Sagrado Corazón de Jesús (Día 2°)

SEGUNDO DÍA:

Continuando con nuestras meditaciones del mes de junio, le daremos un pequeño espacio al tema que nos quedó pendiente el día de ayer. Haciendo un pequeño paréntesis, explicaremos lo que significa el “ALTAR PRIVILEGIADO”:

Se entiende por altar privilegiado, aquel altar que tiene anexa una indulgencia plenaria, concedida por el Papa, aplicable al alma del purgatorio por la cual se celebra en él la misa.

El origen de los altares privilegiados, no parece remontarse más allá del siglo IX. El Papa Pascual I, que ocupó el solio pontificio desde el año 817 hasta 821, habiendo hecho construir en Roma la iglesia de Santa Praxedis, privilegió uno de sus altares, el de la capilla de San Zenón.

Entre otras concesiones posteriores de altares privilegiados, merecen mencionarse la de Benedicto XIII, otorgada por “Breve del 20 de julio de 1724”, para que en todas las iglesias patriarcales, metropolitanas y catedrales, haya un altar privilegiado perpetuamente para todos los días, debiendo hacer el obispo la designación del altar; designación que, una vez hecha, no puede variarse, y la acordada por Clemente XIII en decreto del 19 de mayo de 1759 para un altar privilegiado cotidiano, por el término de siete años, en todas las iglesias parroquiales, bajo la condición de que cada obispo haga la petición correspondiente para las iglesias de su diócesis.

Pio VII, por rescripto de 12 de mayo de 1817, declaró altares privilegiados, para los días de la oración de cuarenta horas, todos los altares de la iglesia donde se haga la exposición del Santísimo Sacramento para dicha oración, en cualquier tiempo del año que tenga lugar este ejercicio.

Todas las misas celebradas el 2 de noviembre, día de la conmemoración de los fieles difuntos, por cualquier sacerdote secular o regular, son semejantes a las que se celebran en altar privilegiado, según consta de Especial Decreto de la Congregación de Indulgencias del 16 de mayo de 1761, aprobado y confirmado por el Papa Clemente XIII. Esta concesión se extiende a todos los días de la Octava de Difuntos.

Los altares se privilegian, a veces, “para siempre”, o sin limitación de tiempo y otras veces, por un número determinado de años que, de ordinario, no pasa de siete; y la concesión se extiende, unas veces, a todos los días de la semana y otras, a solo dos o tres días, según el número de misas que se celebra en la iglesia respectiva.

En los breves de altar privilegiado local, comúnmente se ponen las condiciones de que no haya otro altar privilegiado en la misma iglesia, o que se celebre en ella cierto número de misas. En general, se deben examinar atentamente todas las cláusulas del “breve” (documento específico de erección del altar privilegiado) para evitar todo error en su comprensión. Si el breve, por ejemplo, contiene la cláusula “sacerdos aliquis saxularis vel regularis”, la gracia se extiende sin excepción, a todo sacerdote que celebra en el altar; pero si dice, “sacerdos aliquis ejusdem ecclesiæ duntaxat”, solo pueden ganar la indulgencia los sacerdotes empleados en la iglesia, o que al menos prestan en ella algún servicio.

Las condiciones que se exige para ganar la indulgencia del altar privilegiado en favor de un difunto son:

La aplicación de la indulgencia, es decir, que el celebrante debe determinar la persona a quien quiera que la indulgencia sea aplicada: una aplicación vaga, sin ninguna especificación de la persona, no sería, por cierto, suficiente que se aplique por el finado la misa: las palabras de los breves en que se otorgan estas gracias no dejan duda a este respecto: “Concedemos una indulgencia, por vía de sufragio, al alma del fiel finado, por quien celebrare un presbítero la misa de difuntos en dicho altar…”.

Además del altar privilegiado real o local, del que se ha hablado, hay también altar privilegiado personal, así llamado, porque se concede a la persona para que pueda ganar la indulgencia plenaria por el difunto a quien aplica la misa, dondequiera que celebre, en los días de la semana que determina el indulto; debiéndose tener presente que, para ganar la indulgencia, deben concurrir las otras condiciones que se ha mencionado como necesarias con respecto al altar privilegiado local.

Aunque nos salimos un poco del tema central, creemos que es muy conveniente conocer más a fondo la inmensa riqueza de nuestra Iglesia, y los grandes beneficios que en ella existen, para la Iglesia que peregrina, como para la Iglesia purgante. ¡Qué hermoso es saber de estos maravillosos dones que, a través de el Cuerpo místico de Cristo, Su Iglesia, nos ayuda a unirnos en esa comunión de los Santos! La Iglesia Triunfante, la Purgante y la Peregrina, unidas en oración pidiendo e intercediendo los unos por los otros.

El Corazón de Jesús abarca estos tres estados de Su Iglesia:

Sus Santos, unidos por el fuego del Espíritu Santo en la Eternidad del gozo y en la presencia y visión beatífica de Dios

Las almas del Purgatorio, que interceden por los que oran por ellos y en humildad, esperanza y paciencia, esperan el día de su liberación, para unirse a los Santos del Cielo, y entrar al gozo de la adoración perpetua y eterna al Dios Uno y Trino.

Y la Iglesia peregrina, que ora por las almas de la Iglesia purgante, mientras que pide auxilio a las almas de los que ya gozan de la presencia de Dios, para obtener por su intercesión, las gracias necesitadas en el alma y cuerpo, y lograr así, algún día, la salvación.

El Sagrado Corazón de Jesús arde de Amor por las almas de todas Sus criaturas. Las Ama y las Acoge muy dentro de ese Corazón Amoroso, que quiere inflamar de amor los corazones de aquellas almas que se confían a Él.

El Corazón de Jesús desea ser amado. Y eso es lo que nos dice con esta devoción, pues como decía San Francisco de Asís: “El Amor no es amado”. Jesús quiere que, sabiéndonos criaturas pobres y llenas de miserias, le entreguemos nuestras personas y nos consagremos a Él, que es recipiente de toda gracia y virtud; fuente de todo bien y goce eterno.

El Señor quiere que nos consagremos enteramente a su Corazón Sacratísimo, para poder participar de las delicias que Él tiene reservadas para las almas que lo Aman y deciden seguirlo con todo su amor, aún en las dificultades, penas y padecimientos, ya que nada de esto debe separar a los que se consagran, confían y esperan en el Señor y en su Corazón Misericordioso y lleno de compasión.

La persona que se consagra al Sagrado Corazón, y con esto ofrece y dedica su vida, pensamientos, obras y trabajos al Señor, va subiendo los peldaños de la santidad de apoco en poco, ya que su vida entera, bajo esta necesidad y compromiso, es “separada del mundo” y dedicada a honrar y glorificar el Nombre del Altísimo. Consagrar, quiere decir precisamente “separar para lo sagrado”.

La hermosa devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos devuelve lo perdido. Es aquella “perla preciosa” de la que habla la Escritura, pues devuelve al hombre la dignidad de hijo de Dios, y devuelve el Cielo a aquellos para quienes, a causa del pecado original, el paraíso había quedado cerrado para siempre.

Que Cristo, que nos devolvió la vida muriendo en la Cruz, nos lleve al gozo eterno, y que, entrando a las profundidades de su Corazón, podamos valorar en esta vida el paraíso de Su Amor que nos ha sido reservado. Ese Corazón de Jesús, que nos ha sido dado desde ahora como prenda de gozo y felicidad eterna, nos ayude a encontrar en Él, paz, amor, descanso, gozo, y en el futuro, la plenitud de vida eterna.

El Corazón Sacratísimo de nuestro Señor, nos invita a entrar en Él y abrir nuestro corazón para descubrir ese lugar que nos dará la vida eterna. Nos invita a dejar el tiempo limitado de nuestra vida y entrar, a través de Su Corazón, al tiempo de la eternidad en el Amor de Dios.

MEDITACIÓN:

  • ¿Qué has hecho para abrir tu corazón a esta llamada imperiosa de Jesús, que te llama diariamente, para que entres al de Él?
  • ¿Qué acciones podrías realizar concretamente, para responder como merece a la llamada de Jesús?
  • ¿Cómo poder devolverle o “pagarle”, cómo corresponder dignamente, a tanto Amor y predilección?
  • Medita, a lo largo del día, sobre estas tres cosas…

ORACIÓN DE DESAGRAVIO AL SAGRADO CORAZÓN:

Rezaremos durante todo este mes, el “Rosario al Sagrado Corazón de Jesús”.

Para rezarlo, emplearemos un Rosario tradicional de cinco decenas.

OFRECIMIENTO:

1.- Ofreceremos esta Santa Corona, para pedir misericordia al Señor por el mundo entero y perdón por todos los ultrajes y sacrilegios que se cometen en contra de su Divino Corazón, y el Inmaculado Corazón de su Santísima Madre.

2.- Igualmente, lo ofreceremos pidiendo perdón por todos los pecados de omisión que en el mundo entero se cometen en contra de su divina presencia y permanencia en los altares; especialmente en aquellos donde está más abandonado, olvidado y donde hay menos oración.

3.- Por las intenciones y necesidades del Santo Padre. Por la Santa Iglesia Católica, y para que todos seamos un solo rebaño, bajo un solo Pastor. Por todos los sacerdotes e institutos de vida consagrada; para que el Señor, con la efusión de su Espíritu, los ayude a ser cada día mejores y más santos.

4.- Ofreceremos al Señor, durante este mes nuestros sacrificios, de una manera especial por nuestro Apostolado, el Instituto Stella Maris, CRUZNE, TAE y todo lo que en ellos se viene realizando, su presente y su futuro; para que todo sea y vaya con la bendición de Dios y el auxilio de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Por todos sus integrantes, sus necesidades e intenciones particulares.

5.- Pediremos al Señor, por intercesión de Su Santa Madre, y a través de Su Inmaculado Corazón, que nos libre de todo mal espiritual y corporal, que seamos apartados con nuestras familias, lo más posible, de las horas de sufrimiento y de dolor, llegado el momento de la purificación. Y que Su Providencia y bendición nunca nos falten.

6.- Por todos los países donde el ANE existe; para que el Señor los guarde en su Sagrado Corazón, y no permita que el comunismo, la guerra, el ateísmo, la persecución a la Iglesia y las ideas ateas se implanten en ellos, creando miedo, crisis y confusión entre sus habitantes. De una manera muy especial te pedimos, Señor, por Estados Unidos, México, todo Centro y Sudamérica.

MANERA DE REZARLO:

1.- Recitamos (a modo de Credo) una vez, las “Aspiraciones” de San Ignacio:

Alma de Cristo, Santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Sangre de Cristo, Embriágame. Agua del costado de Cristo, Lávame. Pasión de Cristo, Confórtame. Oh mi Buen Jesús. Óyeme. Dentro de Tus Llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo maligno, defiéndeme. A la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con los Santos te alabe, por los siglos de los siglos, Amén.

2.- En las cuentas grandes, en vez del Padre Nuestro, decimos:

Jesús, Dulce y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.

3.- En las cuentas pequeñas, en vez de los Aves Marías, se dirá diez veces:

Dulce Corazón de Jesús, se Tú mi amor.

4.- Al final de cada decena, en vez del Gloria, se dirá:

Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.

5.- Para Terminar:

Un Padre Nuestro, Un ave María y un Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús (Día 1°)

PRIMER DÍA

¡Sagrado Corazón de Jesús!, en Ti confío.

¡Inmaculado Corazón de María!, Sé la salvación del alma mía.

El Corazón de Jesús es, para nosotros, el primer modelo y guía para nuestra conversión. De tal manera que, hacer que nuestro corazón se asemeje al Suyo, es nuestra principal tarea espiritual. Por eso la importancia de esta devoción, tan unida a la del Señor de la Divina Misericordia, ambas, predecesoras de nuestra espiritualidad. Por eso, iniciamos hoy una serie de meditaciones y prácticas piadosas, destinadas a acercarnos más al Sagrado Corazón de Jesús.

Muchos de nosotros seguramente sabemos que, en el mes de junio, la Iglesia universal festeja y celebra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Pero tal vez muchos de nosotros, no sabemos exactamente de dónde viene o cómo ha empezado esta tradición tan hermosa en la Iglesia. La devoción al corazón herido de Jesús tiene sus orígenes en el siglo XI, cuando los cristianos piadosos meditaban sobre sus cinco llagas.

Para esos tiempos, surgieron entre los fieles las oraciones al Sagrado Corazón de Jesús, a la llaga del hombro y del costado, entre otras devociones privadas que eran realizadas y rezadas en los hogares de los fieles cristianos. Todas estas oraciones y devociones ayudaron a los cristianos a enfocarse y meditar de una manera más profunda en la Pasión y Muerte de nuestro Señor, de tal manera que, por gratitud y misericordia, lograran crecer en el amor hacia Él.

Sin embargo, no fue hasta 1670 que el sacerdote francés P. Jean Eudes  (San Juan Eudes) celebró la primera Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, oficiando su misa frente a los fieles.

Casi al mismo tiempo, de la primera vez en que se festejó esa devoción, una religiosa conocida por su piedad, Sor Margarita María Alacoque, empezó a informar a sus superioras que tenía visiones de Jesús, por lo que algunos sacerdotes empezaron a visitarla para escuchar sus relatos. Éste se le aparecía con frecuencia y, en diciembre de 1673 le permitió –como había permitido una vez a Santa Gertrudis– descansar la cabeza sobre su corazón.

Mientras Sor Margarita experimentaba el consuelo de su presencia, sus encuentros llenos de amor y misericordia, Jesús le habló de Su gran Amor, y le explicó que tenía una gran misión para ella. Le dijo que la había elegido para dar a conocer su Amor y su Bondad a la humanidad.

Al año siguiente, en junio o julio de 1674, Margarita María informó que Jesús quería ser honrado bajo la imagen de Su Corazón de Carne, expresando a todos los fieles que quería permanecer en ellos y obrar en sus corazones, por lo que solicitaba que lo recibieran con frecuencia en la Eucaristía, especialmente el primer viernes de cada mes, y que practicaran una hora santa devocional.

En 1675, a los pocos días de la fiesta de Corpus, exactamente durante la octava al Corpus Christi, Margarita María tuvo una visión que posteriormente se conoció como la “gran aparición”.

En aquella gran aparición, Jesús pidió a Sor Margarita que la devoción a Su Sagrado Corazón fuera instituida de manera universal y celebrada como la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, cada año, el viernes siguiente a Corpus Christi, en reparación por la ingratitud de los hombres hacia Su Sacrificio Redentor en la Cruz.

Debido a que la Iglesia, desde siempre debe de ser muy prudente con las revelaciones privadas, mensajes y visiones de las almas que han sido escogidas para recibirlos; la devoción se hizo popular recién después de la muerte de Santa Margarita María, en 1690.

La Iglesia se comporta de esta forma debido a que:

1.- Al ser el hombre de naturaleza frágil y debido a la concupiscencia de la carne, que le juega malas pasadas, por decisión propia y libremente, podría alejarse del camino marcado por Dios, desviar su misión conferida y tomar otro camino.

2.- Debido a que las cosas, si son de Dios, no pasan, permanecen ya que es el Espíritu Santo El que las mueve y acrecienta, y no la mano del hombre, es decir, a modo de prueba de que el acontecimiento realmente ha venido de la Mano de Dios, se le somete a prueba para reconocer su veracidad.

Por esos motivos, la fiesta no se estableció como oficial en toda Francia sino hasta 1765, y fue recién casi ocho años más tarde, el 8 de mayo de 1873, que la devoción al Sagrado Corazón fue formalmente aprobada por el Papa Pío IX para la Iglesia universal, y veintiséis años después, el 21 de julio de 1899, el papa León XIII recomendó urgentemente que todos los obispos del mundo observaran la fiesta en sus diócesis, por lo que ésta se hizo recién una Fiesta Universal.

El Papa León Xlll aprobó las siguientes indulgencias por la devoción, a todo fiel católico que, según las disposiciones marcadas por la Iglesia en ese momento, las cumpliera:

  • Por realizar la devoción pública o privada, siete años y por siete cuarentenas (la remisión de castigo temporal equivalente a lo que se concedería por cuarenta días de penitencia) cada día.
  • Si la devoción se practicara diariamente en privado, o si una persona asistiera por lo menos diez veces en una función pública, una indulgencia plenaria (remisión de todo castigo temporal por los pecados cometidos) en cualquier día de junio o entre el 1 y el 8 de julio (según el Decreto Urbis et Orbis, del 30 de mayo de 1992).
  • La indulgencia “Toties Quoties” (para las almas del Purgatorio) se pudiera ganar el 30 de junio o el último domingo de junio en aquellas iglesias donde el mes de junio se celebra solemnemente. Pío X instó a un sermón diario, o al menos durante ocho días en forma de una misión, con el objetivo de hacer más conocida la devoción, hacer amar y reparar el Corazón de Jesús lastimado, y poder de esa forma, ayudar a los fieles a ganar indulgencias.
  • A los sacerdotes que predicaran los sermones en las celebraciones solemnes de junio en honor del Sagrado Corazón, y a los rectores de las Iglesias donde se celebraran estas ceremonias, se les concedía el privilegio del Altar Gregoriano el 30 de junio (Se entiende por altar gregoriano o privilegiado, aquel que tiene anexa una indulgencia plenaria concedida por el Papa, aplicable al alma del purgatorio por la cual se celebra en él la misa). En la próxima entrega hablaremos de esto más extensamente.
  • Una indulgencia plenaria para cada comunión en junio, y para todos aquellos que promueven esta hermosa devoción y la solemne celebración en el mes de junio.

MEDITACIÓN:

De acuerdo con lo que leíste…

¿Te acuerdas por qué quiso el Señor instaurar esta fiesta a Su Sagrado Corazón?

¿Cuál era el motivo? Medita en esto unos minutos y piensa cómo puedes tú responder a esta petición del Señor.

¡Oh pobre corazón mío! ¡Qué nobleza la tuya que, siendo tan miserable, has sido amado por el Corazón de todo un Dios! ¿Conoces, ¡oh hombre!, hasta que punto te ha engrandecido Dios haciéndote objeto de Su Amor…?

ORACIÓN DE DESAGRAVIO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS:

¡Mi muy amado Corazón de Jesús! De Ti provienen, abundantes, todo tipo de Gracias, Misericordia y Perdón. Defiendes a los oprimidos, ayudas a los más débiles y rescatas a los que son despreciados…

Una y otra vez me acoges, intervienes en cada una de mis debilidades, me perdonas y me invitas a convertirme de todo corazón. Sagrado Corazón de Jesús, Tú lo sabes todo, escudriñas las profundidades de nuestros corazones y ves nuestro interior. Conoces mi debilidad, mi flaqueza, mis caídas…

Quiero aprender a perdonar y a pedir perdón; a reconocerme pecador y a no juzgar a los demás. Más bien, acudo a Ti, que eres la fuente de la Misericordia, para que pongas en mi corazón la gracia de ser misericordioso a ejemplo Tuyo.

Te pido perdón por todos mis pecados, especialmente por aquellos que han lastimado profundamente ese amante y misericordioso Corazón Tuyo. ¡Perdóname, Señor!

En estos días de junio, quiero caminar Contigo. Quiero recorrer el camino junto a Ti, así como Tus discípulos lo hacían Contigo, en aquellas largas caminatas de un lado a otro por las tierras de la antigua Palestina. Esto me permitirá aprender más de Ti, llenarme de Tu Amor y poder recostar mi cabeza en tu pecho, muy junto a Tu Sacratísimo Corazón.

Permite que este acto humilde, sirva en poco, a desagraviar Tu Sagrado Corazón, y amarte en la medida de mi miserable ser, por todos aquellos hermanos míos, que no te aman.

Gracias, Jesús, por darme esta oportunidad y por bendecirme a mí y a toda mi familia. ¡Te amo Señor! Amén.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 30)

TRIGÉSIMO  DÍA

“El sueño de la serpiente infernal”

El 28 de agosto de 1862, Don Bosco narró a los jóvenes un curioso sueño que había tenido la noche anterior:

Le pareció que había ido de paseo a su pueblo natal, a casa de su hermano José, y que acompañado de un desconocido había salido a caminar por el prado. De pronto, vieron una enorme serpiente enrollada y en señal de ataque. Don Bosco quiso huir, pero el desconocido le mandó que se detuviera, pues esa serpiente no le iba a hacer ningún mal, sino que era un mensaje del Cielo lo que se le iba a comunicar.

El desconocido, trajo un gran lazo o cuerda y tomando en sus manos un extremo, pasó el resto sobre el sitio donde estaba la serpiente y le dio el otro extremo a Don Bosco pidiéndole que la azotara con dicho lazo.

Don Bosco se reusaba a hacerlo, pues veía que corría un gravísimo peligro de ser atacado por el reptil. El desconocido le aseguró que no corría ningún peligro, y Don Bosco empezó a azotar fuertemente a la serpiente.

Esta lazaba furiosas dentelladas contra el lazo, para destrozarlo, pero a cada ataque que lanzaba, quedaba amarrada con un nuevo nudo del cordel en el cuello.

El desconocido amarró un extremo del lazo a un árbol, y corriendo hacia donde estaba Don Bosco tomó el otro extremo de la cuerda y lo amarró a una ventana. La serpiente mientras tanto se revolcaba furiosamente y a cada golpe que lanzaba contra el lazo, éste le arrancaba un poco de carne, hasta que quedó totalmente destrozada y muerta.

El desconocido tomó el lazo y desdoblándolo lo echó dentro de una caja. Luego pidió a Don Bosco que abriera la caja otra vez.

Muchos jóvenes se habían reunido a su alrededor y al abrirse la caja vieron con admiración que el lazo o cuerda, se había doblado de una manera especial y estaba formando una palabra: “AVE MARÍA”.

El personaje desconocido explicó a todos los presentes lo que había sucedido:

La serpiente es el demonio, que representa a todos los enemigos del alma, y el lazo es la oración. Con esta cuerda se puede vencer siempre a todos los enemigos el espíritu. El Rosario, compuesto de muchas Aves Marías, es un lazo tan poderoso, que el demonio puede ser vencido si se reza con fe.

Es por eso que, al ir rezando el Rosario, debemos hacer un esfuerzo por ir pensando y meditando en los misterios que ahí se contemplan.

Nos despedimos este día de la Virgen, deseando que estas Rosas se queden muy profundamente arraigadas en nuestros corazones para que, cada día que vivamos en esta tierra, recordemos que contamos con los auxilios y la protección de la Santísima Virgen, así como su amor maternal por cada uno de nosotros.

Nos despedimos hasta el próximo año, que si Dios nos presta vida y salud volveremos a dedicarle Rosas de amor en el mes de mayo a la Reina del Cielo, pero lo hacemos sabiendo que, como buenos hijos de Ella y agradecidos que somos, todos los días del año los dedicaremos a amarla y venerarla como nuestra Tierna Madre del Cielo, para que, a través de nuestro testimonio y devoción por María, muchas otras almas sepan, es decir, conozcan y sientan que tienen una Madre Bondadosísima en el Cielo, que desea se le permita amarlos y que la amen.

Nos despedimos de Ti Madre Santísima, Reina de nuestros corazones, de nuestros hogares y de nuestra Patria, consagrándonos enteramente a Ti, deseando, que, a través de este imperfecto amor, logremos algún día poder estar contigo en el Cielo, y por Tu omnipotencia suplicante, alcancemos la gracia ansiadísima de estar junto a tu amado Hijo, en la Gloria Eterna.

“Madre del Redentor, Virgen fecunda, Puerta del cielo siempre abierta, ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse.

Ante la admiración de Cielo y tierra, engendraste a Tu Santo Creador, y permaneces siempre Virgen. Recibe el saludo del Ángel Gabriel y ten piedad de nosotros, pecadores.

Salve, Reina del los Cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra Luz. Alégrate, Virgen Gloriosa y Bendita, entre todas la más bella.

Reina del Cielo, alégrate aleluya, porque el Señor, a Quien has merecido llevar aleluya, ha resucitado, según Su Palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros; Aleluya.

Goza y alégrate, Virgen María, Aleluya; Porque Resucitó verdaderamente el Señor, Aleluya.”.

“¡Virgen Santa María; que por Tu intersección valiosísima, descienda sobre nosotros el Espíritu de Dios; ¡Aleluya! “

Con esta oración terminamos el Tiempo Pascual y el mes de María, encomendando a Ella todo el segundo ciclo del Tiempo Ordinario que comenzaremos ahora, pidiéndole al Espíritu Santo que nos ayude, ilumine y conduzca, con el auxilio de la Santíma Virgen, a caminar por los caminos de Dios, especialmente en estos momentos tan difíciles que vive el mundo.

Seguiremos unidos a través de esta App, en nuestra preparación para la Consagración Total al Sagrado Corazón de Jesús, a través del Inmaculado Corazón de María; y con todo el material que les iremos compartiendo a diario, primero Dios. Ahora concluímos esta devoción con el Rezo del Santo Rosario, de preferencia en familia, como habíamos estado tratando de hacer…

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia, como nos lo había pedido el Papa Francisco, especialmente HOY, que termina este mes de mayo y celebramos Pentecostés, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 29)

VIGÉSIMO NOVENO DÍA

San Alfonso María de Ligorio fue un religioso napolitano, que vivió entre 1696 y 1787. Egresó como abogado a sus dieciséis años, y su padre esperaba para él un brillante futuro político, pero él sentía otro llamado del Señor, por lo que a los treinta años, y luego de no pocas batallas, fue ordenado sacerdote. Fue fundador de la Congregación del Santísimo Redentor cuyos miembros se conocen como “Padres Redentoristas”.

Se lo considera un renovador de la moral de su tiempo. Canonizado en 1839 y proclamado «Doctor de la Iglesia» en 1871, es el patrono de los abogados católicos, de los moralistas y de los confesores. Escribió más de 111 obras, entre las cuales destacan el “Tratado de Teología Moral”, escrito entre 1753 y 1755 y “Las Glorias de María”, uno de los más importantes libros sobre temas marianos, escrito entre 1734 y 1750.

San Alfonso María de Ligorio trató de abrir los ojos a las personas que viven tranquilas en pecado y consideran que no necesitan de una conversión profunda y seria, no por ignorar que hay un Dios, sino porque creen que Él les perdonará de todo, puesto que es todo misericordioso. Intentó mostrarles los peligros a los que estaban expuestos quienes demoran su conversión y optan por ese estilo de vida, quizás por ignorancia al poder del demonio y el pecado.

Uno de los peligros que este santo advierte, es el creer la mentira de que tenemos el tiempo suficiente para hacer una conversión verdadera y entregarnos a Dios. “La muerte suele ser repentina, nadie más que Dios sabe cuándo moriremos ¿de dónde viene esta seguridad de que uno se convertirá justo a tiempo?” se preguntaba con frecuencia en sus sermones. Recordaba las palabras de San Gregorio cuando dice: El Señor que prometió el perdón al que se arrepiente de su culpa, no prometió conceder tiempo para convertirse al que quiere perseverar en el pecado.”

Contaba San Alfonso María de Ligorio este suceso, ocurrido en 1604, a dos jóvenes de la región flamenca de Flandes, Europa, que llevaban una mala vida. Dice que al pasar una noche por la casa de una mujer pecadora, de vida deshonesta, les sucedió lo que se narra a continuación: Ricardo, uno de los jóvenes, salió de aquella casa y cuando llegó a la suya se acostó. Una vez en la cama se acordó de no haber rezado las tres aves Marías que acostumbraba a rezar todas las noches a su Madre la Virgen.

El sueño ya le había vencido, pero superando la pereza las rezó, aunque sin mucha devoción, y luego se acostó de nuevo. Apenas había empezado a dormir notó que alguien golpeaba con desesperación la puerta de su habitación.

Quien golpeaba la puerta era el alma de su amigo. (Cuando morimos, nuestra alma sigue viviendo, y en algunas ocasiones, permite Dios que, de forma extraordinaria, actúe físicamente. En este caso, lo permitió Dios por Misericordia, para que Ricardo cambiase de vida).

Ricardo se levantó y sin abrir la puerta preguntó:

– ¿Quién eres?

– ¿Es que no me reconoces? ¡soy un desgraciado! -exclamó triste el alma del amigo- ¡estoy condenado!

– ¿Cómo así?

– Tienes que saber, Ricardo, que al salir de aquella casa me atacaron y caí muerto; mi cuerpo quedó tendido a la mitad de la calle y mi alma está en el infierno. Lo mismo te hubiera pasado a ti, pero Santa María te salvó de él por las tres Aves Marías que le rezas cada noche.

Y acabó diciendo: “Aprovecha esta revelación de la Madre de Dios, tú que tienes tiempo.” Y desapareció.

La Virgen quiso que el alma de su amigo le revelase a Ricardo lo sucedido para que cambiara de vida. Ricardo se puso a llorar y a darle gracias a la Virgen; sonaban entonces las campanas de la Iglesia y decidió ir a confesarse y hacer penitencia.

Fue y se lo dijo a los sacerdotes; éstos, que no lo creían, se dirigieron a la calle donde todavía estaba el cuerpo de su amigo y lo vieron muerto y tendido en la mitad de la calle; comprobaron así que Ricardo no había mentido.

A partir de entonces, Ricardo cambió de vida e hizo muchas cosas por Dios y por los demás.

Pidamos pues perdón a la Santísima Virgen por nuestros descuidos en la oración, y a partir de ahora, nunca nos acostemos sin despedirnos de Ella y darle gracias por su cariño y maternal protección.

Amemos a esta Tierna Madre, que quiere siempre estar junto a nosotros para llevarnos con su ayuda al Cielo.

¡Ave María Purísima, sin pecado Concebida! Ruega a Dios por nuestras almas siempre, y cuando llegue la hora, llévanos contigo al Cielo.

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen, todos los días que quedan de este mes Mariano, la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia (invitándolos a compartirlo con nosotros, de ser posible) como nos había pedido el Papa Francisco, especialmente en este mes de mayo. Seguiremos uniéndonos en oración, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 28)

VIGÉSIMO OCTAVO DÍA

San Juan Damasceno es uno de los escritores más  reconocidos desde antiguo en nuestra Iglesia. Nació en Damasco, Siria y vivió entre los años 675 y 749. Doctor de la Iglesia y poseedor de gran sabiduría, se dedicó al estudio y a escribir sobre dialéctica, física, filosofía, moral y, por supuesto, Teología.

Pretendió exponer sistemáticamente todo el dogma cristiano y no abordar solamente unos pocos temas, como hicieran sus antecesores. Cuando el emperador de Constantinopla prohibió el culto a las imágenes haciéndose eco de los iconoclastas que acusaban a los cristianos occidentales y orientales -fundamentalmente los monjes- de adorar imágenes, San Juan Damasceno defendió la práctica de la veneración, no adoración, de las imágenes religiosas contra los iconoclastas con las siguientes palabras: “Lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen.”

Una leyenda cuenta que, en medio de la querella de los iconoclastas perdió una mano, y la Virgen se la restituyó. Con base en dicha historia, se pintó el icono de la Trijerusa o Troeruchista: una imagen de la Virgen que tiene tres manos y es sumamente popular y venerado en la Iglesia Oriental. Fue llamado “Orador de Oro”, debido a su elocuencia y es considerado un gran profeta en las Iglesias Orientales.

Este famoso autor describe la muerte de Nuestra Señora con estas hermosas palabras:

“La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque Ella, por no tener pecado original (fue concebida inmaculada: o sea, sin mancha de pecado original), no tenía que recibir el castigo de la enfermedad. Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a Ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad.

Ella murió de amor. Era tanto el deseo de irse al Cielo donde estaba Su Hijo, que este amor la hizo morir.

Unos catorce años después de la muerte de Jesús, cuando ya había empleado todo el tiempo en enseñar la religión del Salvador a chicos y grandes, cuando había consolado a tantas personas tristes y había ayudado a tantos enfermos y moribundos, hizo saber a los Apóstoles que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo para la eternidad.

Los Apóstoles la amaban como la más bondadosa de todas las madres y se apresuraron a viajar para recibir de sus maternales labios, sus últimos consejos, y de sus sacrosantas manos su última bendición.

Fueron llegando, y con lágrimas copiosas, y de rodillas, besaron esas manos santas que tantas veces los habían bendecido.

Para cada uno de ellos tuvo la Excelsa Señora palabras de consuelo y de esperanza. Y luego, como quien se duerme en el más plácido de los sueños, fue Ella cerrando santamente sus ojos, y su alma, mil veces bendita, partió para la eternidad.

La noticia cundió por toda la ciudad, y no hubo un cristiano que no viniera a llorar junto su cadáver, como la muerte de su propia madre.

Su entierro, más parecía una procesión de Pascua, que un funeral. Todos cantaban el aleluya, con la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima protectora en el Cielo, para interceder por cada uno de los discípulos de Jesús.

En el aire se sentían suavísimos aromas, y parecía escuchar cada uno armonías de músicas muy suaves.

Pero Tomás Apóstol, no había alcanzado a llegar a tiempo. Cuando llegó, ya habían regresado de sepultar a la Santísima Madre.

Pedro -dijo Tomás– no me puedes negar el gran favor de poder ir a la tumba de mi Madre amabilísima y darles un último beso a esas manos santas que tantas veces me bendijeron.

Se fueron todos hacia el santo sepulcro, y cuando ya estaban cerca empezaron a sentir de nuevo, suavísimos aromas en el ambiente y armoniosas músicas en el aire.

Abrieron el sepulcro y en vez del cadáver de la Virgen, encontraron solamente una gran cantidad de flores muy hermosas. Jesucristo había venido; había resucitado a Su Madre Santísima y la había llevado al Cielo.

Eso es lo que llamamos la Asunción de la Virgen (cuya fiesta se celebra el 15 de agosto).

¿Y quién, de nosotros, si tuviera los poderes del Hijo de Dios, no hubiera hecho lo mismo con su propia madre?”

Dulce Corazón de María, ¡sé la salvación del alma mía!

Sagrado Corazón de Jesús, ¡en Ti confío!

 

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen, todos los días que quedan de este mes Mariano, la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia (invitándolos a compartirlo con nosotros, de ser posible) como nos había pedido el Papa Francisco, especialmente en este mes de mayo. Seguiremos uniéndonos en oración, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 27)

VIGÉSIMO SÉPTIMO DÍA

“María sea la Estrella que nos ilumine la senda, nos muestre el camino seguro para legar al Padre del Cielo; Sea como el ancla a la que nos debemos sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba.” (Padre Pio de Pietralcina)

El Milagro del cojo de Calanda

Finales de Julio de 1637. Miguel Juan Pellicer, natural de Calanda (Teruel) España, tuvo un accidente durante su trabajo. Cayó al suelo y le pasó por encima de la pierna derecha una rueda del carro de su tío, rompiéndosela, más o menos a la atura del tobillo.

Lo llevaron al hospital de Valencia, y al ver que cada vez empeoraba más, lo trasladaron al hospital de Zaragoza, donde llegó a los días primeros de octubre con mucha fiebre y la pierna totalmente gangrenada. Antes de ingresar en el hospital, fue a la Iglesia del Pilar, donde se confesó y comulgó.

Ya en el hospital, viendo los médicos que la pierna no tenía curación, decidieron cortarla cuatro dedos por debajo de la rodilla.

Se la serrucharon sin más anestesia que una bebida bien cargada de alcohol, mientras él se encomendaba a la Virgen del Pilar. Después de la operación, dos médicos enterraron la pierna en el cementerio del hospital.

Cuando se repuso de la operación, no pudo encontrar empleo, por lo que pasó dos años y medio en las calles, pidiendo limosna. Generalmente se encontraba en las puertas de la Iglesia del Pilar, durmiendo en alguna posada o en los bancos que se encontraban en el hospital. Después de un tiempo más, regresó a la Calanda.

Una noche soñó que se untaba el muñón con el aceite de la lámpara de la Iglesia del Pilar. Al entrar sus padres en la habitación, sintieron una extraña fragancia; la madre se aproximó con el candil a su hijo, y vio que le salían por debajo de las sábanas, no una, sino las dos piernas.

Era su misma pierna amputada, con las antiguas cicatrices de niño y la lesión cerca del tobillo, que le hizo el carro, cuando le pasó por encima.

Además, se comprobó que la pierna ya no estaba en el cementerio del hospital. Todo el pueblo fue testigo el milagro y el párroco celebró una Misa en acción de gracias.

¡Qué grande Eres Madre mía! No necesito ver milagros, porque ya has hecho miles. Pero sí necesito que aumentes mi fe cada día, hasta tenerla semejante a la Tuya. ¡Creo Madre, pero has que crea más y más!

La Santísima Virgen es llamada siempre bajo innumerables hermosos nombres, y Ella, que es vaso de toda virtud, recibe los elogios que merece como Madre de Dios.

Qué hermoso es que nosotros, sus hijos, bajo esos innumerables nombres y llenándola de piropos y alabanzas, le digamos todos los días tiernas palabras, y alabemos igualmente sus virtudes, para que, de esta forma, reciba y sienta todo nuestro amor.

Sin embargo, la mejor manera de alabar las virtudes de María y rendirles verdadero tributo, es conociéndolas, meditándolas, y sobre todo, ir practicándolas, de a poquito, hasta que se conviertan también en hábitos buenos nuestros. Porque así como el vicio es la práctica habitual de una mala conducta, la virtud es la práctica habitual de una buena. Conozcamos, meditemos, practiquemos e incorporemos las virtudes de María a nuestra conducta diaria, y así seremos los mejores hijos suyos.

Pidámosle a María que nos ayude a configurarnos completamente con el amor de Jesús y a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, que nos pide estar abiertos a su acción sanadora, vivificante y transformadora.

María, la Esclava del Señor, aceptó llena de fe la acción del Espíritu en Ella. Como Ella, aceptemos ser esclavos y siervos del Señor, atentos siempre a escuchar su Palabra y hacerla testimonio y acción de vida, con los dones del Santo Espírirtu.

Deseemos, como la Madre del Cielo que nos enseña con su ejemplo, a responderle a Jesús con generosidad y espíritu de servicio.

María, Auxilio de los pecadores y los que buscan tu intercesión, ¡acógenos siempre bajo tu manto protector y llévanos de la mano hasta Jesús!

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen, todos los días que quedan de este mes Mariano, la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia (invitándolos a compartirlo con nosotros, de ser posible) como nos había pedido el Papa Francisco, especialmente en este mes de mayo. Seguiremos uniéndonos en oración, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 26)

VIGÉSIMO SEXTO DÍA

NICAN MOPOHUA: QUINTA PARTE

Seguimos con la narración del Nican Mopohua en esta última entrega. Dejamos para el final lo que para nosotros es “la mejor parte”, especialmente ahora, ante la situación que estamos viviendo. Para ello, rompimos de exprofeso la cronología de los acontecimientos, que, para que quede clara, la presentaremos gráficamente al final de esta edición.

Hoy, finalmente, hablaremos del tío de Juan Diego, Juan Bernardino, su enfermedad y el mensaje esperanzador de estas apariciones.

Después de que Juan Diego fuera por segunda vez a ver al obispo Zumárraga, y sin haber logrado mucho, se siente triste por lo acontecido. Había quedado en entrevistarse con la Reina del Cielo pero el Nican Mopohua nos dice que se presentó un contratiempo, de la siguiente manera:

“Pero a la mañana siguiente, lunes, cuando Juan Diego debería llevarle alguna señal suya [al Obispo] para ser creído, ya no regresó, porque cuando fue a llegar a su casa, a un tío suyo, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba en las últimas, por lo que se pasó el día buscando médicos, todavía hizo cuanto pudo al respecto; pero ya no era tiempo, ya estaba muy muy grave. Y al anochecer, le rogó instantemente su tío que, todavía de noche, antes del alba, le hiciera el favor de ir a Tlatilolco a llamar a algún sacerdote para que viniera, para que se dignara confesarlo, se sirviera disponerlo, porque estaba del todo seguro que ya era el ahora, ya era el aquí para morir, que ya no habría de levantarse, que ya no sanaría. Y el martes, todavía en plena noche, de allá salió, de su casa, Juan Diego, a llamar al sacerdote, allá en Tlatelolco.

Y cuando ya vino a llegar a la cercanía del cerrito Tepeyac, a su pie, donde sale el camino, hacia el lugar donde se pone el sol, donde antes él pasara, se dijo: ‘Si sigo de frente por el camino, no vaya a ser que me vea la noble Señora, porque como antes me hará el honor de detenerme para que lleve la señal al Jefe de los Sacerdotes, conforme a lo que se dignó mandarme. Que por favor primero nos deje nuestra aflicción, que pueda yo ir rápido a llamar respetuosamente el sacerdote religioso. Mi venerable tío no hace sino estar aguardándolo.’ En seguida le dio la vuelta al monte por la falda, subió a la otra parte, por un lado, hacia donde sale el sol, para ir a llegar rápido a México, para que no lo demorara la Reina del Cielo. Se imaginaba que, por dar allí la vuelta, de plano no iba a verlo Aquella cuyo amor hace que absolutamente y siempre nos esté mirando.

Pero la vio como hacia acá bajaba de lo alto del montecito, desde donde se había dignado estarlo observando, allá donde desde antes lo estuvo mirando atentamente. Le vino a salir al encuentro de lado del monte, vino a cerrarle el paso, se dignó decirle:

‘¿Qué hay, Hijo mío el más pequeño? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas a ver?’

Y él, ¿acaso un poco por eso se apenó, tal vez se avergonzó, o acaso por eso se alteró, se atemorizó?

En su presencia se postró, con gran respeto la saludó, tuvo el honor de decirle: ‘Mi Virgencita, Hija mía la más amada, mi Reina, ojalá estés contenta; ¿Cómo amaneciste? ¿Estás bien de salud?, Señora mía, mi Niñita adorada. Causaré pena a tu venerado rostro, a tu amado corazón: Por favor, toma en cuenta, Virgencita mía, que está gravísimo un criadito tuyo, tío mío. Una gran enfermedad en él se ha asentado, por lo que no tardará en morir.

Así que ahora tengo que ir urgentemente a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que tenga la bondad de confesarlo, de prepararlo. Puesto que en verdad para esto hemos nacido: vinimos a esperar el tributo de nuestra muerte. Pero, aunque voy a ejecutar esto, apenas termine, de inmediato regresaré aquí para ir a llevar tu venerable aliento, tu amada palabra, Señora, Virgencita mía.

Por favor, ten la bondad de perdonarme, de tenerme toda paciencia. De ninguna manera en esto te engaño, Hija mía la más pequeña, mi adorada Princesita, porque lo primero que haré mañana será venir a toda prisa’.” (NM 94-116).

En esta preciosa narración podemos darnos perfecta cuenta de varias cosas: en primer lugar de la ingenuidad de Juan Diego, así como de la inmensa ternura con la que se dirige a la Señora del Cielo, como “su Princesita”. Pero para que entendamos por qué le corría tanta prisa y era tan imperioso cumplir el pedido de su tío, que sintió la necesidad de atenderlo de primero, no solamente porque se moría y era urgente, sino porque para la cultura náhuatl el tío era, en el nivel de autoridad, el que la poseía por completo al momento en que faltaba el padre. Es decir, lo hermanos del padre, especialmente el mayor, era el que tenía toda la autoridad moral dentro del clan de una familia náhuatl.

Para San Juan Diego, su tío Juan Bernardino era la autoridad a la cuál debía atender y respetar. Como un buen hombre de sentimientos nobles, y fiel cumplidor de las normas, el atender a su tío no solamente le daba la certeza y la paz de que estaba actuando moralmente bien, según lo aprendido en el núcleo de la familia, sino que además estaba actuando según la querencia de Dios, al velar por su tío, que era como su padre. Con esto San Juan Diego, atendía al cuarto mandamiento de honrar a los padres, superiores en moral, según le había sido enseñado en el catecismo de la Iglesia y, lo que es todavía muchísimo más importante: se ve el grado de su formación cristiana con su razonamiento en relación con el tránsito a la vida eterna: “ahora tengo que ir urgentemente a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que tenga la bondad de confesarlo, de prepararlo. Puesto que en verdad para esto hemos nacido: vinimos a esperar el tributo de nuestra muerte…”

Bellamente, la narración nos demuestra que la Santísima Virgen María es una Madre que nunca está ausente de nuestras vidas. Que es una Madre que todo el tiempo está pendiente de nuestros pasos y nuestras acciones, y que por no faltar a nuestra libertad, nos deja actuar, pero cuando ve que vamos errando el camino, o que nuestro camino, aunque no sea malo, simplemente no se ajusta con los planes de Dios, sale a nuestro encuentro, e intercepta el camino en el que nos encontremos para llevarnos por aquél que Dios quiere que andemos.

Lo más importante de todo esto, es que Ella nos muestra que, por el camino que andemos, que nos lleve a Jesús, Ella estará tomándonos de la mano y vigilando en todo momento nuestros pasos.

Después de que San Juan Diego viera a la Virgencita, la narración del Nican Mopohua nos trae las palabras más dulces de nuestra Madre del Cielo, que sin duda en ese momento eran para Juan Diego, pero que cobran ahora una actualidad inusitada en los corazones de todos sus hijos que decimos Amarla y Servirla, tal como la narración nos cuenta:

“Y tan pronto como hubo escuchado la palabra de Juan Diego, tuvo la gentileza de responderle la venerable y piadosísima Virgen: ‘Por favor presta atención a esto, ojalá que quede muy grabado en tu corazón, Hijo mío el más querido: No es nada lo que te espantó, te afligió, que no se altere tu rostro, tu corazón. Por favor no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor.  ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna?’.” (NM 117-119)

La Virgen te dice a ti hoy, Apóstol de la Nueva Evangelización, préstale toda la atención y que se quede PARA SIEMPRE GRABADO EN TU CORAZÓN, que teniéndola a Ella por Madre:

1° Eres el hijo de María, el más querido por Su Corazón.

2° Que en ningún momento, en ninguna circunstancia o situación que esté sucediendo en tu vida, por más difícil que ésta sea, nunca, jamás pierdas la confianza en Ella y tu rostro se apague por la desesperanza y la falta de fe, por no abandonarte en María y sobre todo en Dios.

3° Puedes tener momentos de tristeza, de cierta angustia o hasta miedo, pero NUNCA de desesperación. Siempre con la mirada puesta en lo alto que eleve tu corazón y tu alma a saber y desear la presencia de Dios y la Virgen en el centro de tu vida y de tus problemas, porque estando Ellos junto a ti, nada ni nadie puede turbar esa paz y esa confianza que has depositado en los Sagrados Corazones, que actuarán de manera precisa y providente para dispensarte los auxilios que necesitas del Cielo.

4° La Virgen se hace nuestra Protección, pero también nuestro Refugio. Ella, Madre de Dios y Madre nuestra, con la potestad que le ha sido otorgada por Dios, nos dice que nada necesitamos del mundo. Ella, abogada nuestra, intercede por todas nuestras necesidades ante Dios, y nosotros debemos de quedarnos confiados y con la certeza de que, si son lo más conveniente para nuestra alma, nos conseguirá las gracias que le solicitamos.

“¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna?”

La Santísima Virgen le continúa diciendo a San Juan Diego:

“Por favor, que ya ninguna otra cosa te angustie, te perturbe, ojalá que no te angustie la enfermedad de tu honorable tío, de ninguna manera morirá ahora por ella. Te doy la plena seguridad de que ya sanó.” (Y luego, exactamente entonces, sanó su honorable tío, como después se supo). (NM 121-122).

Después de que Fray Juan de Zumárraga viera la señal de las flores y el ayate de San Juan Diego, él mandó a llamar al tío, para que contara su versión y diera su testimonio acerca del milagro de su sanción por intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe.

Y nos cuenta el texto, que Fray Juan de Zumárraga, se llevó por algún tiempo, al tío Juan Bernardino y a San Juan Diego a vivir a su casa, para desde allí, ayudarlo a construir la “casita -templo”, que la Madre del Cielo había solicitado en el Tepeyac…

“Y en seguida traen a Juan Bernardino a la presencia del Señor Obispo, para rendir su informe y dar fe ante él.  Y a ambos, a él y a su sobrino, los hospedó el Obispo en su casa unos cuantos días, durante todo el tiempo que se erigió el templecito de la Soberana Señora allá en el Tepeyac, donde se dignó dejarse ver de Juan Diego. Y el señor Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la preciosa y venerada imagen de la preciosa Niña del Cielo. Tuvo a bien sacarla de su palacio, de su oratorio, donde estaba, para que toda la gente pudiera ver y admirar su maravillosa imagen”. (NM 209-212)

“La Imagen de nuestra Señora como Ella misma se hizo llamar: ‘y que condescendía a solicitar como un favor que a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE’.” (NM 208)

En poco tiempo, la devoción a la Virgen de Guadalupe se extendió de manera prodigiosa. Su arraigo en el pueblo mexicano es un fenómeno que no tiene fácil comparación; puede verse su imagen por todas partes y se cuentan por millones los peregrinos que acuden con una fe maravillosa a poner sus intenciones a los pies de la milagrosa imagen en su Villa de México. En toda América y en muchas otras naciones del mundo se invoca con fervor a la que, por singular privilegio, en ningún otro caso otorgado, dejó su retrato plasmado, como prenda de su amor.

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen, todos los días que quedan de este mes Mariano, la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia (invitándolos a compartirlo con nosotros, de ser posible) como nos había pedido el Papa Francisco, especialmente en este mes de mayo. Seguiremos uniéndonos en oración, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

CRONOLOGÍA DE LOS EVENTOS GUADALUPANOS:

 

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 25)

VIGÉSIMO QUINTO DÍA

NICAN MOPOHUA: CUARTA PARTE

Seguimos con nuestra narración del Nican Mopohua. Aunque se podrían escribir ríos de tinta meditando sobre el encuentro entre María Santísima y San Juan Diego, quisimos traerles una pequeña parte, esperando en Dios que el amor a María Santísima se ensanche en nuestros corazones, y que el reflexionar más sobre su misión y amor por los hombres, encienda en nosotros no sólo el ansia de leer y conocer más sobre Ella, sino también de cultivar sus virtudes.

Continuando con el relato, recordamos que ayer habíamos quedado en que el Obispo, Fray Juan de Zumárraga, recibe de las manos de San Juan Diego la señal pedida por él, para corroborar la autenticidad del primer relato del indiecito. Al recibir esa señal, mandada por la Reina del Cielo, nos narra la historia que el obispo cae de rodillas:

“Y en ese momento desplegó su blanca tilma, en cuyo hueco, estando de pie, llevaba las flores. Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores preciosas, en ese mismo instante se convirtió en señal, apareció de improviso la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de conservarla, guardada ahí en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos Guadalupe.

Y tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón, su pensamiento. El Señor Obispo con lágrimas y tristeza, le hizo oración, y le suplicó que lo perdonara por no haber creído a Su voluntad, a Su corazón y a Su palabra.” (NM 181-187)

Imaginemos por un momento la escena: se encuentran en ese lugar, la máxima autoridad de la Iglesia y una persona que, ante los ojos de los españoles, era de las de “menor valor”. Efectivamente, aún en la escala de la sociedad indígena prehispánica, San Juan Diego, como campesino que era, ocupaba el penúltimo escalón de la pirámide social, el de los “Macehuali” o plebeyos, el grupo que estaba apenas por encima de los “Mayeque”, que eran esclavos, especialmente pertenecientes a otras etnias conquistadas.

Todos asumen la misma actitud que antes había tenido el pobre San Juan Diego; todos se arrodillaron, se admiraron ante tal regalo de la Madre de Dios.

En esta circunstancia de la llamada “quinta aparición”, se dan de cara el creyente y el no creyente, como decíamos ayer, pero sucede algo más, algo que, al parecer, la Virgen necesitaba “arreglar” antes de la construcción del Templo y por lo que realmente Ella quería, como protagonistas de esta historia, al máximo regente eclesiástico, y a la persona más humilde de la sociedad colonial: En este cruce de caminos, en cuyo centro se encuentra la Madre de Dios, presenciamos una admirable “superación de situaciones”, como nos deja advertir el relato del Nican Mopohua:

“Juan Diego pasó un día más en la casa del Obispo que aún lo detuvo. Luego trajeron a Juan Bernardino ante el Obispo para que hablara y atestiguara delante de él. Y, junto con su sobrino San Juan Diego, los hospedó en su casa el Obispo unos cuantos días.” (NM 187-190).

Detengámonos aquí un momento para meditar: El “gran prelado”, representante del Papa en estas tierras, autoridad moral, espiritual y también política, incluso ante el Virrey, los miembros de la Real Audiencia y demás personajes de la Colonia, hospeda al indito campesino y al tío en su casa. El pobre, bien pobre en casa del rico y poderoso. El conquistado en casa del conquistador. El ignorante en casa del que es poseedor de la verdad.

¿Qué podemos ver en esto…? No se puede pasar a la construcción del templo sin que el Obispo muestre aceptación y verdadero amor al indígena. No se puede dar culto a Dios y decir que se le ama, si no se ama primero y de manera real al prójimo al que se ve. No se puede edificar el templo, o el Reino, si no hay primero verdadera Conversión, Compromiso y Comunión.

María quiere eso: está muy bien que se la venere como Madre de Dios, pero lo que Ella busca es que se Adore a Su Hijo, el verdadero Dios por Quien se vive, pero además tal como Él quiere ser realmente Adorado: ¡En Espíritu y en Verdad!

Y no solo en la verdad hipostática del Verbo, donde Dios se Hace Carne para habitar entre nosotros, y aún después de crucificado, muerto, resucitado y ascendido al cielo se quedará siendo todo Dios y todo Hombre en la figura del Pan, adorado allí, perfecto, pero también adorado en verdad en lo oculto del templo espiritual que es el alma de los hombres… Porque cuando Dios es adorado y honrado en el corazón, se manifiesta de manera exponencial a los demás sin necesidad de palabras extraordinarias o sucesos sobrenaturales

“Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación” (NM 26-28)

“Él, que es mi mirada compasiva…” Nadie puede amar verdaderamente a Dios de todo corazón, si en su alma no hay verdadero amor al prójimo, pureza de intención y una fe grande, llena de humildad, que cree en lo que no ve, pero que sabe que ahí está, Vivo y Presente, Aquel a Quien ama.

Nadie puede amar verdaderamente a Dios de todo corazón sin sentirse hijo y creatura limitada y frágil del Padre, necesitada de Jesucristo, Su Salvador.

Desde nuestra perspectiva, en este evento mariano sin precedentes, la Virgen resalta, quizá como el ingrediente más importante para salvarse, de tal forma que, sin eso, nada de lo demás importa, EL VERDADERO AMOR AL PROJIMO.

En el fragmento de la historia del Nican Mopohua que analizamos hoy, la Virgen nos dice nuevamente, como en las bodas de Canaán “Hagan lo que Él les diga”, y qué es, en esencia, lo más importante de TODO lo que Él nos dice? Naturalmente, su “mandamiento nuevo”: “Ámense los unos a los otros como Yo los he Amado.”

Nada de lo anterior hubiera podido ser factible, ni la señal, ni la construcción del templo, ni siquiera si el obispo y lo demás frailes hubieran creído, si el mensaje principal que traía consigo la Virgen no se hubiera hecho realidad.  Juntar a sus hijos en una misma familia, donde no hay distinción entre pobre o rico; indígena o español; clérigo o laico; clase o no clase; obrero o patrón. A los ojos de Dios y de nuestra Madre, todos son iguales y todos necesitan del auxilio y del amor del Cielo.

La Virgen quería dejar bien claro a su Iglesia, peregrina en América, que Ella, la Madre del Cielo, que venía trayendo al Creador y Redentor de todos, quería que su pueblo se amara como Jesús amó. Un mensaje que el Obispo se sabía de memoria, pero que en la realidad no le había calado el corazón como era debido hasta ese momento.

Y para San Juan Diego, quería que el mensaje de unidad igualmente calara su corazón, y a través de su testimonio y experiencia, el pueblo indígena comprendiera que la Iglesia, Casa de Dios, Templo de la Morenita del Tepeyac, donde la tierra se convierte en paraíso, los pájaros cantan y las flores crecen, es casa de todos. La Madre es Madre de todos y todos por igual tienen su lugar muy especial en el hueco de sus manos, junto a su Inmaculado Corazón.

En este encuentro entre Juan Diego y Juan de Zumárraga presenciamos no solamente la unión de corazones en pos de la Madre que viene a enseñarnos, que nada es más importante que amar a los demás con un corazón grande, donde todos tengan cabida, sean como sean y tengan el puesto que tengan; vemos también la unión de dos culturas. Dios ve más allá de lo que la persona aparenta, por lo que todos deben de ser amados, respetados y valorados simplemente porque son hijos de Dios y hermanos nuestros.

El Obispo, al ser un testigo de calidad, necesita profundizar en su conversión, así como ahora la Virgen nos pide a cada uno de nosotros, que somos testigos en primera fila de tantas bondades y gracias que Dios nos manda y dispensa desde le Cielo.

La Virgen está unida al Hijo, y el Hijo está unido a la Madre del Cielo. Él, Creador y Redentor de todos; Ella, Madre por petición del Divino Querer de todos.

El Templo que será levantado en el cerro del Tepeyac será la casa donde todos se hacen hermanos, y las barreras que el mundo impone, serán borradas.

El ANE, obra del mismo Dios, es la familia que nos abraza a todos. El lugar donde la Madre del Cielo, la Virgen en su advocación de Guadalupe, nos reúne a todos, de todas partes del mundo, borrándose las fronteras, las diferentes culturas, las razas, y las barreras del lenguaje, juntando a todos en un mismo corazón, una misma forma de ser, de pensar, de sentir y de actuar. Todos unidos en el amor al Señor en la Eucaristía, a María en la oración del Santo Rosario y al hermano (como presencia de Cristo en él) en el servicio apostólico en los Ministerios.

El mensaje de Guadalupe, como vemos, trasciende más en la vida de los fieles que en la construcción del Templo, que no es sino una llamada (una invitación) amorosa del cielo, para amar a Dios en verdad y amarnos entre nosotros de corazón.

Nuestras casitas de oración, nuestros recintos (hogares) materiales, donde lo inmaterial se hace presente en la unidad de la oración entre hermanos que, unidos en un solo corazón, aun no siendo hermanos de sangre, se sienten llamados y escogidos por el mismo Dios para tener, amar y aceptar a esa familia espiritual que le ha sido entregada para, entre todos, crecer, ayudarse, fortalecerse, en conclusión, AMARSE, COMO JESÚS NOS MANDA A HACER.

La Virgen nos insta a hacerlo. Nos instruye sobre lo que la unidad puede lograr en la búsqueda de soluciones y en la realización de objetivos. ¡Que mejor medio que el Apostolado, en todas las Casitas de Oración que lo conforman, para alcanzar y promover la santidad, que es la edificación del Reino!

Como en las siguientes líneas del Nican Mopohua, la Siempre Virgen Madre de Dios, María Santísima de Guadalupe, nos abre Su Corazón y hace de nuestro conocimiento lo que, como Madre del Cielo, siente y tiene reservado para cada uno de nosotros, sus hijos que la amamos y nos confiamos y abandonamos a Ella…

“Porque en verdad Yo me honro en ser Madre Compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a Mí clamen, los que Me busquen, los que Me honren, confiando en Mi intercesión. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores. Y para realizar con toda certeza lo que pretende Él, mi mirada misericordiosa.” (NM 29-33).

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen, todos los días que quedan de este mes Mariano, la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia (invitándolos a compartirlo con nosotros, de ser posible) como nos había pedido el Papa Francisco, especialmente en este mes de mayo. Seguiremos uniéndonos en oración, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 24)

VIGÉSIMO CUARTO DÍA

NICAN MOPOHUA TERCERA PARTE:

Ayer habíamos concluido con este pasaje: “Luego la Señora del Cielo lo mandó que subiera a la cima del cerrito allí donde antes la había visto […] Le dijo: ‘Sube, hijo mío más desamparado, a la cima del cerrito, y allí, donde tú me viste y donde te di ordenes, allí verás extendidas diversas flores; córtalas, júntalas, reúnelas. Luego baja acá y tráelas ante mí…’ Juan Diego subió al cerrito, y cuando llegó a la cima quedó muy admirado. Estaban extendidas, abiertas y florecientes toda clase de flores finas de Castilla. No era lugar en que se dieran, y era justamente el tiempo en que el hielo se encrudece. Estaban muy fragantes, como si tuvieran perlas preciosas, llenas del rocío de la noche.”

La Virgen hubiera podido actuar en el lugar donde nuevamente se le había aparecido a San Juan Diego. Es decir, hubiera podido atender la petición del Obispo sin necesidad de hacer subir la colina a Juan Diego, pero Ella sabía que lo que se debía acreditar -además de darle certeza al Obispo sobre la autenticidad de la aparición- era el mismo cerro Tepeyac, donde Ella quería que se edificara la Iglesia, y donde había sido el primer encuentro con Su indito amado. Por ello debía, San Juan Diego, subir el cerro para ir en busca de la señal que pedía Fray Juan de Zumárraga, ya que lo que seguiría, era preciso que se llevara a cabo ahí mismo, en la cima del Tepeyac.

La cima del cerrito, para san Juan Diego (en general la elevación, para la cultura náhuatl), simboliza el templo, el espacio para la comunicación con “lo sagrado”. El indito sube con alegría, no solamente porque la Madre del Cielo lo ha mandado, sino porque en su cultura originaria, quienes hacían el rito de “subir” eran los sacerdotes indígenas. De esa forma, para San Juan Diego, era la propia Virgen la que le “ordenaba” al indito que actuase “como sacerdote”. Esto le ayudaría también dándole el valor para dirigirse al sacerdote Zumárraga más adelante.

Para los náhuatl, la Flor y el canto simbolizaban “la verdad en la tierra”. Era en esos simbolismos de la flor (Xóchitl) y el canto (Cuicatl), que ellos entendían las cosas verdaderas y trascendentales del ser y el existir.

El evento guadalupano, se había iniciado en medio de cantos (NM 6-13), y esta verdad que se estaba realizando a través de la aparición de la Virgen y su petición como Madre de Dios, era solo el comienzo de la verdad, que se iría completando y complementando, al paso del desarrollo de todo el evento mariano en el Cerro.

La centralidad del evento se realiza con “las flores”, en el momento crucial donde se desenlaza la trama del hecho guadalupano. Es el momento de la integración total entre unos y otros. La Virgen no le da solucionado todo a Juan Diego. Le pide amorosamente que él sea parte de este milagro. Ella, no le entrega las flores, sino que le dice que vaya por ellas. Él debe de colaborar con su sí, a que la verdad llegue a ser conocida y amada. La Virgen no le da la tilma ya estampada ni las flores a Juan Diego, éste tiene que ir a buscarlas, él debe colaborar para que se haga la verdad. Pero para esto se requiere también de la completa participación de la Santísima Virgen. Le dice a San Juan Diego: “tráelas ante mí.” La Santísima Madre de Dios le revela que las flores, (y no la tilma con la imagen), son la señal.

Como siempre, en todo hecho sobrenatural, lo más importante de todo esto que transcurre, es el MENSAJE; es decir qué es lo que Dios nos quiere decir a través de determinado fenómeno.

Es importante que nosotros, como apóstoles de la Nueva Evangelización, católicos comprometidos con la misión de evangelizarnos para poder evangelizar, entendamos de una vez y para siempre esta verdad, y mucho más en la medida en que, en el origen de nuestra espiritualidad y nuestro carisma, de nuestra institución, encontramos fenómenos extraordinarios.

Pero no podemos quedarnos en el fenómeno, por eso es que, desde la Dirección General del ANE, se insiste tanto en esto: no podemos ir buscando el milagro por el milagro, el fenómeno por lo que tiene de extraordinario, lo que importa, SIEMPRE es el mensaje…

Hace unos días circulaba por las redes sociales un video en el que se muestra una procesión y supuestamente, en el fondo, se ve la danza del sol… Más bien parecía que el lente de la cámara trataba de ajustarse a los cambios de iluminación, pero el texto que acompañaba al video decía “No se dan cuenta y detrás se ve la danza del sol”; entonces cabría preguntarse cuál sería el mensaje de esa supuesta danza, y, en caso de ser real y de darse cuenta los  peregrinos de la procesión, qué debieron de haber hecho, ¿largar las imágenes, romper el ingreso solemne al templo y arrodillarse ante el sol? ¡Por supuesto que No! Entonces, hermanos, queridos, los fenómenos extraordinarios, de los que Dios se sirve a veces para llamar la atención de los fieles, importan solamente en relación con el mensaje que el Señor quiere transmitir a través de ellos y con el bien espiritual eficaz que producen a la comunidad. Eso es algo que debebmos de comprender ahora, para poder discernir incluso la forma en que definimos nuestra pertenencia a este bendito Apostolado.

En el caso del fenómeno guadalupano, pues estamos hablando nada menos que del inicio de la conversión masiva de las culturas originarias americanas al cristianismo. ¡Eso es lo que verdaderamente importa! Eso y la invitación a meditar sobre aquellas circunstancias y efectos, para profundizar nuestra conversión ahora, es por lo que el Señor suscitó el gran milagro guadalupano.

La verdad de Guadalupe está simbolizada, para los indígenas, en el canto de los pájaros y en las flores. María, la Mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies, que lleva en su virginal seno a LA VERDAD , se encarna fácilmente en la mentalidad del indio: si para la cultura náhuatl, los cantos y las flores son la verdad, también será verdad lo que dice y trae Ella, que vino entre cantos y flores.

Seguimos la narración… Juan Diego llega nuevamente a la sede del poder religioso, donde se ve frente al Obispo y le dice: “Dueño mío, Señor; ya hice, ya realicé lo que me ordenaste: fui a decirle a mi Ama, a mi Dueña, a la Señora del Cielo, Santa María, Preciosa Madre del Dios Teotl, cómo tú pedías una señal para poder creerme, para que le hicieras su Templo donde Ella te pide que se lo levantes… Y Ella me envió a la cumbre del cerrito, donde antes yo la había visto, para que allí cortara diferentes flores de Castilla… Aunque yo sabía bien que la cumbre del cerrito no es lugar donde se den flores, que allí solamente abundan piedras, abrojos, espinas… no por eso dudé. Cuando iba llegando a la cumbre del cerrito, allí fijé los ojos: ¡Era la tierra florida! Estaba cubierta de toda clase de flores hermosas, de flores de Castilla, llenas del rocío, relumbrantes. Inmediatamente las fui a cortar.” (NM 164-178)

Las flores de Castilla eran las rosas. Rosas generalmente rojas que no se daban en esos rumbos de la ciudad y menos arriba en el cerro donde la tierra era totalmente árida. El argumento de san Juan Diego va encaminado a demostrar a las autoridades de la Iglesia, que el Tepeyac es un lugar verdadero: Xochitlalpan… ahí era “la Tierra florida” -por increíble que parezca-, “la tierra de la verdad”.

Y continúa el relato: “Luego desenvolvió su blanca manta o tilma (ayate), pues en su hueco traía recogidas las flores, y al instante cayeron por tierra todas las diferentes flores de Castilla. En ese momento se pintó, apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María, Madre del Dios Teotl, de la misma forma en que ahora está presente y se guarda en su preciosa casa, en su ermita del Tepeyac, que se nombra Guadalupe. Cuando la vio el Señor Obispo, él y todos lo que allí estaban se arrodillaron, se admiraron mucho… El Señor Obispo con lágrimas y tristeza, le hizo oración, y le suplicó que lo perdonara por no haber creído a Su voluntad, a Su corazón y a Su palabra.” (NM181-187)

En esos momentos se une la fe humilde que cree sin ver, que recibe la bendición del Cielo como bienaventuranza, cimentada en la Palabra del Señor, y la fe que solicita el ver para poder creer.

Especialmente en estas líneas del Nican Mopohua, podemos vernos reflejados tantas veces en nuestros encuentros con los más pobres y nuestra forma de relacionarnos con ellos, dentro y fuera del Apostolado.

Mucho por lo que el Obispo, “escogido especial” de la Iglesia, no podía creer en la versión de San Juan Diego, era porque él era un indito, inculto y en vías de conversión, catequesis y evangelización. El relato original nos cuenta que, tanto San Juan Diego como su tío Bernardino (mañana hablaremos de él), acudían a la escuela de catecismo que se encontraba en la iglesia de los frailes.  Aunque personas devotas y piadosas, ante los ojos de los españoles, seguían siendo indios, producto de la mentalidad imperante en la conquista.

Cuántas veces en nuestro trabajo en Obras de Misericordia que realizamos en el ANE, a través de nuestros Ministerios de servicio, menospreciamos de alguna manera a las personas que sentimos que tienen menos educación religiosa o menos cultura, o formas de ver las cosas diferentes a las que tenemos nosotros. Muchas veces valoramos a las personas por lo que “aparentan ser”, y no por lo que son realmente: hijos e hijas de nuestro Padre, Dios, y por tanto, hermanas y hermanos nuestros en Cristo.

Es muy importante tener siempre presente que, para ser Apóstol de la Nueva Evangelización, necesitamos contar con una vida de oración que siempre pida al Espíritu Santo la virtud de la humildad y la pureza de intención: que nada, absolutamente nada de lo que hagamos sea para sentirnos bien nosotros, y menos para obtener una felicitación, un aplauso, un reconocimiento, sino sólo para servir al prójimo y dar Gloria a Dios.

Los sentimientos de superioridad, orgullo, presunción; la intención de buscar el cargo, “hacer carrera”, recibir premios, aplausos, posiciones privilegiadas, están totalmente fuera de lugar y en absoluta contradicción con la verdadera misión del apóstol y el cumplimiento de la Voluntad de Dios.

A la par de los libros que son la riqueza de nuestra espiritualidad, el recurso más valioso que tiene la Obra, son los hermanos que a ella se dedican o de ella se nutren. De manera que, cualquier hermano al que Dios por Su Providencia, manda se relacione con nosotros en cualquier circunstancia que sea (para servirlo o para colaborar con nosotros al momento de servir), es una piedra preciosa en el Corazón de Dios, y representa para nosotros una tabla de salvación, independientemente de cómo me caiga o cómo sea.

Como hemos dicho muchas veces, cada uno tiene un lugar muy especial en el Corazón de Dios, y es un amadísimo hijo de la Santísima Virgen María, y como esta narración nos hace ver, cada uno tiene una misión muy especial para cumplir, según los planes de Dios. Nadie es más valioso que el otro, ni alguno tiene una misión “más especial” que los demás. O dicho de otra forma: ninguna misión, ninguna tarea es menos importante que otra.

En el plan de Dios y la consumación de las misiones o tareas, dentro de la historia de la salvación de los hombres, se necesita de un “fray Juan de Zumárraga”, que tenga en sus manos la toma de decisiones. Se necesita de “San Juan Diego” que, a pesar de su humildad y poca formación, tenga el encargo del cielo de transmitir un mensaje. Se necesita de un “tío Bernardino”, que sea el sostén y la base da la familia y ayude con su experiencia, a la resolución de problemas. Se necesita de una persona que le cocine al Obispo, de sus bienhechores materiales y espirituales, para que pueda ejercer el oficio y tomar las decisiones adecuadas con la luz del Santo Espíritu… y así podemos ir mencionando interminablemente los roles de todas y cada una de las personas que son indispensables en el cumplimiento de las tareas de Dios, para la edificación e instauración de Su Reino en esta tierra.

Todos somos necesarios, y Dios y nuestra Madre Santísima cuentan con nosotros. Necesitan de tu “sí” para obrar en tu corazón y en los corazones de los demás a través de tu conversión, tu compromiso, tu comunión, tu ejemplo y testimonio.

Nuestro Apostolado es ese jardín hermoso donde la Virgen nos manda a recoger las flores maravillosas no siempre vistas. En la tierra del apostolado, encontramos esas flores en la persona de nuestros hermanos, que son excepcionalmente amados por nuestra Madre, por ser almas sencillas, necesitadas de cuidado y amor. En ese jardín de acciones que huelen a los aromas más hermosos de flores jamás vistas, que son las acciones de los ANE-hermanos, hechas con amor y pureza de intención, es donde María Santísima, Estrella, Reina y Patrona de la Nueva Evangelización, quiere por designio de Dios levantar, en cada corazón, su Casita, Su templo, y residir y actuar en cada uno, para Gloria de Dios y bien del alma que la recibe en humildad, docilidad y obediencia a la Voluntad de Aquél que Era, que Es y que Vendrá.

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen, todos los días que quedan de este mes Mariano, la oración del Santo Rosario, tratando de rezarlo en familia (invitándolos a compartirlo con nosotros, de ser posible) como nos había pedido el Papa Francisco, especialmente en este mes de mayo. Seguiremos uniéndonos en oración, PIDIENDO POR:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Rosas a la Virgen por el mes de María (día 23)

VIGÉSIMO TERCER DÍA

NICAN MOPOHUA SEGUNDA PARTE:

Después de haber reflexionado ayer desde nuestra espiritualidad, sobre la importante misión de María, trayendo a nuestro Redentor al mundo, retornamos ahora al relato oficial de las apariciones marianas de 1531 en México, plasmadas en el Nican Mopohua, para ver cómo fue que María trajo a Jesús al continente americano.

En la primera entrega de esta historia, luego de narrar el primer encuentro entre María y el futuro santo indígena mesoamericano, y la “primera gestión fallida”, de san Juan Diego ante el Obispo Zumárraga, veíamos a un Juan Dieguito desmotivado, que se encuentra por segunda vez con nuestra Madre del Cielo en el cerro Tepeyac. Está tan apenado con el resultado de la primera audiencia con Fray Juan de Zumárraga, que le dice con incomparable ternura a la Virgencita: “Mucho te suplico, Dueña mía, Reina y Niña mía, que, a alguno de los nobles más valiosos, los conocidos, estimados y respetados, les des el encargo de pasar y llevar tu pensamiento y tu palabra, para que le crean. Porque ciertamente, yo soy un campesino de por allí, un cordel, una escalerilla, soy hoja, soy ala, me mandan, me tienen que llevar a cuestas: y tú Hija mía la más desamparada, Niña mía, Señora y Reina mía, me envías a un lugar por donde no ando y no paro.” (NM 39-40)

En este breve pasaje del Nican Mopohua, podemos darnos cuenta de que Juan Diego, no valora su imagen como él mismo la ve, sino que empieza a medirla y describirla conforme lo ven y evalúan los demás. El trauma que ha sufrido Juan Diego con la misión fallida es profundo, y como resultado de ello ya no está dispuesto a aceptar su misión: no quiere tener que enfrentar nuevamente al Obispo, no quiere que no le crean, desea volver a estar tranquilo, y por eso le pide con respeto y cariño a la Virgen, a “su Niña” y “su Dueña”, que por favor les dé esa tarea a “los nobles, conocidos, estimados y respetados…”

Con su actitud, Juan Diego casi que se “autodestruye”. Ahora está convencido de que ser campesino es razón suficiente para dejar de ser el enviado de la Virgen. “Me envías a un lugar donde no ando y no paro.” Es cierto que en ese momento México, que había sido conquistado por los españoles, vivía una situación de post-conquista, en la que los indios estaban siendo efectivamente desplazados de sus sitios de oración y eran “civilizados” por los españoles. Por eso, y probablemente por la clara incredulidad que le habrá mostrado el Obispo, Juan Diego ve que el ser indio, será realmente un gran obstáculo para su misión.

Ante sus ojos, el proyecto aparece ya definitivamente fracasado. Sin embargo, en la profundidad está sembrada la semilla espiritual para que en “las indias” ya no exista más que un solo señorío: el de Jesús a través de la Virgen, “Señora y Dueña mía.” Hay, después del encuentro con el Amor de la Virgen, una situación de convicción inquebrantable.

Ese sometimiento amoroso y voluntario, es reforzado también con amor por la Virgen con su insistencia inapelable: “Oye, hijo mío, el más desamparado, sabe en tu corazón que no son pocos mis servidores y mensajeros a quienes puedo dar el cargo de que lleven mi pensamiento y mi palabra para que cumplan mi voluntad. Pero es de absoluta necesidad que seas tú mismo el que vayas y hables de esto, y que precisamente con tu mediación y ayuda, se haga realidad mi deseo y mi voluntad.” (NM 42)

La Virgen le dice a Juan Diego que su papel en esta precisa misión es indispensable. Le deja claro que Ella definitivamente tiene a muchos a quienes podría llamar, pero necesita de su ayuda para concretar ese designio, que nace de su amante Corazón de Madre, y que es permitido por Dios.

A San Juan Diego, así como a cada uno de nosotros, los Apóstoles de la Nueva Evangelización, le ha sido entregado un tesoro precioso: le ha sido confiada una Misión hermosísima, un camino que recorrer, un “quehacer” y un “para qué” vivir.

Como Juan Diego en el Tepeyac, a veces descalzos y con los pies lastimados, pero con la certeza de que, así como a su pequeño hijo, Juan Dieguito, la Virgen, Santa María de Guadalupe, sana nuestras heridas y conduce nuestros pasos hacia el cumplimiento de la tarea que nos ha sido asignada para logar nuestra santificación. Ella nos sana, nos fortalece, nos ayuda, nos guía y nos aparta del mal y de las situaciones que nos impidan dar cumplimiento a la realización de nuestra tarea, de aportar ese pequeño granito de arena que, unido a los otros, conformarán un “block” para la edificación del Reino, para participar y contribuir en la maravillosa historia de la salvación humana.

La Virgen sabe de los desafíos que le esperan a San Juan Diego, y de los inconvenientes a los que se enfrentará. Ella habla con la verdad, no se la oculta. Sabe que san Juan Diego es un oprimido y pertenece al “peldaño más bajo” en la escalera de aquella sociedad. Pero el interés de la Virgen es devolverle la confianza, no en él, sino en la Madre del Cielo que lo manda, y en el Dios altísimo al que Ella sirve y le antecede: “Es de absoluta necesidad que seas tú mismo.”

La Virgen de Guadalupe, con esto, nos enseña que el sujeto de la evangelización sólo puede ser el pobre: “tú mismo” “huel tehuatl ic tinemiz” en náhuatl, es una afirmación sumamente insistente, nos dicen quienes conocen la lengua. La Virgen quiere que sea él quien vaya directamente ante la autoridad de la Iglesia. Necesita que su mensajero sea semejante al Dios que la precede en sencillez, bondad y humildad; al Jesucristo que enseñaban en el catecismo de los indios, y a Quien los sacerdotes franciscanos decían imitar y obedecer. “Precisamente con tu mediación” (en náhuatl “Huel momatica”, viene de la raíz “machtia”) es una “mediación ejemplar”, es decir que implica también enseñar; la de San Juan Diego será una mediación llena de enseñanzas para la Iglesia que peregrinaba en estas tierras en ese entonces.

Esta es la gran enseñanza y la rectificación que el evento Guadalupano viene a hacer, con respecto a la Evangelización que se venía realizando, de parte de los españoles hacia los indios:

En este momento, aquél que era considerado más humilde, más ignorante, más insignificante, si vale el uso del término, se convierte en el gran evangelizador. A través de María, Jesús quiere llegar a todo el continente por medio de aquel “que es ala, que es cola, que no es nada”, ante los ojos del mundo, pero representa un tesoro para Dios.

Aquí el profeta, el evangelizador, el mensajero y el que enseña es el indígena, a quien la Virgen ha elegido, y al que hay que escuchar. La Virgen nos dice que aquel a quien muchas veces vemos como menos, para Dios, es más.

Aquel que humanamente es menos probable o improbable, para Dios es el elegido de sus encomiendas. Para nosotros, el mensaje es que aquel al que tu sirves en los Ministerios de Servicio del ANE, porque “necesita de ti”, es aquel a quien más necesitas tú para salvarte, porque es el elegido de Dios para enseñarte sobre el servicio, la humildad, la entrega, el agradecimiento.

“Luego la Señora del Cielo lo mandó que subiera a la cima del cerrito allí donde antes la había visto, diciendo: ‘Sube, hijo mío más desamparado, a la cima del cerrito, y allí, donde tú me viste y donde te di ordenes, allí verás extendidas diversas flores; córtalas, júntalas, reúnelas. Luego baja acá y tráelas ante mí…’

Juan Diego subió al cerrito, y cuando llegó a la cima quedó muy admirado. Estaban extendidas, abiertas y florecientes toda clase de flores finas de Castilla. No era lugar en que se dieran, y era justamente el tiempo en que el hielo se encrudece. Estaban muy fragantes, como si tuvieran perlas preciosas, llenas del rocío de la noche”. (NM 79-82)

En la siguiente entrega sobre el Nican Mopohua explicaremos el significado de las flores y el canto de las aves para la cultura náhuatl, así como el significado del cerro y la tierra para los indios. De esa forma, podremos entender de una manera más plena el inmenso amor y la ternura de nuestra Madre del Cielo por Sus hijos, y la trascendencia que el Milagro de Guadalupe, tendría para todos nosotros, y para la Iglesia misma, muchos siglos después de su aparición a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac.

Virgen de Guadalupe, Estrella y Reina de la Nueva Evangelización. ¡Ruega por nosotros!

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen hoy, por última vez, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo. Recémosla con mucho fervor, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.