Rosas a la Virgen por el mes de María (día 14)

DÉCIMO CUARTO DIA:

¿Conoces la historia del Ángelus? ¿Sabes por qué lo rezamos…? Ahora te contamos la historia.

El Ángelus es una práctica piadosa, destinada a saludar y honrar la encarnación del Verbo en la Santísima Virgen María. Al rezarlo, recordamos y celebramos la misericordia de Dios para con la humanidad, junto a la disposición, humildad y obediencia de nuestra Madre del Cielo, que con su “sí” permitió que se abrieran para nosotros las puertas del Paraíso.

Es costumbre y norma en algunas congregaciones religiosas, sobre todo de vida contemplativa, el rezarlo tres veces cada día: una por la mañana, otra al mediodía y la tercera al caer la tarde, al toque de Campana.

La devoción consiste esencialmente en la triple repetición del Ave María, a lo cual, en subsiguientes tiempos, le fueron agregados, de forma intercalada, tres versos más, que ponen en contexto el Misterio de la Encarnación, uno de conclusión y una pequeña oración. La oración es la que pertenece a la antífona de Nuestra Señora “Alma Redemptoris”, en español “Augusta Madre del Redentor”; pero en rigor, hay distintas formas de oración y todas son válidas, en la medida en que expresan la misma idea.

Esta hermosa devoción, que honra a María y la pone, junto con Su Hijo, al menos una vez en el centro del día en señal de consagración a Ella, como Madre de Dios y ejemplo de virtudes, toma su nombre de la primera palabra del primer verso de la oración: “El Ángel del Señor anunció a María…” (en latín “Angelus Domini nuntiavit Mariæ”…).

Lo que muy pocos saben es que está normada una indulgencia de 100 días por cada vez que se la recita, con la posibilidad de ganar indulgencia plenaria una vez al mes. Esta indulgencia fue concedida a quienes recen el Ángelus por el Papa Benedicto XIII, el 14 de septiembre de 1724, pero las condiciones prescritas serían luego levemente modificadas por León XIII, el 3 de abril de 1884.

Al principio, era necesario que el Ángelus se dijese en posición de rodillas (excepto en los días domingo y la tarde de los días sábado, cuando las rúbricas o liturgia, prescribían postura de pie), y que se recitara al toque de campanas; pero una legislación posterior, permitiría dispensar de estas regulaciones por motivos justificados, con tal que la Oración fuese dicha en las horas apropiadas: en la mañana, al mediodía y por la tarde.

Al principio, el Ángelus debía ser dicho tal y como oficialmente había sido impreso, pero luego se contempló el caso de las personas que no supiesen leer y tampoco hubiesen podido aprender la oración de memoria, quienes, se reguló, podrían decir cinco avemarías en su lugar.

Una vez que el Ave María llegó a ser una oración diaria, rezada por consagrados y laicos, por allí por el Siglo XI (años 1000 a 1100), tomó especial acogida entre los laicos el rezo de tres Aves Marías diarias, en lugar de las tres oraciones más elaboradas recitadas por los monjes; como en el caso del Rosario (veíamos ayer) en qué ciento cincuenta salmos del Salterio fueron sustituidos por ciento cincuenta Ave Marías.

En el decreto franciscano del tiempo de San Buenaventura, encontramos que los laicos en general fueron animados a rezar tres Ave Marías al toque de campana en completas durante, o más probablemente después, del oficio de los frailes. Una especial justificación en el horario para estos saludos a Nuestra Señora, fue la creencia de que, justo a esa hora, ella era saludada por el Ángel.

Algunos estudiosos de los usos y costumbres, así como de la historia monástica a través de los siglos, comentan que el rezo del Angelus empezó a tener la importancia en el mundo católico, como imitación a la costumbre monástica de ese tiempo, y a la piedad del pueblo laico, que a imitación y por enseñanza de los monjes párrocos, tocaban las campanas para que igualmente el pueblo se pusiera en oración y cesara sus actividades.

Al parecer, este toque de campanas para los laicos aparece primeramente en Normandía en el año 1061 y se le describe como una campana que invita al pueblo a decir sus oraciones y a cesar sus actividades, más bien al caer la tarde. El rezo del Ángelus se incorporó al uso y a la costumbre al escuchar el toque de las campanas, integrándose paulatinamente como una práctica común de la sociedad medieval.

También la Iglesia sugiere que, pasando el tiempo, ya siendo conocida esta devoción, después de que las tres Ave Marías vespertinas se hicieran familiares, se estableció la costumbre de tocar la campana en la mañana, y proceder al rezo de las oraciones, cambiando así el horario al ya establecido por muchos años antes de la noche, para facilidad del pueblo que acostumbraba a rezarlo en familia.

La más antigua referencia sobre esta oración y el horario en que se realizaba se halla en las “crónicas de la ciudad de tejas de Parma”, Italia, en 1318, siendo la campana municipal la que sonaba en aquel caso. El obispo exhortaba a quienes escuchaban ese sonido, a decir tres Padrenuestros y tres Ave Marías por la conservación de la paz, por lo que fue llamada “la campana de la paz”. La misma designación fue aplicada a las campanadas de la tarde en todo sitio.

Fue así como el rezo del Ángelus empezó a difundirse por varios países, pero con horas a veces diferentes. El Ave María matutino pronto se volvió familiar en las naciones de Europa, y fue casi tan observado como el Ángelus vespertino. Incluso en Inglaterra, el Ave María vespertino (que fue el más difundido mundialmente con el nombre de “Ángelus”), fue hecho obligatorio por el Obispo John Stratford de Winchester, en 1324.

Poco a poco la costumbre iría afianzándose en la Iglesia y rezándose casi de manera generalizada así: en los Conventos, tres veces al día, y en algunos pueblos, dos veces al día para las oraciones de los laicos (matutina y vespertina).

En los siglos XIV y XV, el toque de campana del medio día, a menudo calificado también como “de la Paz”, y formalmente recomendado por Luis IX de Francia en 1475, fue estrechamente asociado más bien con la veneración de la Pasión de Cristo que con el saludo del ángel, y se promueve el rezo de largas oraciones, conmemorando la Pasión del Señor.

En un manuscrito inglés de 1576, se sugiere que la Resurrección sea honrada en la mañana, la Pasión al mediodía y la Encarnación en la tarde, pues esos serían los momentos del día en que dichos grandes Misterios ocurrieron.

En algunos libros de oración de esa época se sugiere, para cada una de las tres oraciones del día, diferentes devociones -como el Regina Coelli para la mañana (Esser 784)- oraciones de Pasión para el mediodía y los actuales versos del Ángelus para las Vísperas, hacia la caída del sol.

A alguna de esas prácticas, indudablemente, se debe el cambio del “Regina Coelli” por el Ángelus, durante el tiempo pascual. Esa sustitución fue recomendada por Angelo Rocca y Quarti, a principios del siglo XVII.

Nuestros presentes tres versos del Angelus y Regina Coelli en Pascua, parecen haber hecho primeramente su aparición en un catecismo italiano impreso en Venecia en 1560 (Esser 789); pero la forma completa, universalmente adoptada no puede ser rastreada antes de 1612.

Uniéndose al Ángelus y al Regina Coelli, un poco antes del año 1612, la Iglesia en Italia, adopta la práctica diaria de rezar “De profundis” por las benditas Animas del purgatorio, inmediatamente tras el Ángelus vespertino. Otra costumbre, también de origen italiano, es aquella de añadir tres Glorias al Ángelus, en acción de gracias a la Bendita Trinidad por los privilegios concedidos a Nuestra Señora.

Fue así como, con el paso del tiempo, los Papas contemporáneos fueron dándole forma y haciendo universal y regulado, específicamente el rezo del Ángelus, que finalmente quedó de la forma como ahora lo conocemos: Tres Aves Marías con sus previas salutaciones correspondientes en honor a la Encarnación del Señor y al Fiat de la Virgen, los Glorias en Honor y Alabanza a la Santísima Trinidad y la oración final, Seguido de esto, la petición misericordiosa por el descanso eterno de las almas del purgatorio, dejando para las tres de la tarde las oraciones exclusivas para honrar, alabar y adorar, la Cruz y la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

Finalmente, para los Monasterios y Órdenes religiosas, quedaron reguladas las siguientes horas canónicas obligatorias de cumplir (en algunos casos, según la regla de la congregación que se trate, la obligatoriedad de cumplir con todas las horas canónicas, varia). En el caso de los laicos, la Iglesia, motiva y sugiere el rezo de por lo menos, los Laudes (por la mañana) y las Completas (al acostarse a dormir), para consagrar el día y la noche al Señor.

Como nos hemos dado cuenta, los tiempos en la Iglesia se miden en Siglos, y gracias a la Efusión del Espíritu Santo, es que los designios de Dios, se van organizando y plasmando a través de los años. Fue así como las horas canónicas quedaron estipuladas, y el Ángelus, en la Iglesia universal, queda especificado para todos a la misma hora y con el mismo formato de oración.

 

El Angelus (L’Angélus): Pintura de Jean Francois Millet, óleo sobre lienzo (66×55.5cm), pintada entre 1857 y 1859. Refleja una pareja en el campo, deteniendo sus actividades para honrar a la Virgen, probablemente  al escuchar la campana de una Iglesia (que se sugiere al fondo)

 

 

Horas Canónicas:

*Maitines (antes de amanecer, generalmente a las 3 de la madrugada).

*Laudes (al amanecer, generalmente a las 6 de la mañana).

*Prima (Primera hora después del amanecer, pasadas las 6:00 am).

*Tercia (Tercera hora después del amanecer, alrededor de las 9:00 am).

*Sexta (Mediodía, a las 12:00, después del Ángelus en tiempo ordinario, o Regina Coelli, en tiempo de Pascua)

*Nona (sobre las 15:00 pm, hora de la Misericordia; de la Muerte del Señor en la Cruz).

*Vísperas (tras la puesta del sol, habitualmente sobre las 6:00 pm, después del Ángelus, en el tiempo ordinario y el Regina Coelli, en tiempo de Pascua).

*Completas (antes del descanso sobre las 9:00 pm).

ROSAS PARA LA VIRGEN:

Ofreceremos a la Virgen durante los siguientes nueve días, la oración “Bajo Tu amparo”, que nos ha pedido el Papa Francisco rezar para los días de pandemia que estamos viviendo en el mundo, pidiendo por:

– Todos los infectados y sus familias.

– Todas las personas que han fallecido, por sus almas para que estén ya con el Señor.

– Por todas las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse de ellos. Para que el Señor les dé la fortaleza y la gracia del consuelo, y puedan superar esta grandísima prueba.

– Por la situación de la economía mundial, para que el Señor ayude al mundo entero y obre en los corazones de los gobernantes, para que el trabajo no falte y todos los hogares puedan contar con lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas familiares.

– Para que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos momentos (a cada uno y a nuestras familias), y nos proteja de todo mal, y por Su Intercesión, nos alcance las gracias que necesitamos en el alma y en el cuerpo.

– Para que pronto acabe esta pandemia, y todos los hombres vuelvan sus ojos a Dios, nos convirtamos y seamos mejores hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

– Por todos los jóvenes y niños, para que no pierdan la esperanza, la felicidad, la paz y las ganas de vivir y de trabajar por un mundo mejor.

-Por la unión de todas las familias y especialmente por los padres, para que siempre sean testimonio y apoyo sólido de amor, paciencia, alegría, confianza, misericordia y perdón para sus hijos.

Por esas intenciones, recemos todos virtualmente juntos y espiritualmente unidos:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh, María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

 

2 respuesta a “Rosas a la Virgen por el mes de María (día 14)”

  1. Gracias yo tampoco sabía que l
    Origen del Angelus ✅
    Qué bonito escuchar el mensaje de la CA en audio con esa dulce voz 👍🏼👏🏼👏🏼👏🏼

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