de este refrán particularmente, cuando una persona había cometido un daño contra otra, y luego la vida lo ponía en una situación equivalente… La violencia trae consigo siempre más violencia.

Pero Jesús vino a cambiar todo esto: a traer paz donde hay guerra; perdón donde hay afrentas; reconciliación, obediencia, paz, paciencia, fortaleza, bondad… en síntesis: Mansedumbre, donde no la hay.

En la figura de Job podemos reflejarnos a nosotros mismos, cada vez que alguna situación nos duele o molesta: Job nunca ofende a Dios, ni ofende a ninguno de sus hermanos que lo rodean. No desquita sus malos humores o malos ratos con nadie. Mansa y humildemente, espera a que el auxilio divino se haga presente en su vida y, confiando en Dios, ruega para que el Señor lo ayude a resolver sus males.

Como dirían los psicólogos hoy, su grado de tolerancia a la frustración fue tal, que se hacía violencia a sí mismo (en el sentido de que su autocontrol le cuesta mucho, y de alguna manera le duele y se le dificulta no revelarse o perder la gracia y la compostura), controlándose al máximo, pidiéndole a Dios Padre que le ayude a entender y a soportar los momentos tan duros que estaba viviendo, en fortaleza, humildad y mansedumbre…

No todo tiene explicación, pero sí todo tiene un propósito: la finalidad de la mansedumbre debe de ser, obviamente, perseguir la santidad por su medio, pero también a través de las situaciones que se han vivido o se están viviendo, encontrar el propósito a tal circunstancia en miras de nuevamente, asemejarse al Corazón de Jesús que es Manso y Humilde.

Como vemos, la mansedumbre contiene su gran dosis de humildad. Humildad para saberse NADA delante de Dios, y “poderoso” con el auxilio de Él. San Pablo diría con respecto a esto: “Todo lo puedo en el Señor, que me fortalece.” (Filipenses 4,13). El ser mansos, implica un gran autocontrol, confianza en Dios y en Su Poder restaurador en nosotros, por Su Gracia; implica un firme compromiso en la construcción del Reino de Dios, dando testimonio de la presencia de Dios en el mundo, a través de nuestras actitudes y conductas; de nuestros pensamientos y sentimientos, especialmente en las ocasiones que (por nuestra naturaleza caída y por la tentación del enemigo) nos impulsan a actuar violentamente, ya sea de palabra o de acciones. El Señor, nos dice en La Puerta del Cielo 76, cuán agradable para Él es un hombre que practica en su vida la mansedumbre y trata con eso, de seguirle y darle Gloria. Veamos:

PUERTA DEL CIELO-76: “MANSEDUMBRE”

“(…) Modérala cuando llegue, con la virtud de la mansedumbre. Acuérdate de Mí, de Mi Pasión, de Mi Cruz. ¿Acaso Yo Me irrité? ¡No sabes cuán agradable Me es un hombre manso que sufre tranquilo y con calma los lances adversos, las persecuciones y las injurias! Ahora, algunos se vanaglorian de que son mansos, pero sin fundamento, porque lo son con aquellos que les dispensan beneficios o los alaban, mas sólo respiran furia y venganza contra los que los injurian o los han perjudicado

La virtud de la mansedumbre consiste en ser manso y sufrido con quien te maltrata y te aborrece.

Lee Colosenses 3,12. ¿Quieres que los demás toleren tus defectos y que disimulen si tienen motivo de queja contra ti? Pues lo mismo debes practicar con los demás: Cuando recibas algún agravio de tu prójimo, que está irritado contra ti, respóndele con suavidad y humildad y lo quebrantarás. Mira, pasando cierto monje por un campo sembrado, salió a su encuentro el dueño y lo llenó de maldiciones e insultos. “Hermano tienes razón, he obrado mal, perdóname”, respondió el monje. Se suavizó tanto el labrador que, no solamente se le pasó toda la cólera, sino que quiso seguirlo y entrar de monje en su convento…

Debes saber que los soberbios convierten las humillaciones recibidas en estandarte de su orgullo, más los humildes y mansos convierten los desprecios que se les hacen, en estandarte de su humildad. Por eso los llamé ‘Bienaventurados cuando los llenasen de maldiciones y los persiguiesen.’ Mateo 5,11.

No te sientas tan mal, Yo te amo, es necesario que aprendas.

Mira, Cantares 1,11 habla de la fragancia del nardo. Efectivamente, es una planta odorífera, pero solamente difunde fragancia cuando se frota con fuerza. Un hombre es manso, sólo cuando se lo ve sufrir con paciencia y sin cólera los malos tratos y los insultos. Sólo entonces puede percibirse la fragancia de un nardo o la virtud de mansedumbre.”

MEDITACIÓN:

Hoy meditaremos sobre el mensaje que nos dejó el Señor acerca de la ira y el mal que hace al hombre que la padece. Léelo detenidamente y medita sobre tu vida y las reacciones que tienes cuando te ves enfrentado a situaciones de estrés o que van en contra de tus intereses.

Piensa, ¿Cuántas veces has reaccionado mal en contra de tu hermano? ¿Cuándo fue la ultima vez que pediste perdón por alguna palabra hiriente, o acción que lastimara a alguna persona, cercana o no a ti? ¿generalmente cómo reaccionas cuando te ofenden o faltan por alguna situación en la que tengas o no culpas? ¿Qué sentimientos te provoca y que reacciones surgen en ti para enfrentar dichas situaciones?

PC-75: EL ENOJO Y LA IRA DESFIGURAN EL ROSTRO MAS BELLO

Cálmate, Mi niña, vamos a hablar hoy de un tema en el cual deberás reflexionar en las próximas horas.

Quiero que sepas, pequeña, que el enojo es semejante al fuego, puesto que, así como el fuego es vehemente y violento cuando toma fuerza e impide que se lo vea en el humo que despide, así el enojo hace que prorrumpa el hombre en mil excesos y no le deja ver lo que hace.

No debes malhumorarte así, porque la ira es tan perjudicial al hombre que desfigura el rostro más bello y gracioso, haciéndolo semejante a un monstruo furioso que infunde espanto en torno suyo. Si eso hace exteriormente, ¿te imaginas lo que desfigura el interior ante Mis ojos? Hablemos sobre ello.

La ira precipita al hombre muchas veces a las venganzas, a las blasfemias, a las injurias, a las murmuraciones, a los escándalos y a otras cosas peores, porque oscurece la razón y hace que el ser humano obre como un irracional o como un loco. Lee Job 7, 7. La ira hace perder al hombre toda prudencia, muchas veces la razón y el sueño.

Mientras estés irritada, la acción de tu prójimo te parecerá una injuria grande e imperdonable, pero luego que te pasa la cólera adviertes que no es tan grave como a ti te parecía.

Cuando te asalte la ira, ora, pidiendo que Yo te libere de las pasiones violentas. ¡Cuántos, por no refrenar su enojo, pronuncian horribles blasfemias contra Mí o contra Mis Santos! Los iracundos pasan una vida infeliz, puesto que siempre están en una situación violenta y llena de agitación, como una tempestad.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

———-

Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea 

Sagrado Corazón de Jesús (Día 20°)

VIGÉSIMO DÍA:

“El adorable Corazón de Jesús quiere asentar en todos los corazones el Reino de Su Puro Amor, debelando y echando a pique el de Satanás, y pienso que lo desea tanto, que promete grandes ganancias a los que de buena voluntad tomen parte en esta empresa, según los medios y luces que les comunique.” (Santa Margarita María de Alacoque)

Hoy seguiremos reflexionando sobre la estrecha relación que existe entre nuestro amado apostolado, y la devoción al Sagrado Corazón. Asimismo, seguiremos meditando lo que el Señor nos pide de cada uno de nosotros, para ser cada día más dignos de su Amor y más agradables a sus ojos: la humildad y mansedumbre.

El Señor desea que no ambicionemos ninguna gloria, ningún honor, ningún reconocimiento especial, ningún trato preferencial. Ser servidores de todos y ocupar los últimos lugares, cediendo los primeros a otros de nuestros hermanos. Siempre sentirse menores y necesitados de aprender, aún de personas que pudieran tener menos experiencia, menos “cultura”, menos “carrera”, menos estudios que nosotros. ¡De todos tenemos algo qué aprender! Humildad, humildad, humildad… Jesús quiere que necesitemos y deseemos, al final de cuentas, solo lo que puede darnos el Sagrado Corazón. Él, como les dijo a Sus Apóstoles, nos repite el día de hoy a ti, a nosotros y a todos: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo ignora lo que hace su Señor. A ustedes los llamo amigos, porque les di a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn 15,15).

Pensemos: ¿Quién, en la tierra, tiene ese corazón tan grande…? ¡Nadie! Por eso no deberíamos desear ningún otro honor que el que nos da el servir al Señor. Nada debería de separarnos de su Amor, y claro está, que ningún honor dado por los hombres, tiene ninguna relevancia ante la magnitud de estar en gracia de Dios. Es por eso que debemos estar bien atentos de las cosas que el mundo nos ofrece, y como el Señor nos enseña y recuerda, a través de tantos profetas y mensajeros Suyos: discernir siempre, a la luz del Espíritu Santo, lo que es de Dios y lo que no viene de Él; lo que nos acerca a Dios, y lo que nos aparta de Él; lo que nos hace ser mejores hijos de Dios y hermanos, y lo que desfigura nuestra verdadera identidad y nos aleja totalmente de alcanzar la semejanza, cada día mayor, de  nuestro corazón al Sagrado Corazón de Jesús, que tanto nos Ama y al cual debemos tratar de imitar siempre.

A diferencia de las cosas del mundo, que son tan engañosas, que tan caro se pagan y tan fácilmente se pierden, el Amor de Dios se nos da como un Camino de Verdad y Vida. Es el mismo Dios Quien se nos da para llenarnos de gozo, paz y virtud, y nos entrega su fidelidad, que es para siempre. Jesús nos comenta en el Evangelio de San Mateo que el cielo y la tierra pasarán, pero sus Palabras no quedarán sin efecto. (Cfr. Mt 24,35).

Él nos invita a trabajar hacia adentro de nuestras almas; a ser quisquillosos con todo aquello que brilla demasiado y nos aparta de Dios, induciendo a los hombres a desear lo que es intrascendente y pasajero, que incita a la codicia y vanidad, que hace brotar las ansias de ir detrás, como el dinero, la gloria del mundo, los elevados puestos, la codicia en la adquisición de lujos y renombres de fama.

Jesús se ofrece a Sí mismo mostrándonos su adorable corazón, sus llagas, su cruz, su corona. Nos muestra lo que nuestros pecados, indiferencia, infidelidad, traiciones y abandono le hacen sufrir. Sin embargo, a pesar de todo, nuestro Buen Dios sigue llamándonos a caminar junto a Él. Así como en el pasaje de los discípulos de Emaús (Cfr. Lc 24,15-31) el Señor desea que lo descubramos en cada experiencia que vivamos en nuestra vida, que lo hagamos participar de nuestros triunfos, derrotas, alegrías, penas, y que, en nuestra vida, no sea un Dios lejano; un Dios que se le toma en cuenta sólo para agradecer por el día y por la noche regalados por Su Providencia, casi que “por obligación”, simplemente como una costumbre adquirida y, pudiéramos decir, “sin pasión”… Lo que Jesús quiere es ser parte esencial de nuestras vidas. Estar en el centro de nuestro sentir, pensar y actuar. Ser nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida; nuestro oxígeno, nuestra esencia, pero no porque Él lo necesite, sino para beneficiarnos mucho más.

Nuestra principal nobleza, como Apóstoles de la Nueva Evangelización, será la de tratar de vivir imitando la Vida de nuestro Señor, de tal manera que, nuestro orgullo y premio, sea el que seamos llamados “SUYOS”.  Que sus llagas, su corona, la cruz, las espinas que hieren su Adorable Corazón, sean nuestro mayor tesoro, y como Apóstoles suyos, amigos de Su Corazón Generoso, le ayudemos a cargar todos esos sufrimientos en las personas de nuestros hermanos que se encuentran en necesidad. Todo esto deberá ser, como Apóstoles, nuestra misión de vida, para cuando nos llegue el momento de dar cuentas a Dios, nos encontremos con el corazón lleno de obras buenas, y que seamos señalados como “ambiciosos” delante de Dios Padre, únicamente por desear y perseguir con todo el corazón, mente y cuerpo, el ser servidores de Jesús en el Palacio de Dios.

El Señor nos quiere humildes y santos. La devoción al Sagrado Corazón nos invita a ser como es Jesús.  En el ANE, la riqueza de los miembros se encuentra en ser de Jesús y ser reflejos de Él; en seguirlo e imitar sus virtudes; en que cada día que nos sea regalado, lo veamos como una oportunidad para parecernos más a Él, sirviendo a los demás y dando así testimonio de su Vida, impregnada en la nuestra. Queremos ser, para el mundo, “aquellos que traen la buena noticia de la salvación”; aquellos que, con sus palabras, pero especialmente con sus obras, demuestran al mundo que Dios SÍ EXISTE y que Su Rostro está reflejado en cada uno de los rostros que le aman, le reconocen como Dios y le llevan a los demás.

Jesús nos dice que exaltará a los humildes y puros de corazón, y que de ellos será el Reino de los Cielos; que son aquellos, los que podrán ver a Dios (Cfr. Mt 5,3-8).  Nos deja bien claro que el origen de la humildad siempre debe ser el amor, y que cualquier otro tipo de “buena actitud” que pudiera ser considerada humilde (como el hablar “de dientes para afuera” de las propias miserias, o de los padecimientos, desaires o fatigas, por realizar trabajos en beneficio de otros y demás) y que reciba en la tierra su premio, deberá ser pasada por el colador de la pureza de intención, ya que podría ser una falsa humildad y ésta, al final, lo único que busca, es la aceptación, la vanagloria y la admiración de los que le rodean, cosa que va muy en contra de la misión que tenemos, como miembros del ANE, y de la verdadera devoción al Sagrado Corazón, como cristianos e hijos de Dios.

Examinemos, a través de este mensaje de la Cruzada del Amor, lo que el Señor nos dice con respecto a todo lo que acabamos de decir:

CA 107- “AMOR Y HUMILDAD”

Exaltaré al humilde y lo conduciré derecho al término de sus fatigas, sin que conozca las cualidades que llega a adquirir en su camino hacia la completa luz.

El humilde Me agrada porque reproduce en sí Mi despojo, Mi anonadamiento; Me agrada el humilde porque es el espejo de la verdad y Yo considero su vida como una preciosa historia en la que están escritas admirables e inspiradas cosas. No es verdadero y humilde el que se esfuerza con palabras en declarar sus miserias, más bien algunas veces esta especie de humildad recibe el premio ya en la tierra; porque en el Cielo, Yo premiaré mucho mejor aquella otra humildad que procede de la interna y firme persuasión de su nada y de sus culpas.

El origen de la humildad está en el amor. Mientras más crece éste, mayor es la humildad en el alma. Por tanto, aseguren el amor y recibirán todo lo que se relaciona con la bella y santa humildad.

Sea uno sólo su ejercicio: crecer en el amor, del cual dependen todas las demás virtudes. Y para crecer en el amor, ya saben cuál es su parte. En efecto, Yo doy siempre mayor amor a los que se esfuerzan en contradecirse. Estén alegres, la humildad no es abatimiento. Gocen de Mi Amor Divino, sin tristeza, sino alegres de su condición de míseros que gozan de todas Mis infinitas riquezas…”

Mañana seguiremos reflexionando sobre todas estas enseñanzas que nos ha dado el Señor, que son para nuestro crecimiento espiritual y para ir adquiriendo, cada día, una mejor comprensión de nuestra espiritualidad como Apóstoles de la Nueva Evangelización. A través de estas reflexiones iremos discerniendo mejor lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, en medio de las circunstancias que cada uno en su hogar, y a la vez todos como Iglesia peregrina, como humanidad lastimada, vivimos.

MEDITACIÓN:

Pidamos en este día que el Señor nos ayude a alcanzar los verdaderos honores, aquellos que realmente importan, que son los de la Gloria eterna, y disfrutarla junto a Él y nuestra Madre Santísima.

Meditemos sobre todas las veces que el Señor nos ha llamado a convertirnos, interviniendo en cada una de nuestras debilidades y acogiéndonos en los momentos cuando más solos y derrotados nos sentimos. Pensemos en las mil y una formas en que nuestro Buen Jesús nos ha llamado nuevamente a Su encuentro.

Reflexiona sobre lo afortunado que eres al contar con un Dios que es tan Bueno y Misericordioso. Piensa en todo lo que Jesús te ha regalado, a través de esta hermosa Obra, nacida de su Amoroso y Sacratísimo Corazón, y cuáles han sido las formas a través de las cuales, Jesús y su Madre Santísima, te invitaron y llamaron a participar del ANE. ¿Qué quisieras decirle al Señor acerca de esto? ¿Qué sentimientos nacen de tu corazón…? exprésale al Señor cada uno de estos sentimientos con una oración, rezada con el corazón. Si gustas, también puedes compartir con nosotros tus sentimientos o ideas a través de la App. Solo tienes que escribirlo al final de la oración, aquí abajo, como comentario.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

———-

Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 19°)

DÉCIMO NOVENO DÍA:

Muchas son las enseñanzas que el Sagrado Corazón de Jesús ha querido manifestarnos a través de esta Devoción, pero podemos centrarnos en la más importante de todas: “Aprendan de Mí, que Soy Manso y Humilde de Corazón”. Jesús quiso enseñarnos algo de Sí mismo con esta simple frase, que lleva y encierra en y resume de manera admirable la Razón del Amor y la Misericordia de Dios.

Si nos ponemos a pensar (más allá de lo que sabemos “de memoria”, es decir, que Jesús es la Gracia, la fuente de todo bien y la virtud plena; que todo está hecho y creado a su imagen y para darle Gloria), pero si lo “desmenuzamos” mentalmente, si lo analizamos con sus conductas concretas, sus pensamientos y sentimientos, conforme a lo que vamos aprendiendo de Él a través del Evangelio y de nuestras catequesis, veremos que realmente Jesús encierra la plenitud de todo bien: inteligente, comprensivo, servicial, compasivo, misericordioso, etcétera, etcétera, etcétera; pero como hemos visto antes, Él siempre nos ponía como ejemplos para aprender, cuestiones de la naturaleza: “las aves”, “las semillas”, “los árboles”, o sus decenas de parábolas con personajes tan diversos… ¡pero la única vez que se pone a sí mismo como modelo, es cuando nos dice que aprendamos de su mansedumbre y humildad! Entonces, esta enseñanza ha de ser demasiado valiosa para que Jesús haya querido anteponerla a todas y mostrarla (con el sólo hecho de decirnos que la aprendamos de Él) como por encima de las demás virtudes.

Jesús nos invita a imitar todas las virtudes que encontramos en Él representadas y contenidas, como el servicio, la docilidad, la verdad, la fidelidad, la prudencia, la bondad, la castidad y muchas más, pero ninguna de estas virtudes tiene el privilegio de estar por encima de la humildad, madre de todas ellas y, por ende, la más importante a cultivar, puesto que además, la mayoría de las veces es la que más nos cuesta ejercitar.

Los Santos han comprendido bien esta enseñanza del Señor. No han buscado su santidad entre muchas cosas, sino que la han encontrado en medio, y solo a través de la humildad y la mansedumbre de corazón. Han logrado entender que la humildad es la madre de todas las virtudes; el fundamento de cada una de ellas, y, por tanto, el principio de la Gloria futura.

San Francisco de Asís, en la Cruzada de la Salvación 75, nos habla de la Humildad como de “la reina que es tan valiosa”, que merece la pena trabajar para obtenerla y hacerla florecer en el corazón, ya que es muy agradable a Dios. ¡Qué mejor forma de explicar esta virtud, que a través de las palabras del mismo San Francisco!:

“Hermana mía, escucha lo que vengo a decirte por mandato de nuestro Amor, el tuyo y el mío. Si el agua que brota de la fuente se canaliza hacia un depósito adecuado, poco a poco éste se llenará y la tierra que antes asomaba quedará toda cubierta de agua. Si se hace salir un pequeño chorro de ese depósito ya lleno, lo verán correr y alejarse en busca de reposo que encontrará, o mezclándose con otra agua o deteniéndose en otro depósito. Esto, tan simple y tan común, es la imagen de la gran reina que estimé en la tierra por sobre todas las virtudes: la humildad.

Maseo quedó sorprendido al oír las alabanzas que yo decía, cuando deseaba dar las enseñanzas necesarias a la gran familia que habría reunido. Pero el estupor luego se cambió en santa alegría, cuando él comprobó que la reina de la cual te hablo merece el más verdadero amor.

Pasé por la tierra como un meteoro luminoso y atraje a algunos a Mi lado, pero los atraje sencillamente, sin artificios, casi sin invitarlos. Encontré algunas resistencias, y también yo les puse resistencia, hasta que Dios me quitó el mando de la Orden, que fundé sobre la verdadera humildad y no sobre la insubordinación de Elías… Él, efectivamente, ha dejado una magnífica Basílica llena de maravillas humanas, que por cierto se está derrumbando, yo he dejado una pequeña iglesita llena de maravillas divinas y entre éstas, la más bella es la humildad.

Los ricos de entonces no estaban tan maravillados de mi pobreza cuanto del espíritu de humildad que Dios me había dado; el desasimiento de las cosas fue tan grande y verdadero, y fue lo que aparecía a primera vista, pero más y más grande era la verdad que brillaba, por virtud divina, en mi espíritu y con verdad, su natural hija, la humildad.

¿No conocí yo quién era el hijo de Pietro Bernardone? ¿En qué se asemejaba el hijo de la francesa (mi madre) al Hijo bendito de María? Demasiado distinto me encontraba cuando la Gracia me inundó y, por eso, me humillé. E inclusive cuando, sobre las huellas de Cristo, seguía yo su adorable doctrina, ¿cómo podía verme digno de Él, si a duras penas me retraía de las ofertas del mundo que ya me seguía? Por eso se me dio otro motivo, otra luz confrontando mi nueva vida, pero todavía demasiado poco semejante a mi amado Bien.

La humildad es conquista del alma y es luz de Dios; pero no sólo luz, sino también conquista. Quien no sabe lo que es humillarse verdaderamente, perdura en muchos errores y estima ciegamente lo que en cambio es vileza y abyección.

Piensa que humillarse a los Cardenales de la Iglesia y al mismo Pontífice, como lo hice yo, no es cosa grande para quien se tiene por una oveja del gran redil. Pero delante de Dios queda en los siglos y en la eternidad para atestiguar la verdad poseída, creída y estimada. Y la verdad en estos casos es tenerse por un bueno para nada que obedece a Dios y va al encuentro de los grandes de la Iglesia con ánimo sencillo, los míos dirían, ‘con ánimo franciscano’.

Por consiguiente, el conocimiento propio produce la humildad; mientras que la estima de sí mismo, que es soberbia, produce desconcierto y arruina lo poco de verdad que ya se encuentra en un alma.

He aprendido la humildad del mismo Cristo, mirándolo humilde y sencillo en el pesebre, humilde y dolorido en la cruz, humilde y sabio en la Palabra, humilde y omnipotente en hacer milagros, humilde y grande al quedarse entregado a nosotros, los hombres de la tierra, como alimento de vida eterna.

No tenía libros sino el Salterio y algún misal de rústica vetustez, sin embargo, Dios eterno me instruyó intensamente y me movió suavemente por todos los senderos de la virtud.

Él, el Amor mío y tuyo, es la fuente de la cual desciende el agua permanente; Jesús, el dulce Jesús, el estanque que la recoge, y yo el arroyuelo que, salido de Él, trato de arrojarme, unirme a otras aguas, o bien detenerme en otros pequeños estanques que recogen el agua del principal estanque: Jesús. Soy Francisco, la luz de Asís, la antorcha de Cristo, la estrella del firmamento de la excelsa Madre, la Iglesia”.

“Aprendan de Mí que Soy Manso y Humilde de Corazón” nos vuelve a decir el Señor y recordando su Pasión nos damos cuenta de que Él supo ser manso y humilde. Por su parte,  a Santísima Virgen María nos dice que Dios obró maravillas en Ella, porque “vio la Humildad de Su esclava”.

Jesús quiere que entendamos, que confiemos, que esperemos en Él, que es Dios de todo Consuelo, de donde vienen toda clase de gracias, que intervendrá en cada una de nuestras debilidades. Nos acogerá, perdonará, si realmente nos convertimos de corazón. Pero ¿qué significa convertirse de corazón?

Con base en nuestras reflexiones anteriores, recordaremos que el corazón humano es el “centro”, el fundamento y la raíz de toda la personalidad humana, donde tienen su origen nuestras actitudes (es decir, nuestras disposiciones de ánimo) y nuestras acciones, que son una expresión externa de los pensamientos y los sentimientos que allí se anidan, se desarrollan y organizan (o desorganizan). Así lo vemos en el libro de Los Hechos de los Apóstoles 8,21: “Tú no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios” y en la primera carta de San Pablo a Timoteo 1,5: “El fin de nuestra predicación es al amor que procede de una mente limpia, de una conciencia recta y de una fe sincera.”

Por eso, cuando leemos que el Señor quiere que nos convirtamos con todo el corazón, quiere decir que debemos hacerlo medularmente, de veras “hasta el tuétano”, hasta que nuestros corazones tiemblen (Deut 28,65), se desmayen de amor a Dios y de su Presencia Misericordiosa en nosotros y en nuestras vidas (Jos 2,11; Ez 21,20); el hombre (el corazón) tiembla o desmaya ante la conciencia de que todo un Dios, Padre bueno y rico en misericordia, se abaje ante la miseria de su criatura, para permanecer junto a él y en él, propiciando sentimientos de arrepentimiento, necesidad de perdón y de entregarse por completo a Dios.

Esto es posible únicamente cuando el corazón se sabe necesitado de Dios, de sus gracias y de su luz; cuando está comunicado con Dios por medio de la oración; cuando ha tomado verdadera consciencia de su pequeñez frente a la magnificencia de Dios y por eso practica de corazón la humildad, que es la puerta para ser agradable a Jesús y entrar en el Refugio de Su Adorable Corazón.

Las palabras y obras pueden manifestar u ocultar el corazón de una persona, es decir, pueden revelar o encubrir los motivos por los cuales realiza o no realiza alguna acción, pero en las Sagradas Escrituras leemos que todo lo oculto quedará al descubierto, y que Dios no se deja engañar por las apariencias, sino que mira las profundidades del corazón, sólo por mostrarlo en algunas de los múltiples pasajes donde podemos leerlo:

“Como un revestimiento de plata en un tiesto de barro, así son las buenas palabras de un corazón perverso. El que tiene odio disimula su lenguaje y esconde en él su maldad. Si expresa buenos sentimientos, no te fíes: siete maldades llenan su corazón. Aunque oculte su odio bajo modales educados, su malicia se manifestará en público.” (Prov 26,23-26)

“Pero Yahvé dijo a Samuel: «No mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Yahvé mira el corazón.»” (l Samuel 16,7).

Efectivamente, Dios conoce sondea y examina cada pensamiento, cada acción, cada motivo del hombre, es decir, conoce los móviles más ocultos y profundos de cada uno (Cfr.: Lc 16,15; He 1,24; 15,8; Rom 8,27; Ap 2,23); por eso es que toda conversión debe ser “de corazón”, puesto que allí es donde la persona concentra todo lo que lo acerca a Dios (o aleja de Él, según decida en el ejercicio de su discernimiento, libertad y voluntad).

La verdadera conversión es el resultado de una actitud humilde, sencilla y una pura intención que añore, por encima de los logros y glorias pasajeras de este mundo, trabajar día con día para darle Gloria a Dios, sin buscar a cambio nada más que reparar todo aquello que lo ofende. Convertirse, es ir buscando y cambiando, cada día, en la propia persona, lo que se aparta de la ley divina y trae consigo un apego a las cosas del mundo, que nos alejan de las cosas de Dios.

“El hombre manso es útil a los demás, porque no hay cosa que más incite a otros a decidirse por el servicio de Dios, que ver a una persona llena de mansedumbre y alegre cuando recibe alguna injuria. La virtud se conoce en el tiempo de la adversidad; así como en el crisol se prueba el oro, así también la mansedumbre del hombre se prueba en la fragua de la humillación.” (PC-76).

Las Palabras del Señor cuando nos invita a aprender de Él la Mansedumbre y la Humildad, nos invitan a recordar que, cada uno en su interior y sin ver la paja en el ojo del hermano, necesita ejercitarse en las aplicaciones más elementales del deber de todo cristiano que dice “amar a Dios” como son: reconocerse pecador y no juzgar a los demás; ser fuente de misericordia para todos, y saber inyectar esperanza en vez de condenar. Es tener un corazón solidario con todos y nunca permitirse ser indiferente con las personas que necesitan de una palabra de consuelo.

Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del Amor del Corazón de Jesús.

Solamente manifestando de esa forma el Reino de Cristo en nuestro corazón y en nuestras vidas, viviendo el mandato supremo de la caridad y esforzándonos por experimentar una conversión profunda, nuestras súplicas y oraciones llegarán al Corazón Jesús que lo sabe todo y escudriña lo más profundo de nuestros seres, conociendo nuestra debilidad, y extendiendo su Mano sobre cada una de nuestras heridas: curándolas, sanándolas con su inmenso Amor y derramando su Providencia en los momentos más difíciles y dolorosos de nuestras vidas.

MEDITACIÓN:

Medita el día de hoy sobre esta Jaculatoria: “Jesús, haz que mi corazón se parezca más al Tuyo”

Durante el día, por la noche, mañana… repite esa pequeña oración y medita sobre las preguntas y el mensaje que está a continuación:

  • ¿Qué debo hacer en mi vida para que esto suceda?
  • ¿Qué cosas debo cambiar, “convertir” para ser más semejante al Señor
  • ¿Cuánto debo crecer en humildad y mansedumbre?

“Hoy llamo a cada uno de Mis hijos por su nombre, vengan a Mí, conságrense y dedíquense por amor a Mi Sagrado Corazón, porque es su verdadero refugio. Aquí Yo les enseñaré a amar según Yo amo. Aquí Yo los consolaré, los confortaré y los aconsejaré. Aquí, en la Hoguera del amor, se purificarán de tal modo que, cuando los llame a Mi casa, Yo mismo los recibiré en el abrazo eterno de la Trinidad.” (ANA-17).

Ayúdanos a enriquecernos con la experiencia de Dios, a través de tus comentarios y participación en la App del ANE.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

———-

Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

Fiesta del Inmaculado Corazón de María

(De EWTN y nuestra Redacción) Esta fiesta está íntimamente unida a la del Sagrado Corazón de Jesús, que festejamos ayer. Ambas fiestas se celebran, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo de Corpus Christi.

Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es a través de María. Por eso nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María “la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes.” Esta fiesta se celebra en la Iglesia todos los años el sábado siguiente al segundo domingo después Pentecostés.

Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la alabamos por la    santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.

Una práctica que hoy en día forma parte integral de la devoción al Corazón de María es la Devoción a los Cinco Primeros Sábados (similar a la de los 9 primeros viernes de Sagrado Corazón de Jesús). En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, vidente de Fátima, y le dijo: “Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación.” Junto a la devoción a los nueve Primeros Viernes, ésta es una de las devociones más conocidas entre el pueblo creyente latinoamericano.

El Papa Juan Pablo II fue quien declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María sería de naturaleza “obligatoria” y “no opcional” en la Liturgia de la Iglesia.

Entreguémonos al Corazón de María diciéndole:

Oh, Señora mía, oh, madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti

Y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día

mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,

en una palabra, todo mi ser.

Y ya que soy todo tuyo, oh, Madre de bondad,

guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Sagrado Corazón de Jesús (Día 18°)

DÉCIMO OCTAVO DÍA:

Habiendo celebrado la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, volveremos a reflexionar hoy sobre las promesas que el Señor le dio a Santa Margarita.

“Yo seré tu fortaleza, nada temas, solo has de estar atenta a Mi Voz y a lo que exija de ti con el fin de prepararte para la realización de mis designios.”

Así como a la Santa, Dios nos llama a todos para escuchar su voz, y aceptar con docilidad los designios que, desde siempre, Él tiene para cada uno de nosotros.

Jesús espera ese generoso, comprometido y fiel, de cada uno de nosotros, y quiere “necesitarnos” para ayudarlo a cumplir la historia de la salvación de los hombres, y de esa forma, lograr cada uno la salvación de su propia alma. Jesús nos trae su Amor. Nos muestra su Corazón, que es el mismo y más puro Amor, y nos invita a resguardarnos en la pureza de ese inmenso Amor, que será la única prenda de nuestra salvación, ya que el mundo sólo se podrá salvar por el amor de ágape (el amor puro que se da simplemente por bondad y misericordia, sin esperar absolutamente nada a cambio).

El Señor le describió a Margarita exactamente de qué forma se iba a realizar la práctica de la devoción a Su Corazón, junto con su propósito, que era la reparación. Finalmente, Jesús mismo le avisa sobre las tentaciones que el demonio levantará para hacerla caer (y de alguna forma, también a nosotros, que nos hemos consagrado a Él a través del Inmaculado Corazón de Su Madre, María). Recordaremos que el Señor le había dicho:

“Primeramente me recibirás en el Santísimo Sacramento, tanto como la obediencia tenga a bien permitírtelo; algunas mortificaciones y humillaciones por ello habrán de producirse y que recibirás como gajes de mi amor. Comulgarás, además, todos los primeros viernes de mes, y en la noche del jueves al viernes te haré participe de la mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos, cuya tristeza te reducirá, sin que logres comprenderlo, a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Para acompañarme en la humilde plegaria que elevé entonces a mi Padre, en medio de todas tus angustias te levantarás entre las once y las doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con la cara en el suelo, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de algún modo la amargura que sentía por el abandono de mis apóstoles, lo cual me llevó a reprocharles que no habían podido velar una hora conmigo. Durante esa hora harás lo que te diga. Pero, oye hija mía, no creas a la ligera todo espíritu, ni te fíes, porque Satanás está rabiando por engañarte. Por eso, no hagas nada sin permiso de los que te guían, a fin de que, contando con la autoridad de la obediencia, él no pueda engañarte, ya que no tiene poder alguno sobre los obedientes.”

A partir de la primera revelación y hasta su muerte, santa Margarita María Alacoque sufriría todos los primeros viernes de mes la experiencia mística de la Llaga del Costado de Jesús. Estos eran los momentos particularmente elegidos por el Señor para manifestarle lo que quería de ella, y para descubrirle los secretos de su Adorable Corazón.

Propósito de la devoción: Reparación al Corazón de Jesús

El motivo u objeto principal de esta devoción debe ser el conocer mejor y, en consecuencia, incrementar el amor profundo a Jesús, como una forma de reparar la falta de amor y agradecimiento de la humanidad hacia su Redentor. NO debemos cultivar esta devoción sólo para alcanzar las promesas ligadas a ella, pero la Iglesia entiende que, si el mismo Jesús quiso darnos un estímulo o incentivo con sus promesas, podemos legítima y provechosamente apoyarnos también en ellas, a fin de fortalecer nuestra débil voluntad para el servicio a Dios y el esfuerzo por cumplir nuestra misión dada por Él, dentro y fuera del Apostolado, que como sabemos, está muy relacionado en su espiritualidad con esta hermosa devoción.

En efecto, recordemos que, como Apóstoles de la Nueva Evangelización, debemos de llevar muy grabados y sellados en nuestro corazón la oración, la adoración Eucarística, el servicio a Dios a través de las Obras de Misericordia con nuestros hermanos, y el amor, veneración e imitación de la Santísima Virgen María.

Las “doce promesas”, con las que el Señor, que es el Dios de la verdad y del don, se compromete a bendecir a quienes cultiven y propaguen esta Devoción, son las siguientes:

Doce Promesas:

1.- Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.

2.- Estableceré la paz en sus hogares.

3.- Los consolaré en todas sus aflicciones.

4.- Seré su refugio en su vida, y sobre todo en la muerte.

5.- Bendeciré grandemente todas sus empresas.

6.- Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.

7.- Las almas tibias crecerán en fervor.

8.- Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.

9.- Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.

10.- Daré a los sacerdotes el don de tocar a los corazones más empedernidos.

11.- Los que propaguen esta devoción, tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y de Él, nunca serán borrados.

12.- Nueve primeros viernes: Yo les prometo, en el exceso de la infinita misericordia de mi Corazón, que Mi amor todopoderoso les concederá, a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: no morirán en desgracia ni sin recibir los sacramentos; Mi divino Corazón será su refugio seguro en este último momento.

A través de todos los conocimientos que el Señor nos ha revelado con la devoción que ayer festejamos litúrgicamente: Su Sagrado y divino Corazón; manan sin detenerse nunca para el mundo entero, tres ríos inmensos e insondables:

– El primero es el de la Misericordia para con los pecadores, sobre los cuales vierte el espíritu de contrición y de penitencia. (1)

– El segundo es el de la Caridad, en provecho de todos los aquejados por cualquier necesidad y, principalmente, de los que aspiran a la perfección, para que encuentren la ayuda necesaria para superar sus dificultades (2)

– El tercer río es de donde manan el amor y la luz para sus amigos ya perfectos, a los que quiere unir consigo para comunicarles su sabiduría y sus preceptos, a fin de que ellos a su vez, cada cual, a su manera, se entreguen totalmente a promover Su Gloria.

(1) Más adelante, en futuras catequesis, reflexionaremos cómo la devoción del Sagrado Corazón se une a la de la Divina Misericordia, proveniente de las revelaciones hechas por el Señor a Sor María Faustina, y de qué manera se relacionan ambas con la Gran Cruzada.

(2) También podremos reflexionar acerca de lo que, como Apostolado, nos une a esta devoción, úes de alguna manera el ANE, viene a ser como “un hermano menor” y una extensión contemporánea de ese manantial de gracias y promesas del Sagrado Corazón.

Requisitos para alcanzar las promesas:

Para ganar las 12 gracias que el Señor prometió brindar a quienes cultiven y promuevan esta devoción, pidió que las almas se comprometieran por su parte a:

1.- Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos.

2.- Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

3.- Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

4.- Rezar la siguiente Oración: “Oh Dios, que, en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor.” Amén. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti Confío.

MEDITACIÓN:

Hemos leído hoy nuevamente que el Señor le dijo a santa Margarita que el demonio no tiene poder alguno sobre los obedientes… Esto es algo muy importante, que debemos de recordar, especialmente aquellos a quienes (y especialmente cuando) nos cuesta obedecer.

Sabemos que el demonio puede incluso fingir humidad, pero obediencia, nunca; por eso es que en la obediencia está la clave para vencer en el combate espiritual.

Hoy le pediremos al Señor, de manera especial a lo largo de todo el día, que por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, nos ayude a tener un corazón obediente, como lo fueron los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

Reflexionemos cómo, este Corazón Divino de Dios, es un abismo de todos los bienes, en el que todos necesitamos sumergir nuestras miserias, como expresaría Santa Margarita: es un abismo de gozo, en el que hay que sumergir todas las tristezas, es un abismo de humildad contra nuestra soberbia e ineptitud, es un abismo de misericordia para los desdichados, y es un abismo de amor, en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia.

Amemos en este día al Señor, tratando de agradecerle por tanto amor, y procurando darle lo mejor de nosotros mismos en cualquier situación que nos encontremos y con toda acción que realicemos.

Meditemos qué parte de nosotros, de nuestra vida e historia, quisiéramos sumergir en Su Adorable Corazón, para recibir de Él los consuelos, el perdón, la luz, la guía y la sanación.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

———-

Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 17°)

DÉCIMO SÉPTIMO DÍA:

Es en el amor donde se encuentra la plenitud de Dios. Quien en su corazón tiene amor verdadero, tiene a Dios en su vida, y sus acciones reflejarán el Rostro del Dios invisible, haciéndolo próximo y material, en cada acción misericordiosa que se realice.

Hoy, reflexionaremos sobre el Rostro Visible del Dios invisible…

La plenitud del amor se encuentra en la ley de Dios, que está basada en el amor. Este amor no puede entenderse únicamente como un sentimiento que se tiene en lo más profundo del corazón, sino que se manifiesta y se materializa, a través de mil formas y de miles de detalles en el día a día.

“Quien dice ‘yo amo a Dios’ y no ama a su prójimo, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”, dice con mucha lógica y de manera categórica en su madurez el apóstol San Juan. (1Jn 4,20)

El mensaje del Sagrado Corazón, sobre el amor, es igualmente contundente: Para salvarse se necesita de obras. Obras hechas desde y con el corazón. El Reino de Dios lo construyen personas que están comprometidas, desde lo más profundo de su alma, a transmitir ese Amor de Dios, tanto a través de las acciones más sencillas del día a día, como en aquellas que se deba de tener una “valentía superior” para afrontar el sacrificio. Por eso la Iglesia, al iniciar los procesos de beatificación, para llevar a los altares a los santos, una de las primeras cosas que evalúa y juzga es si la persona vivió virtudes heroicas, la principal de ellas, la caridad. Una persona que no sea caritativa, por supuesto que no será santa, pues es el amor lo que nos hace reconocer como discípulos de Cristo: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.” (Jn 13,34-35)

Lo que hace a un ser humano, “especial”, es precisamente ese caminar del día a día. Todo lo pone en Manos de Dios, y su fe y confianza, hacen que espere todo de Él. Su fe es grande al punto que, la esperanza puesta en Dios trasciende a su vida cotidiana, contagiando esa confianza a los que le rodean. Todo espera y confía del Dios que hace Maravillas.

Un verdadero hijo de Dios es aquél que hace lo ordinario de manera extraordinaria. ¡Y Ahí está la clave de la santidad!

Jesús nos muestra Su Corazón, y por esta devoción nos hace recapacitar acerca del compromiso que todos debemos asumir para poder llegar al Cielo. Para eso hemos sido creados… no debería ser cuestión de opción libre y espontánea. El hombre, no debería ni siquiera pensar en la probabilidad de la condenación, ya que no hemos sido creados para vivir la eternidad junto a Dios. Nadie debería condenarse, sin embargo el hombre, como hemos dicho anteriormente, ha usado su libertad para alejarse de Dios y vivir una vida de libertinaje, haciendo a un lado la ley del amor que está sellada en su corazón desde su concepción. Ha decidido vivir sin Dios, haciendo de su vida una completa distorsión de lo que realmente debería de ser, actuando en contra de Aquél al que le debe todo y por el que debería vivir para ser pleno y feliz.

El hombre corre a su perdición por apartarse del plan de Dios. Se ha dejado engañar por los destellos del mundo, que ofrecen una forma de vivir en la que cada uno es su propio dios. El individualismo egoísta -sutil engaño del demonio- aparta de su fin último al hombre y de la verdadera razón por la que ha sido creado: AMAR Y DARSE A LOS DEMÁS.

Jesús nos enseña, con Su Testimonio, que el verdadero amor se manifiesta en el trabajo diario. En un trabajo que sea realizado de manera excepcional; que sea hecho con perfección, para servir y tener muy a gusto a los demás. La clave de la salvación y de la santidad, finalmente, está en el servicio esmerado y entregado por amor, compartiendo con los hermanos las alegrías y las penas, y lo que el buen Dios nos dé para compartir.

El Apóstol de la Nueva Evangelización, en su misión de servir, debe de tener siempre presente que este servicio, además de ser humilde y desinteresado, debe ser entregado con pureza de intención, en cualquiera de los ministerios y en el cargo en donde éste se entregue. Debe ser bien comprendido y asimilado que, al que se sirve, es al Señor en la figura del hermano, por lo tanto, ese servicio debe de ser realizado con caridad profunda, con humildad verdadera y generosidad absoluta; poniendo siempre el bienestar del hermano por encima del propio. No hay tiempo para perder… Como podemos ver claramente, las horas son extremas. Dios necesita de nosotros para que muchas almas se salven. Necesita de nuestra Conversión profunda, del Compromiso verdadero de todos, y de la Comunión perfecta, en la que todos los “yo” desaparecen porque somos todos UNO, para que el mundo crea, para que en el trabajo cotidiano, el Amor de Dios sea fielmente transmitido y logre transformar corazones, alejándolos de esos espejismos de los cuales, el enemigo de las almas se sirve, para atar y cegar al ser humano, haciendo que los corazones, respiren egocentrismo, egoísmo, soberbia y toda clase de males.

Entonces, el ANE-hermano vive su compromiso con Dios y con la Obra tratando de que su trabajo diario sea realizado con perfección, para servir a los demás como si estuviera sirviendo, de manera directa, a Cristo; viendo la cara de Cristo en los demás, para que ellos puedan ver en nuestras caras a Cristo, como dicen nuestros documentos. Lo ordinario convertirlo en extraordinario, regalando sonrisas en donde se encuentra tristeza, perdón donde hay rencores, acompañamiento donde la soledad abunda, misericordia donde el mundo ha maltratado y humillado la dignidad de los hermanos o hermanas, siempre caminando en conversión, compromiso y comunión, sólo para Gloria de Dios.

Dios, nuestro Padre, nos da siempre las ocasiones para ejercitarnos en las virtudes, y así practicar la fortaleza, la templanza, la caridad, la justicia, la sinceridad, la obediencia…

Cultivando esas virtudes, el verdadero cristiano no puede descuidar la responsabilidad que tiene en medio del mundo, y la forma de reaccionar ante las necesidades de los demás. Es preciso que, en justicia, trabajemos en la mies del Señor que nos llama a ser instrumentos de paz y medios precisos para que su Palabra llegue hasta los últimos confines del mundo.

¿Qué haría que un hombre se condene? La Palabra de Dios es enérgica, y para esto Jesús nos dice con claridad: “Luego dirá a los de la izquierda: ‘Apártense de Mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, fui emigrante y no me acogiste, estuve desnudo y no me vestiste, enfermo y en la cárcel y no me visitaste. Entonces responderán también ellos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o emigrante o enfermo o en prisión y no te asistimos? Y él les contestará: Les aseguro que cuando no lo hicieron con uno de esos pequeñuelos, tampoco conmigo lo hiciste. Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna’.” (Mateo 25, 41-46).

Cristo nos ha llamado y espera que lo sigamos. Él nos ha amado primero, y espera que su Amor sea correspondido, suscitando en cada uno no solo sentimientos de amor, sino amor verdadero, que sea el resultado de una fe fuerte y madura, que crea, confíe y actúe en donde el Señor lo haya puesto, y su misión le indique. La llamada no es improvisada, sino que forma parte de un todo; forma parte del eterno designio de Dios, pues aquellos a los que Él Ama y son predestinados, también los escoge y llama. Este don divino es gratuito, y se nos entrega por la inmensa e insondable Misericordia de Dios, que quiere que todos sus hijos se salven, para lo que da, a cada uno, en todo momento justo aquello que necesita, para cumplir esta misión.

Es decir que, la vocación que cada uno de nosotros tiene, no es aquella que nosotros “queremos”, en determinado momento, porque se nos antoja, sino que va mucho más allá: tiene su origen en los eternos designios de Dios, Quien por eso mismo espera que, habiéndola recibido, sea aceptada por nosotros de buen agrado y correspondida con docilidad, poniendo nuestra vida y nuestra voluntad, en la Santa Voluntad y Sabiduría del Padre, que en Su Sagrado Corazón, quiere, para cada uno, la felicidad y el gozo, no sólo en la eternidad, sino ya comenzando en esta vida terrena: “Pues consideren, hermanos, su llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte” (1Corintios 1,26-27)

Dios nos ha llamado a servirle en esta Obra, y espera y confía en cada uno de nosotros, para que utilizando los dones, virtudes, talentos y carismas que nos ha dado para el cumplimiento de nuestra misión, trabajemos en comunión con verdadera generosidad, entrega, humildad y obediencia, para llevarle muchas almas y lograr con esto, la venida y establecimiento del Reino de Dios en la Tierra y nuestra propia salvación. Él espera que nuestro servicio y compromiso, lleven a los hermanos con los que tenemos trato, a ver EN nosotros el Rostro invisible de Dios.

Así como algún día, un hermano que era atendido por la Santa hermana Teresa de Calcuta le dijo: “Hermana, yo no creía que Dios existía. Pero hoy he comprobado que sí. Si Dios tuviera rostro, sería como tú…” Ese es nuestro desafío. A eso los integrantes del ANE estamos llamados. Nuestro Apostolado será y ya es, como lo prometió el Señor, un semillero de santos, donde cada persona que reciba de uno de los ANE-hermanos, cualquier servicio, sienta a través de él, el AMOR DE DIOS, COMPROBANDO QUE “SÍ EXISTE”.

MEDITACIÓN:

Nadie se merece lo que tiene, y Dios en Su Misericordia, te ha dado muchas virtudes que debes de cultivar y ponerlas al servicio de los demás.

El día de hoy medita y agradece por toda la Misericordia y Providencia que el Señor ha tenido a bien dispensarte, y en actitud de oración, pídele al Espíritu Santo que te ilumine, y sepas discernir y ver con claridad, qué es lo que Dios quiere de ti, de ahora en adelante.

Analiza si la misión que has estado llevando a cabo, está de acuerdo con el plan de Dios en tu vida, y si ésta, va de acuerdo con la ley de amor que Jesús vino a enseñarnos a través de Su Testimonio.

¿Amo lo suficiente? ¿Ayudo lo suficiente? ¿Me entrego lo suficiente? ¿Soy coherente con lo que digo, pienso y hago? Mi amor, ¿es realmente generoso? Mi servicio, ¿es desinteresado? Mis acciones, ¿son llevadas a cabo siempre con pureza de intención? ¿Trato a todos por igual, sin sentir envidia o resentimiento por aquellos hermanos que a mis ojos, han “recibido más”? ¿Trato de luchar contra mis defectos, siendo dócil a las correcciones, reconociendo en humildad mis errores, y trabajando seriamente para mejorar en esos aspectos?

En mis oraciones de hoy, le pediré al Señor, a través de María, que me ayude a comenzar nuevamente, un camino de transformación interior: de profunda, completa y definitiva Conversión, con mayor Compromiso y en total Comunión con mis hermanos, especialmente con quienes más me cueste (Co-Co-Co).

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

OCTAVO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del noveno día: Ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor

¡Oh, Corazón dolorosísimo de Jesús!, que para ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor con que padeciste tantos dolores y penas para salvarnos, los quisiste representar en la Cruz, Corona de espinas y Herida de la lanza, con que los manifestaste paciente y amante al mismo tiempo. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, correspondiendo agradecido a Tu Amor, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto agradable a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Feliz, fructífera y bendecida consagración a todos los que se prepararon para hacerla hoy

Sagrado Corazón de Jesús (Día 16°)

DÉCIMO SEXTO DÍA:

Ayer reflexionamos sobre qué nos moviliza a actuar; qué hay en el fondo de nuestros pensamientos; cuál es el fin último de nuestros actos, y si realmente tenemos a Jesús como nuestro Camino, nuestra verdad, y el centro de nuestra vida.

Seguiremos trabajando bajo estos dos criterios, como pilares del verdadero amor que todo cristiano, pero especialmente nosotros, como miembros del Apostolado de la Nueva Evangelización, por la misión que el Señor nos ha encomendado, debemos de establecer como regla de vida: Entregarnos a los demás a través de las obras de misericordia.

“Si no aprendemos de Jesús, no amaremos nunca. Si pensásemos, como algunos, que conservar un corazón limpio, digno de Dios, significa no mezclarlo, no contaminarlo con afectos humanos, entonces el resultado lógico sería hacernos insensibles ante el dolor de los demás. Seríamos capaces sólo de una caridad oficial, seca y sin alma, no de la verdadera caridad de Jesucristo, que es cariño, calor humano.” (San Josemaría Escrivá de Balaguer)

El amor está profundamente arraigado en el corazón del hombre; de manera que, lo verdaderamente importante, es modelar y orientar ese amor; es decir, darle la forma adecuada y decidir bien hacia dónde destinamos ese amor. El amor oblativo (de entrega) a Dios y a los demás, es el ideal a alcanzar.

Jesús nos dice que Él nos ha amado primero, suscitando en nosotros una respuesta a ese infinito Amor, que nos motiva y ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos, como respuesta al Amor de Dios.

El hombre, por naturaleza, necesita ser aceptado, reconocido, sentirse pertenecido, en resumen, amado. Y cuando esta necesidad de amor no está satisfecha, la mente (pensamientos, sentimientos, reacciones, procesos), corre detrás del corazón, llevando consigo sus miedos, inseguridades, necesidad intensa de ser acogido, aceptando de este modo cualquier, – y decimos en serio cualquier-, idea que le haga sentirse amado.

La psicología nos enseña que, lo que termina de darle sentido a la vida de un hombre, es el amor, y que cuanto más hondo sea ese sentimiento y cuanto más represente ante los ojos del individuo, aquella persona a la cual ama, el sentirse correspondido por ella le hará un individuo más centrado, seguro de sí mismo y completo. Entonces, si el sentirnos amados nos ayuda a ser mejores personas, y cuanto más importante sea la persona que nos ama, mejor nos sentiremos, pensemos cuánto bien podrá hacerle al ser humano el sentirse y saberse verdaderamente amado por todo un Dios… Por eso, ESE ES y debe de ser SIEMPRE el centro de nuestra predicación: el amor infinito de Dios; no el temor al castigo del fuego eterno, no los perfumes de rosas cuando se reza el Rosario, no los diez mandamientos aprendidos de memoria… el amor infinito que Dios nos tiene, que lo vemos en el ardiente Corazón de Jesús, pues Él nos lo muestra, para que aprendamos a tener un corazón como el Suyo.

En la extensa lista de los hombres y mujeres ilustres y santos que ahora conforman la Iglesia Triunfante del Cielo, podemos darnos cuenta, leyendo sus biografías, cómo en cada uno de ellos existe el mismo denominador que los une; este común denominador es el saberse y sentirse amados primera y plenamente por Dios, y esa profunda conciencia, provocó en sus corazones, sentimientos de pertenencia, consuelo, gozo, acompañamiento, que los llevó a una total y radical conversión. Sus vidas se transformaron de tal manera, que llegaron a alcanzar las cumbres más altas de todas las virtudes, ya que, la Persona amada; aquella que les dio la motivación y fue garantía de todo consuelo, fue el mismo Dios.

En ellos vemos reflejado el Rostro del mismo Jesús. El Amor manifestado por Dios hacia cada uno, dio como resultado, no sólo una respuesta de vuelta de amar más intensamente a Dios, sino la de configurarse a la esencia de Jesús. Hacerse poco a poco a semejanza del Hombre-Dios. Ese es el mensaje transmitido por Jesús. Ahí es donde Santa Margarita intenta llevarnos, a través de la devoción al Sagrado Corazón. Es donde ella asimismo, fue llevada y levantada del mundo, para convertirse en una verdadera hija de Dios.

Jesús quiere poner Su Corazón en nuestros corazones. Quiere cambiar nuestros sufrimientos, en alegrías. Nuestros fracasos en triunfos; llenar nuestras soledades con su santa compañía; trocar nuestro desánimo en una esperanza que motive y nunca se evapore a causa de las cruces del día a día.

¡Cómo puede cambiar y transformarse la vida de alguien, cuando comprende y comprueba, que no está solo!  Cuando comienza a sentir que su caminar está siempre acompañado, y no de cualquier persona, sino de la Persona más Noble, Fiel, Amorosa, Buena, Santa y, además, Todopoderosa que existe.

¿Quién no quisiera llevarse con algún personaje que tuviera cierto poder, que pudiera tener ciertas ventajas, que pudiera ayudarnos en los momentos que necesitáramos, y que su fuerza fuera tan grande, que nuestros problemas fueran, en la medida de sus posibilidades, resueltos…? ¡Todos!

Bueno, ¿qué pasaría si entendiéramos de una vez que Jesús, que añora ser amado y reconocido por nosotros, es Aquél que tiene toda la autoridad en el cielo, en la tierra y en los abismos, y es Creador de todo lo visible e invisible, así como protector y dador de toda clase de bienes temporales y espirituales? ¿Y por qué no nos sentimos absolutamente honrados por su amistad y vamos definitiva e incansablemente detrás de Él, sabiendo todo esto?

Desgraciadamente, ¡lo sabemos!  pero no lo terminamos de reconocer, no lo recordamos en todo momento, no nos decidimos a la conversión (que es seguimiento completo, profundo y definitivo) porque nos hemos vuelto duros de corazón, ciegos con las cosas del mundo y esclavos de lo pasajero e intrascendente. El enemigo nos ha convencido, sutilmente, de que lo que importa es vivir tu vida sin tener que dar explicación a nadie y haciendo lo que tú quieras, sin importar nada, total, la vida es muy corta, y por eso, ¡hay que disfrutarla!

Esta manera de proceder ha hecho que el hombre hoy día se sienta vacío, sin rumbo, sin una misión que llene su existencia y lo motive a seguir luchando por conceptos nobles y santos. Esta forma de vida, basada en conductas egoístas y “autosuficientes”, ha provocado que el mundo de hoy QUIERA VIVIR SIN DIOS.

Entonces, ¿Por qué el hombre no es feliz? Simplemente porque se ha alejado de su propia imagen. De esa imagen que, desde que fue creado, Dios ungió en su corazón: la imagen de Dios en su alma. Porque ha vivido siendo algo que NO ES: Un individuo que puede transitar solo por el mundo, creyéndose el rey del universo, complaciente con sus defectos, y, por lo tanto, sin necesidad de pedir el perdón y sentir el consuelo de Dios por la culpa de sus faltas cometidas.

El hombre se mira al espejo y ve algo que no le termina de gustar, pero no quiere aceptarlo. “Vive sin culpas”, le dicen los mensajes de autoayuda; “Disfruta de todo”, le sugiere el mundo… Ve una imagen desfigurada de un ser, que, por esencia, debería tender a la perfección y sentirse amado, aceptado, valorado y acompañado, nada menos que por su Dios. Sin embargo, nada de eso siente, sino soledad, infelicidad, intrascendencia, vacío… podríamos decir que se siente, aún sin darse cuenta, HUERFANO.

¿Quién es? ¿para qué vive? ¿Qué objeto tiene el estar aquí y sentirse así? ¿Hasta cuándo? ¿para qué le sirven el dinero, la belleza el poder, si nada de eso le da paz, alegría, gozo, IDENTIDAD?

Y también al contrario: ¿para que seguir viviendo, luchando, en una situación de pobreza, enfermedad, ignorancia, si no se encuentra el sentido purificador y trascendente de todo esto, y la vida se torna cada vez más miserable e insufrible?

¡EL HOMBRE SE ENCUENTRA ESCLAVO DEL MUNDO, LAS PASIONES Y EL DEMONIO!

Y…  ¿ahora…?

¡AHORA DIOS! Aquí está la solución. Cuatro letras que dan todo. Que dan muchísimo más de lo que exigen, y que nunca se dejan ganar en generosidad.

Entonces, regresando al punto de partida, de que el “corazón” humano es el centro y la raíz de la personalidad, como dicen las Escrituras, y que es en él dónde tienen origen todas las acciones, debemos querer experimentar, en primer plano, la presencia y amor de Dios en nuestras vidas.

Como segundo paso, y muy importante, reconocernos pecadores, miserables, imperfectos y con la urgente necesidad de recibir ayuda de Dios. Hemos de pedir al Señor que nos conceda un corazón puro, bueno, limpio, que aprenda a ver con ojos llenos de bondad, que se perdone y que aprenda a perdonar a los demás; que ame y que sienta la necesidad de recibir a su vez, amor; que reconozca que todo lo que tiene, recibe, logra, respira, es por la Voluntad de Dios, que manda o permite todo, y que nada es por SÍ MISMO, sino por la Bondad y Providencia de Dios; que si permite dolores, es para un bien mayor, aunque no podamos entenderlo ahora.

El Sagrado Corazón nos trae la invitación de Dios, que nos motiva a reiniciar el camino AHORA; a retomar nuestra vida desde una perspectiva de amor, paz y perdón.  Jesús nos recuerda hoy nuevamente, la Buena Nueva de la Salvación que Es Él Mismo.  Nos dice que necesitamos de una limpieza profunda de corazón; un “reset” en nuestra alma; en nuestra capacidad de compadecerse de las penas de los demás hermanos; en nuestra capacidad de comprender que, para remediar los tormentos y cruces tan pesadas que acompañan y muchas veces angustian a las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad…  todos los demás “consuelos”, apenas sirven para distraer un momento, y dejar más tarde la amargura y desesperación.

Para terminar este día con nuestra lectura, pidámosle al Espíritu Santo que sea Él, Quien, con su Luz y Dirección, nos muestre el verdadero camino que Jesús quiere que transitemos con Él, para que de esa forma, nuestra vida sea plena y llena de frutos dignos de entregar al Señor, como ofrenda de nuestra vida, en unidad y obediencia a su Ley de Amor.

“Es el amor lo que da precio a todas nuestras obras; no es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras por lo que agradamos a Dios, sino por el amor con que las hacemos” (San Francisco de Sales).

MEDITACIÓN:

Medita sobre esto el día de hoy:  Si en verdad quieres cambiar y que tu vida sea un claro reflejo de la presencia de Dios; Si quieres ayudar a los demás, has de amarlos, con un amor que sea comprensión y entrega, afecto y voluntaria humildad, misericordia y perdón.

Así entenderemos por qué el Señor decidió resumir toda la Ley en ese doble mandamiento, que es en realidad un mandamiento solo: el amor a Dios y el amor al prójimo, con todo nuestro corazón y desde lo más profundo de nuestro ser.

Reflexiona: ¿Cómo está el estado de tu alma con respecto a Dios? ¿Cómo está el estado de tu alma con respecto al trato con tu prójimo? ¿Amas a Dios como Él quiere ser amado, a través de los más pobres? ¿Te falta perdonar o pedir perdón a alguien, para que tu ofrenda sea aceptable y totalmente digna, ante el Altar del Señor? ¿Qué esperas para hacerlo?

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

OCTAVO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del octavo día: Vivir siempre respirando llamas de amor divino

¡Oh Corazón amantísimo de Jesús, trono ígneo y lucidísimo, inflamado en el amor de los hombres, a quienes deseas abrasados mutuamente en tu amor! Yo deseo vivir siempre respirando llamas de amor divino en las que me abrase, y con las que encienda a todo el mundo, para que te corresponda amante y obsequioso. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 15°)

DÉCIMO QUINTO DÍA:

Ayer comentamos que, si no amamos con el Corazón de Cristo, de tal forma que aprendamos a servir con pasión, con compasión, determinación y perseverancia, defendiendo la verdad claramente con amor, NO HABREMOS ENTENDIDIO NADA DE LO QUE JESÚS VINO A ENSEÑARNOS…  en tal caso, las Palabras de Jesús dirigidas a Felipe, en la última Cena, debieran resonar para nosotros en este momento: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, y ¿todavía no me conocen?”  (Jn 14,9). 

Jesús nos interpela hoy y nos pregunta, ¿Cuáles son aquellos principios o ideales que nos motivan a actuar…?  ¿Qué hay en el fondo de cada acción, de cada situación, de cada acto que realizamos…?

Siempre, en la vida de todo ser humano, hay principios, doctrinas o ideales que nos movilizan, inspiran, marcan el rumbo, sea consciente o inconscientemente… Por eso nos dedicaremos hoy a reflexionar sobre este importante aspecto de nuestra vida, para analizar si el corazón y la razón están trabajando en conjunto, haciendo que nuestra vida sea coherente, o están, como muchísimas veces sucede, tirando la razón para un lado, y el corazón para otro, dando como resultado que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones estén separados, sino francamente enfrentados, impidiéndonos llevar una vida del todo coherente.

“¿Hace tanto tiempo que me conocen, y todavía no aprenden nada…? Tal vez el Señor hoy nos diría esto, viéndonos a los ojos con una Mirada llena de Misericordia, pero con un toque de tristeza… ¿Qué te moviliza? ¿Qué hay en el fondo de tus pensamientos, de tus actos…?

El Sagrado Corazón de Jesús viene a recordarnos, como esa noche les dijo a Felipe y a los otros, que Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6-8) de manera que, la devoción revelada a Santa Margarita tiene como objetivo que el hombre, especialmente hoy, vuelva sus ojos a Dios y transforme su corazón (todo su ser, desde la concepción bíblica del vocablo) para que, así como para Jesús, su Padre lo era Todo, así también Jesús lo sea todo para nosotros.

Mostrándonos Su Sacratísimo Corazón, humanado por nuestro amor, nos recuerda igualmente que, si lo tenemos a Él como Todo, alcanzaremos lo que queremos, si es para el bien de nuestras almas, y nuestras obras serán grandes, ya que estarán hechas para Gloria de Dios, y Dios será el que actúe a través de nosotros.

¿Nos hemos preguntado últimamente, por qué los Santos hicieron lo que hicieron, o alcanzaron las altas cumbres que alcanzaron…? Porque tenían muy grabado en su CORAZÓN, que Jesús lo era TODO para ellos: “Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta” (Santa Teresa de Ávila).

La Biblia en sus diferentes libros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, nos hace notar la realidad del hombre frente a Dios, y nos revela de una manera simple, pero aleccionadora, las acciones y procesos que se llevan dentro, en lo profundo del corazón del hombre.

Primero, debemos notar que los profetas o evangelistas que nos traen la Palabra de Dios hasta nuestros días, siempre fresca, siempre latente, siempre contemporánea por la acción directa del Espíritu Santo, nos describen a un Dios que SE HACE CERCANO POR AMOR y camina junto a su pueblo; el pueblo de ayer, de hoy y el de los últimos tiempos.

La tradición de la Iglesia, la historia, la fe, nos hacen llegar al momento donde vemos ese caminar desde un punto inimaginable; indescriptible… jamás se habría podido pensar que fuera el mismo Señor, que se hace Uno con nosotros y camina con nosotros, nos muestra su Corazón Amante de hombre que desea sentir amor. Es ese Sacratísimo Corazón del Dios Amor que no es Amado -como diría San Francisco de Asís- que permanece con nosotros siempre y lo estará hasta el final de los tiempos.  Es el mismo Jesús, Dios Todopoderoso y Eterno; Alfa y Omega, que permanece en su Iglesia, se queda en la Eucaristía, se queda en Su Palabra, se queda en la persona de los pobres y se queda con nosotros, caminando día a día, sintiendo, amando, esperando, perdonando y muchas veces, aguantando…

Terminamos nuestra reflexión de hoy con el mensaje que el Papa Francisco nos compartiera en su Homilía para conmemorar la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón en el año 2013:

“Esta es la cercanía. El pastor cercano a su rebaño, a sus ovejas, a las que conoce una por una. Jesús quiso mostrarnos Su Corazón como el Corazón que tanto Amó. Por ello hoy hacemos esta conmemoración. Sobre todo, del Amor de Dios. Dios nos ha amado, nos ha amado mucho. Pienso en lo que nos decía San Ignacio […] nos indicó dos criterios sobre el amor. Primero: el amor se manifiesta más en las obras que en las palabras. Segundo: el amor está más en dar que en recibir.”

MEDITACIÓN:

Hoy, medita sobre aquellas cosas que brindas al Apostolado (servicio, conocimiento, habilidades, tiempo, dinero), y reflexiona, desde lo más profundo de tu corazón: ¿qué es lo que te mueve a actuar?  ¿Qué hay en el fondo de cada acción, situación, acto que realizas? ¿Es Él tu Camino, tu UNICA Verdad y tu Vida…?  Pasa absolutamente todo lo que haces a través del colador de la pureza de intención, para que tu ofrenda y oblación sean verdaderamente agradables a Dios. Reflexiona en esta frase: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes y, ¿todavía no me conocen…?

Realiza tu oración agradeciendo por la oportunidad que Dios te da, de unirte a su misión y pídele perdón, si fuera necesario, por las veces que no fue sólo el amor a Él y a tus hermanos lo que te guió en las acciones, con todo esto que vienes meditando. Si quieres compartir tu meditación, escríbela en la App del ANE, para que nos edifiquemos todos con las experiencias de los hermanos.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

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Finalmente, digámosle todos los días:

¡Gracias, Soberano Señor, Padre mío Amoroso! ¡Gracias Sacratísimo Corazón, donde reside el Amor verdadero que me Ama y Salva! ¡Gracias, Espíritu de Amor, que me da vida y me inspira!

En este día, mis ANE-hermanos y yo te honramos y te damos las gracias, Dios Uno y Trino, por todo lo que Tu Inmensa Providencia nos dispensa, sin merecimiento alguno.

Anhelo Señor en este día, darte mi amor y reunirme algún día Contigo en el Cielo, para cantar el gran himno de acción de gracias allí, en unión plena Contigo, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Ti sea toda alabanza, todo el Honor y toda la Gloria, por los Siglos de los Siglos. Amén.

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN:

SEXTO DÍA:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido. Ayudado de Tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.  Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Corazón Divino de mi amado Jesús! en Quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias, concédeme un corazón semejante al Tuyo, y la gracia que Te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, y tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del séptimo día: Mis peticiones, para conseguir el fruto que deseo

¡Oh Corazón clementísimo de Jesús!, Divino propiciatorio, por el cual ofreció el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones, diciendo: “Pídeme por el Corazón de Mi Amantísimo Hijo Jesús; por este Corazón te oiré, y alcanzarás cuanto me pides.” Presento por Tu intercesión, Jesús Divino, a Tu Padre Eterno, todas mis peticiones, para conseguir el fruto que deseo. Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh, Amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor Gloria de Dios, culto a Ti y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

¡Oh, Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Ti Majestad; por medio de este Adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te Adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este Divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu Divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas, por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; has que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Tu Santa Majestad, sobre este santísimo Corazón, a Tus siervos consagrados, mis amigos y familia toda, y te pido los llenes de Tu Espíritu, para que, siendo Su Protector el mismo deífico Corazón, merezcamos estar contigo eternamente. Amén.

Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todas las fuerzas de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines y de toda Tu Corte Celestial y todas las que te puede dar el Corazón de tu Santísima y Tiernísima Madre. Amén.